El patriarca Raï en Sudáfrica para reforzar la identidad libanesa en la diáspora
de Fady Noun

Desde el 18 al 23 de mayo, el cardenal viajó a visitar a las comunidades maronitas de Sudáfrica. Visitó dos parroquias, inauguró un gimnasio y colocó la piedra fundamental de una futura aula. La obra de la Fundación maronitas en el mundo para relanzar el ligamen entre los migrantes y la patria. Para preservar el delicado equilibrio demográfico del país.


Beirut (AsiaNews)- Es una misión de doble valor, pastoral y nacional, la realizada por el patriarca maronita, el card. Béchara Raï, en Sudáfrica desde el 18 al 23 de mayo, partiendo ante todo de la etapa a Johannesburgo. El purpurado estaba acompañado, como en ocasión de casi todas sus visitas al extranjero, por una delegación de la Fundación maronitas en el mundo, guiada por su nuevo presidente, Nehmat Frem.

En el plano pastoral, él visitó dos parroquias maronitas a cargo de la Orden misionera libanesa (OLM), inaugurando un gimnasio de una escuela fundada por la Orden misma y colocando la piedra fundamental de una gran aula, que servirá como sala para fiestas de la escuela y como salón parroquial.

En la tentacular Johannesburgo, la OML tiene dos parroquias una al norte y otra al sur, la segunda de éstas desde 2010 además ha desarrollado una escuela en su interior. Cinco sacerdotes, guiados por el p. Badaoui Habib, trabajan allí y han sabido movilizar, para el servicio litúrgico así como también para las otras actividades escolares, un discreto número de laicos. A juzgar por las dos misas-evento que se celebraron, la Orden misionera libanesa (OML)-el sólo ente activo en la región desde los años treinta del siglo pasado- parece haber sido construido sobre la roca.  

Por la multitud de fieles, por el orden que distinguieron las ceremonias, por la calidad de los coros que han animado las misas, por la dedicación y la dulzura que caracterizó al servicio ofrecido a las delegaciones procedentes de Beirut, se tiene la neta impresión que el edificio esté bien firme ya desde sus fundamentos. Durante una de las misas, el patriarca bendijo las manos de una treintena de hombres que asisten a los sacerdotes en la distribución de la eucaristía.   

En el plano nacional, el patriarca maronita inauguró una nueva sede de la Fundación maronitas en el mundo, la primera después de la aprobación de la Ley sobre la recuperación de la nacionalidad (diciembre de 2015). El capítulo sudafricano de la Fundación será presidido por John Shalala, un hombre de negocios propietario de una de las más importantes agencias de prensa de Sudáfrica.

Se lo quiera o no, Líbano se funda en la demografía. Una cierta proporción de cristianos debe ser, para que el Líbano mantenga la propia identidad. Debajo de un cierto límite, el peso político de los cristianos de hecho arriesga ser puesto en discusión. Y está en la búsqueda de este número faltante, causado por la hemorragia humana que convulsionado al país durante el siglo pasado, que la Fundación maronita en el mundo, con el apoyo del patriarcado maronita, trabaja desde hace algunos años, con alternos sucesos y fortunas. Esta reserva humana, que está alrededor de los centenares de miles y esparcida en el mundo, con una presencia mayor en las dos Américas y en Australia, así como en algunas naciones de antigua emigración, como Sudáfrica.

Incentivando a los maronitas y los cristianos en general, a renovar con sus raíces y a hacer figurar de nuevo sus nombres en los registros del estado civil, la Fundación centraliza en un doble objetivo: compensa el déficit demográfico debido a la emigración, enviando al mismo tiempo una señal fuerte a los cristianos residentes que se articula así: “No dejen el país y si están obligados a hacerlo, por motivos económicos, no lo hagáis a nivel mental. Protejan vuestras raíces y los derechos que  derivan de ellos”.

Lo que es cierto es que para lograrlo se necesita de un esfuerzo conjunto que hay que poner en juego. Cierto, sin la Fundación no se podría hacer nada, pero detrás de este impulso se necesitan dos factores clave: la Iglesia local y las embajadas, que tienen como tarea el despertar el amor por el Líbano y nutrirlo, al interior de la comunidad que se encuentran para servir.

Un trabajo de memoria

Aquello que hace la Fundación maronita en el mundo tiene reflejos que van bien más allá de la recuperación de la nacionalidad y el restablecimiento de un ligamen jurídico con el Líbano. Es una especie de arqueología de la identidad libanesa a través de los recuerdos de una época cuya lejanía se cuenta menos en el número de años, más bien que de las cosas que ya no existen más.

Cada viaje de la Fundación se traduce entonces en un esfuerzo para participar en la construcción, más o menos lograda, más o menos eficaz, de una identidad siempre en devenir. Reencontrar la propia memoria, ser partícipes de la propia historia, en esto consiste la finalidad de fondo. Y la Fundación está presente como guardiana de esta memoria.

El país, como la familia, como la nación son un dato de hecho natural, a diferencia del Estado el cual es proyecto y construcción. En su libro: “Memoria e Identidad”, Juan Pablo II afirma que el patriotismo “se coloca en el cuadro del cuarto mandamiento, que se compromete en honrar al padre y a la madre […], la patria es el bien común de todos los ciudadanos y como tal es también un gran deber”.

En esta óptica, se debería apreciar mejor lo que hace la Fundación maronitas en el mundo: un trabajo de memoria y el cumplimiento de un deber. Y si el rol de la Iglesia es tan necesario en la construcción de la identidad libanesa, es porque es demasiado fácil confundir la arena con la roca y creer estar al punto de construirse un paraíso, mientras se está excavando la propia tumba. Es por esto que es necesario mantener un espíritu vigilante.

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