Encíclica: La crisis ecológica es una crisis humana, social y ética (2)
En los capítulos 3 y 4 de la “Laudato sí” sobre el cuidado de los creado, el Papa Francisco indica las causas profundas de la crisis ecológica en un “antropocentrismo desviado”. Las pretensiones de la ciencia y de la técnica llevan al relativismo presuntuoso y a una “cultura del descarte” que produce basuras y descartes humanos. El movimiento ecologista debería también luchar contra el aborto y la manipulación de los embriones humanos vivos. La solución es una ecología integral que re-proponga al hombre y a sus relaciones con la naturaleza, pero también con los otros, la cultura y consigo mismo, el propio cuerpo y la masculinidad y la femineidad. Una propuesta para los OGM.

Ciudad del Vaticano(AsiaNews)- “La crisis ecológica es un emerger o una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad” (n.119). Por esto una respuesta a los problemas del ambiente requieren no soluciones de corta respiración o reductivas, sino a una verdadera y “llena de coraje revolución cultural” (n.114), una “ecología humana” que involucre las relaciones del hombre consigo mismo, con la naturaleza y el ambiente sin resanar todas las relaciones humanas fundamentales (id).

Es esta la síntesis del mensaje de los capítulos 3 y 4 de la Encíclica “Laudato sí”, aquellos en los cuales Francisco analiza más  a fondo las causas profundas de la crisis ecológica y de la destrucción del ambiente, proponiendo soluciones amplias, integrales y a largo plazo, corrigiendo al mismo tiempo una idolatría de la técnica y del poder y una idolatría del ambiente. De tal modo él supera y corrige por una parte la pretensión de la ciencia y del mercado de organizar el mundo y la naturaleza; por la otra supera y corrige las utopías de ciertos movimientos ambientalistas que soñan un mundo sin máquinas y hasta sin el hombre: “Ninguno quiere volver a la época de las cavernas, pero es indispensable desacelerar la marcha para mirar la realidad de otro modo, recogiendo los desarrollos positivos y sustentables y al mismo tiempo, recuperar los valores y los grandes fines destruidos por un desenfreno megalómano” (n.114).

El prometeísmo de la técnica y de la ciencia

Lo que está puesta en causa es ante todo la tecnología, desviada hacia “un sueño prometeico de dominio sobre el mundo” (n 116), incapaz de utilizar bien su poder, si al hombre le “falta una ética adecuadamente sólida, una cultura y una espiritualidad que realmente le den un límite y los contengan dentro de un lúcido dominio de sí (n.115)

Puesto en causa también la actitud científica convertida en un modo unilateral de mirar la realidad y a la vida como un objeto externo para dominar. “Es como si el sujeto se encontrase frente a la realidad informe totalmente disponible a su manipulación” (n 106). De aquí nace “la mentira sobre la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que conduce a exprimirlo” hasta el límite y más allá del límite” (id).

Se debe notar que el pontífice no demoniza ni a la técnica, ni a la ciencia, es más aprecia sus resultados (cfr n 102-103), pero no esconde inquietantes preguntas sobre el uso de este poder totalizador en manos de “una pequeña parte de la humanidad” (n 104). Al mismo tiempo él muestra que es el “dominio” sin límites en crear la idolatría del mercado y un mundo en el cual hay un “sobre-desarrollo disipador y consumístico que contrasta en modo inaceptable con permanentes situaciones de miseria deshumanizantes” (n 109)

Refiriéndose al teólogo y filósofo Romano Guardini (citado 7 veces en pocas páginas), el Papa define la enfermedad del mundo moderno como un “antropocentrismo” “desviado” o “excesivo” (n 115-118), que “no reconoce a los otros seres un valor propio, hasta la reacción de negar cada peculiar valor del ser humano” (n 118). Un tal delirio de omnipotencia provoca una difundida “cultura del relativismo” (n123), en el cual “el ser humano pone a sí mismo en el centro”, no cuidando sino “los propios intereses inmediatos” (n 122). Proviene de aquí la “cultura del descarte”, “del usa y tira”-citado a menudo por el Papa en sus homilías-hacia el ambiente y los hombres: el consumismo, las basuras, pero también “la trata de seres humanos, la criminalidad organizada; el narcotráfico, el comercio de diamantes ensangrentados o de ´pieles de animales en vía de extinción”; la venta de órganos, “el descarte de niños porque no responden al deseo de sus padres” (n123).

