Rosetta y Giovanni Gheddo, rumbo a la beatificación
de Lia Lafronte

La postuladora de la causa de beatificación de los cónyuges Gheddo – padres de nuestro P. Piero– explica la historia de su camino de fe y las virtudes heroicas vividas en su vida cotidiana antes y durante su brevísimo matrimonio, Un testimonio a favor de la familia.


Milán (AsiaNews) – Los dos cónyuges Rosetta y Giovanni resultan conocidos para los lectores de AsiaNews  por ser padres del P. Gheddo, quien fue director de nuestra revista durante mucho tiempo.  Ellos se convirtieron en Siervos de Dios en el año 2006. Las dos Causas para su beatificación, casi continuando el Año de la Familia 2015, están por retomar el camino con buenas perspectivas de continuar hasta la meta. La nueva Postuladora de las Causas, la Dra. Lia Lafronte, quien es la abogada nombrada por el arzobispo de Vercelli, Mons. Marco Arnolfo, hace aproximadamente un año, cuenta aquí, en un tono muy conmovido,  cómo y por qué Rosetta y Giovanni merecen ser venerados e imitados como Beatos y Santos de la Iglesia.”Hoy El Padre Gheddo nos escribe: “Hoy las dos Causas necesitan, ante todo, oraciones, porque todo está en manos de Dios, y luego, ofrendas generosas para sostenerlas. Dios os bendiga”  

En abril de 2010 la Congregación de las Causas de los Santos, a raíz de algunas irregularidades en los procedimiento bloqueó el iter romano de las causas de Beatificación y Canonización de los Siervos de Dios Rosetta Franzi y Giovanni Gheddo (iniciadas en febrero de 2006) y aconsejó que el conjunto de pruebas fuera completado y reforzado con otros documentos históricos y otros testimonios.  

Siendo que parecía que dichas pruebas ulteriores no podrían ser reunidas, a causa del largo período de tiempo transcurrido desde la muerte de los cónyuges Gheddo, el bloqueo temporario de las causas parecía definitivo, y la postuladora de entonces, la Dra. Francesa Consolini, en junio de 2011 renunciaba al mandato que el Arzobispo de Vercelli, Mons. Enrico Masseroni, le  había conferido en octubre de 2004.

Mons. Marco Arnolfo, actual Arzobispo, junto al Vicario Episcopal para la Pastoral Familiar, Mons. Giuseppe Cavallone, me nombraron postuladora el 18 de febrero de 2015, en vista de la posibilidad de una reapertura de dichas causas y que, hoy, a la luz de la documentación histórica que ha sido recobrada y de los nuevos testimonios recogidos, ha de considerarse cuanto menos cercana.  

Estoy absolutamente agradecida y me siento honrada por el encargo recibido, y agradezco al Señor, no sólo por las nuevas pruebas encontradas, sino por haberme permitido acercarme de una manera tan íntima, en el estudio y en la investigación, al conocimiento de los humildes y simples Siervos de Dios, y justamente por eso, grandes Rosetta y Giovanni. He podido apreciar las espléndidas virtudes evangélicas, cuya heroicidad espero pueda ser decretada lo más rápidamente posible por la Congregación de las Causas de los Santos y, sobre todo, he llegado a amar a ambos de la misma manera que se puede amar a personas buenas y queridas que uno siente cerca nuestro.

La espiritualidad de los cónyuges y padres Gheddo, manifestada incluso antes de contraer matrimonio, me ha impactado de una manera muy profunda: es imposible resumir aquí la riqueza interior y la luminosidad de su fe, que he percibido a partir de los testimonios escuchados y de los documentos históricos que he reunido.

La impresión fuerte que he tenido es que incluso el más pequeño gesto en la vida de estos Siervos de Dios -de personalidades tan amables y a la vez tan atravesados por la normalidad de la vida familiar, parroquial y social, al punto de poder definirlos de verdad como “los santos de la puerta de al lado”- , cada pequeño gesto suyo –decía-  estuvo caracterizado por el amor a Dios y por el íntimo respeto a Su voluntad: en la alegría, en el dolor, en el sacrificio.

Han surgido de manera ejemplar la  adhesión de uno y otro a las espiritualidad de Don Juan Bosco (su tierra era plenamente salesiana, en el tiempo en que era muy fuerte el eco de la vida, las obras y de la muerte del gran Santo) y el hecho de que compartían plenamente los tres principios básicos de la Acción Católica, de la cual ambos formaban parte: oración, acción, sacrificio.

Rosetta Franzi, inscripta también a ADMA (Asociación de las Devotas de María Auxiliadora) fue hija de María Roviera, quien por algunos años de desempeñó como presidenta de las mujeres de la Acción Católica de Crova; era hija de Francesco, ex alumno recibido en el Instituto Salesiano de Torino Valdocco  justo un año luego de la muerte de Don Bosco, e impedido de ser sacerdote salesiano a causa de la repentina muerte del padre, que le había pedido que regresase antes a su lugar natal, Crova. Rosetta fue alumna  pupila en el Instituto de las Hermanas de María Auxiliadora en Casal Monferrato, donde respiró no solamente el carisma de Don Bosco, sino también en de Santa María Mazzarello, fundadora, por voluntad del Santo, de los Institutos Salesianos femeninos.

