Obispo de Kurdistan: Acojamos como a hermanos a los prófugos sirios
Para Mons. Rabban al Qas, arzobispo de Amadiyah-Zakho, quien huye de Siria debe ser acogido y tratado como un familiar. La diócesis hospeda más de 20 familias de prófugos, que ahora ya forman parte de la comunidad.

Amadiyah (AsiaNews)- "Acojamos  en nuestras casas a los prófugos sirios, porque deseamos dar un testimonio de la universalidad de la Iglesia y del mensaje de amor del cristianismo". Es cuánto afirma a AsiaNews Mons. Rabban al Qas, arzobispo caldeo de la diócesis de Amadiyah- Zakho, una de las áreas de Kurdistán iraqueno que en estos meses ha acogido más de 20 mil personas , que huyeron de los horrores de la guerra en Siria.

"La mayor parte de estos- cuenta el prelado- perdió todo: parientes, amigos, sus propias casas y muchos también la esperanza de volver. He invitado a los fieles de la diócesis a hospedar en sus casas a los hermanos sirios, porque no se tienen que sentir extranjeros, evitados o marginados, sino recibidos". Los frutos de este acercamiento basado en el amor hacia el prójimo ya se han manifestado. Un pueblo situado en las cercanías del confín dio hospitalidad a más de 20 familias cristianas, que se han integrado en la comunidad local. "En agosto-cuenta el obispo-dio la primera comunión a muchos niños, hijos de los refugiados sirios. Toda la diócesis participó de esta fiesta ofreciendo dinero, comida, regalos para las familias hospedadas.

Mons. Al Qas subraya que: "una tal unión con poblaciones de etnias y lenguas diversas no está dado por descontado en estas zonas". En Siria se habla árabe, mientras que en Kurdistán iraquí las lenguas más difundidas son el Kurdo y el arameo. A menudo las familias que tienen que escapar son las más pobres acostumbradas a comunicar desde siempre en la propia lengua y que tienden a aislarse del resto de la población. El episodio más reciente de tal unidad es el casamiento de Giorgio y Nur, dos jóvenes sirios llegados a Kurdistan junto con sus parientes. "Los jóvenes esposos- continua el arzobispo caldeo- se unieron en matrimonio delante de toda la comunidad cristiana del pueblo que los hospeda. Para nosotros fue un día de fiesta y de alegría dedicado a estos dos jóvenes. En la homilía he reafirmado que las lenguas y las culturas diferentes no son un obstáculo para ver el amor de Dios, que se manifiesta en pequeños gestos. Quien llega a nuestros pueblos es nuestro hermano, no un extranjero". (SC).

 

 

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