Trabajo y OGM

Para corregir el antropocentrismo desviado, el Papa hace 2 ejemplos: sobre el trabajo y sobre las biotecnologías. Desde el punto de vista bíblico, el hombre es llamado “no sólo a tomarse el cuidado de los existente (custodiar), sino que para trabajarlo para que produzca frutos (cultivar)” (n 124). Esto significa que el trabajo es ya sea transformación, pero también contemplación y respeto. Así como el trabajo es expresión de cada hombre, es prioritario garantizar “el acceso al trabajo” para todos (n 128), en el sector agrícola y en el sector productivo (n 129).

Sobre las biotecnologías y en particular sobre los organismos modificados genéticamente (OGM), el pontífice no excluye por principio sus uso, pero pide que hayan “lugares de debate” y “una información extensa y confiable”, para que “los agricultores, consumidores, autoridades, científicos, productores de semilla, poblaciones cercanas a los campos tratados y otros” puedan encontrar soluciones compartidas (n 135).

Aborto y embriones

La superación de la “esquizofrenia” en la “exaltación tecnocrática” no quiere deir aval de un ecologismo ingenuo, sino un afirmar que “no habrá una nueva relación con la naturaleza sin un ser humano nuevo. No hay ecología sin una adecuada antropología (n 118). Desde este punto de vista, el pontífice corrige las esquizofrenias también de los movimientos ecologistas especializados, que se baten por “la defensa de la naturaleza y al mismo tiempo justifican el aborto (n 120), que defienden “la integridad del ambiente”, reclamando “límites a la investigación científica”, pero no aplicando los mismos principios “a la vida humana” y a los “experimentos con embriones humanos vivos” (n 136).    

La ecología integral

La idea fuerte que el Papa Francisco quiere proponer es que “todo está conectado” (n 138), que “las especies vivientes forman una red que no terminamos nunca de conocer y comprender” (id). Por esto es necesaria “una ecología integral” (el título del cap. 4), en el cual él muestra con muchos ejemplos como “no hay dos crisis separadas, una ambiental y la otra social, sino más bien una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las directivas para la solución requieren un acercamiento integral para combatir la pobreza, para restituir la dignidad a los excluidos y al mismo tiempo tomarse cuidado de la naturaleza” (n139).

Tal acercamiento exige una restauración de las instituciones: donde hay instituciones “precarias” y leyes “que permanecen como letra muerta”, hay un daño a la población y al ambiente (cfr n 142).

Es también necesaria “una ecología cultural”, que no elimine las diferencias entre las culturas en nombre de una economía globalizada y consumista, sino que custodie “la inmensa variedad cultural, que es un tesoro de la humanidad” (n 144), en particular de las culturas de los aborígenes, portadores de una relación equilibrada con la naturaleza 8n146).

Fundamental es también una ecología “de la vida cotidiana”, que implica los proyectos de las ciudades, de los espacios verdes, los transportes que apoyen la pertenencia a una comunidad, la solidaridad, la participación superando “desorden”, “caos”, “contaminación visual y acústico” (n 147-154).

Ecología del hombre

Citando ampliamente a la “Caritas in veritate” de Benedicto XVI, Francisco re-propone una “ecología del hombre” que implica “la aceptación del propio cuerpo como don de Dios y “apreciar el propio cuerpo en su femineidad y masculinidad” como base necesaria para aprender a acoger a la naturaleza y a los otros, en el respeto de la “ley moral inscripta en su propia naturaleza, relación indispensable para poder crear un ambiente más digno (n 155).

A esta visión integral de la ecología, es necesario “el principio del bien común” con una particular atención a la familia y a los pobres. Tal principio-que el estado tiene la obligación de defender-es necesario para garantizar la paz social y la solidaridad (n 157-158).

Sobre todo es urgente una “solidaridad entre las generaciones”: “Si la tierra nos es donada, no podemos sólo pensar partiendo de un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el lucro personal o individual. No estamos hablando de una actitud opcional, sino más bien de una cuestión esencial de justicia, desde el momento que la tierra que hemos recibido pertenece también a aquellos que vendrán” (n 159).

Para el Papa, el estilo de vida actual-consumo, derroche, alteración del ambiente-es insostenible” (n 161). “La dificultad de tomar en serio este desafío está ligada a un deterioro ético y cultural, que acompaña al ecológico. El hombre y la mujer del mundo post-moderno corren el riesgo permanente de convertirse profundamente en individualistas y muchos  problemas sociales actuales son para poner en relación con la búsqueda egoísta de la satisfacción inmediata, con las crisis de los ligámenes familiares y sociales, con las dificultades en reconocer al otro” (n 162).

 

 

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