Giovanni, también él formado en los ideales de Don Bosco, de cuya vida y espiritualidad se alimentaba por medio lecturas detenidas y meditadas, era parte viva y fecunda de la Acción Católica de Tronzano, donde en los años 1923-1928 fue presidente de los Jóvenes del Círculo  ‘Don Abbondo’ (párroco de Tronzano que será beatificado en la catedral de Vercelli el 12 de junio de 2016), permaneciendo inscripto entre los adultos desde luego del matrimonio hasta 1943, cuando su hermana Adelaide lo registra esperando que regrese de Rusia.

La entrega voluntaria de la vida, cumplida por Giovanni en Rusia, en diciembre de 1942, recuerda el tercer pilar de la Acción Católica, el sacrificio, que caracterizó también –si bien bajo otras modalidades- la muerte del Beato don Secondo Pollo, Asistente Diocesano de los Jóvenes de la Acción Católica de Vercelli, quien también fue muerto en la guerra, en 1941, al ser alcanzado mientras intentaba socorrer a un herido. Giovanni fue un gran ejemplo como católico, capitán de artillería que dio la vida por fidelidad a a Dios y a sus ideales, y que no traicionó a la gran Asociación a la que pertenecía ni siquiera cuando, a los cuarenta y dos años y enfermo, viudo y padre de tres niños pequeños, fue enviado a las primeras filas. Se trato de una lisa y llana persecución del partido fascista, al cual no había querido inscribirse.

Quisiera expresar lo que viví cuando fui al cementerio de Tronzano Vercellese para visitar la tumba de Rosetta. Una emoción profunda me inundó ante el sólo pensamiento de que esa pequeña y dulce mamá, muerta tan jovencita y dejando tres hijos para los cuales soñaba con su marido un futuro de fe y caridad (el día de bodas, en el Santuario de la Virgen de Oropa, habían pedido la gracia de que al menos uno de ellos fuera sacerdote o religiosa), fuera encontrada intacta, incorrupta, durante la exhumación del cuerpo a treinta años de su muerte (1964): en esa tierra de arrozales, húmeda y absolutamente incompatible, según la normalidad de las cosas, con la conservación de un cuerpo que había cesado de latir a causa de un parto prematuro y una pulmonía incurable, en ese entonces, sin la penicilina. Ese hallazgo fue un signo de la santidad de Rosetta, estoy convencida de ello, así como lo fue para otros grandes santos. Y allí, mientras rezaba, volví a pensar en las palabras del párroco de Cova y confesor de la Sierva de Dios, don Giuseppe Oglietti, durante la misa fúnebre celebrada para ella con paramentos blancos, con las campanas que sonaban como en un día de fiesta; “Rosetta era un ángel, una santa y ya está en el Paraíso. No celebramos la misa de los muertos, sino que cantamos la de los Ángeles”.

Mirando la foto de Giovanni sobre la lápida fúnebre, que está colocada bajo la de Rosella, me conmovió, en cambio, pensar que él haya sido sepultado quién sabe dónde, en tierra extranjera. Él, perdido en el hielo, sobre las márgenes del Don: caído por obra de manos enemigas en un ímpetu de caridad vuelto s salvar la vida de un militar que debía quedarse,  y morir en su lugar.

El de Giovanni, un cuerpo entregado por amor al prójimo, en el Señor. El de Rosetta, un cuerpo preservado de la corrupción, por el Señor. Dos destinos particulares, entrecruzados en una mística conexión.

La cercanía espiritual que percibía por parte de ambos era grande y verdadera, real como la vida misma que ellos habían vivido. Comprendía que Giovanni había sido perdido pero sólo en su cuerpo, nada más.  Habían vividos juntos en la tierra, y juntos fueron al cielo, y están en el cielo. Los percibía juntos, y, con esa emoción profundísima, me sentía y me siento hija suya, como tantas otras personas que han aprendido a amarlos.

Comprendí que el deseo suyo de tener 12 hijos, expresado en el Santuario de Oropa, no había sido desatendido, sino que éste había sido postergado y multiplicado, pues el plan divino no tiene en miras sólo la maternidad y paternidad físicas, sino también, y sobre todo, aquella espiritual.  

He aquí la oración simple y genuina brotada del alma de Rosetta, tan devota del Sagrado Corazón de Jesús y de su Preciosísima Sangre, que yo, su hija espiritual, hice mía: “¡Oh Santa Sangre derramada, oh Sangre de Piedad! ¡Corazón de Cristo abierto, Corazón lleno de bondad! ¡La gracia que te pido, concédemela, por caridad!”.

Entonces, recemos todos, nosotros que queremos a Rosetta y a Giovanni, para que sus Causas de Beatificación y Canonización sean retomadas pronto y se concluyan bien. Encomendémonos a los Siervos de Dios a fin de que, por su intercesión, el Señor quiera cumplir nuestro deseo y dar un signo inequívoco de su santidad, con un verdadero milagro, de modo que ella pueda ser rápida y oficialmente reconocida por la Iglesia.

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