Obispo de Niigata: Obama debe escuchar las voces de los sobrevivientes de Hiroshima
de Tarcisio Isao Kikuchi*

El presidente de los Estados Unidos y el mundo “deben comprender que cuando hablamos del holocausto atómico no hablamos de números, sino de vidas humanas. De historias y de lágrimas. Es elogiable su compromiso por el desarme, pero esta voluntad se concretizará solamente respetando la vida humana y su dignidad, garantizada por el Creador”.


Niigata (AsiaNews) – La visita de Obama a Hiroshima “representa una agradable sorpresa. Sorpresa, porque es una elección riesgosa para el gobierno americano desde el punto de vista interno ; agradable, porque podría ayudar en el camino rumbo al desarme. Pero el presidente debe entender la importancia de escuchar la voz de quien ha sobrevivido, porque detrás de ese desastre no hay números, sino personas”. Es el sentido del comentario enviado a AsiaNews por el obispo de Niigata, Mons. Tarcisio Isao Kikuchi, a pocos días de la llegada del líder estadounidense a Japón. A continuación, el texto completo (traducción al español a cargo de AsiaNews).

 

El hecho de haber sabido que el gobierno de los Estados Unidos ha decidido permitir a su presidente, comandante en jefe del Ejército americano, visitar Hiroshima luego de la cumbre del G7 de Kashikojima representa una agradable sorpresa.

Sorpresa, porque esto podría representar una elección riesgosa por parte del gobierno, desde el punto de vista interno: en efecto, esta decisión podría ser vista como una traición, por parte del comandante en jefe, a la estrategia de haber definido como “una elección justa” el uso de armas atómicas al final de la Segunda Guerra Mundial.  

Agradable, porque la visita del presidente de los Estados Unidos a Hiroshima – siendo éste uno de los poquísimos que tienen el poder de usar armas nucleares- podría contribuir muchísimo a incrementar la conciencia acerca del deseo de muchos japoneses respecto a la abolición de estos artefactos en todo el mundo.

Ya en 1963, el Papa Juan XXIII afrontó la cuestión de la abolición de las armas nucleares en la “Pacem in Terris” al escribir: “Por lo cual la justicia, la recta razón y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas; que, por último, todos los pueblos, en virtud de un acuerdo, lleguen a un desarme simultáneo, controlado por mutuas y eficaces garantías”(cfr. 112).

El mismo presidente Obama en Praga, en el año 2009, hizo un fuerte llamamiento para la abolición de las armas atómicas: “Siendo la única nación en haber utilizado un arma nuclear, los Estados Unidos tienen la responsabilidad moral de actuar. No podemos lograr este objetivo en forma exitosa por nosotros mismos, pero sí podemos conducirlo, podemos iniciarlo. Hoy afirmo con claridad y convicción el compromiso de América en la búsqueda de paz y seguridad en el mundo, sin armas atómicas”.

 

Por lo tanto, ¿qué estamos esperando?

Si se dirige a Hiroshima o Nagasaki para visitar el monumento erigido en ambas ciudades, de inmediato se pone de relieve que detrás de cada explosión de una bomba hay muchísimas historias que contar. Olvidamos este hecho cuando nos limitamos a contar el número de las víctimas, 140.000, y el de muchísimos heridos. Pero estos números, son, en realidad, la suma de las vidas de personas individuales. Cada una de estas vidas tiene algo que contarnos. No son solamente “muertos a causa de cuestión nuclear”, sino que son hombres y mujeres.

Como cristianos, si creemos que cada vida tiene el mismo valor en tanto es don de Dios, entonces no debemos limitarnos a hablar de “una explosión ocurrida en Hiroshima en agosto de 1945”. Por el contrario, jamás debemos olvidar las lágrimas de cada una de esas víctimas”.

Por este motivo, sería maravilloso si el presidente Obama tuviese la oportunidad de reunirse con los sobrevivientes de Hiroshima. De este modo, se entendería mejor que la explosión de una bomba no es solamente un acontecimiento en la Historia, sino que involucra lágrimas, historias y vidas.

Han pasado 70 años desde aquél hecho, y los sobrevivientes merman año tras año. Espero que el presidente Obama comprenda que las voces de quienes son sobrevivientes representan a las tantísimas voces de aquellos que murieron por la explosión de una sola bomba. Como signo de respeto por la vida humana y la dignidad que nos son garantizadas por el Creador, todos debemos apuntar al objetivo de un mundo libre de armas nucleares y a un desarme total. Incluso si esto puede parecer solamente un sueño.

El Papa Juan Pablo II visitó Hiroshima el 25 de febrero de 1981 e hizo este llamamiento: “A los Jefes de Estado y de Gobierno, a quienes detentan el poder político y económico, yo os digo: comprometámonos por la paz y en la justicia; tomemos una solemne decisión, ahora, que la guerra no sea más tolerada y vista como medio para resolver las divergencias; prometamos a nuestros semejantes que trabajaremos incansablemente en pos del desarme y de la abolición de todas las armas nucleares, sustituyamos la violencia y el odio con la confianza y el interés”.   

Creo que el presidente Obama de verdad puede representar un cambio, si es que decide seguir el ejemplo de ese Papa.

 

*Obispo de Niigata y presidente de Caritas Asia

 

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