El silencio de Francisco en Auschwitz, “don de Juan Pablo II y Benedicto XVI”
de Vincenzo Faccioli Pintozzi

Un grupo de jóvenes peregrinos alemanes se preparó para la Jornada mundial de la Juventud de Cracovia visitando, en una suerte de “Vía Crucis de la historia”, los campos de exterminio nazis y los lugares de sufrimiento impuestos por los soviéticos a Polonia. La visita de hoy del pontífice, “cierra las heridas que nos hemos infligido mutuamente. Recordemos con gratitud las palabras del papa Ratzinger”.


Cracovia (AsiaNews) – La visita del Papa Francisco a los campos de exterminio nazis de Auschwitz y Birkenau “cierra las heridas que alemanes y polacos se han infligido mutuamente. El hecho de que el pontífice no sea europeo, no obstante tenga orígenes italianos, es muy significativo para nosotros. Primero, un papa polaco, luego uno alemán y por último, uno argentino. Que ha optado por el silencio para conmemorar a las víctimas, y ha podido hacerlo gracias a las palabras otrora ya pronunciadas en este lugar de dolor por Juan Pablo II y Benedicto XVI”. Es lo que dice Jurgen, “vocero” de un grupito de peregrinos alemanes con quienes AsiaNews se encontró en las inmediaciones de la plaza central Mariacki.

La delegación alemana, presente en Polonia para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud, es realmente muy amplia, cuenta quizás con unos 15.000 peregrinos en total, que son acompañados por casi 300 personas entre las que se cuentan sacerdotes y obispos.  Hoy, mientras el Papa entra en los lugares de la Shoah, la JMJ asume para ellos un significado particular: “Estamos agradecidos por el hecho de que cada pontífice que ha venido a Polonia ha querido dar su contribución a la memoria de las víctimas, a la reconciliación entre nuestros pueblos y a la condena del ‘mal absoluto’ que comporta el nazismo. Nuestra generación, la de los alemanes nacidos 20 años atrás, ya no tiene el complejo de culpa de nuestros padres o las culpas de nuestros abuelos. Pero es un deber del mundo entero, y por ende también de Alemania, recordar lo que sucedió”.

Cuando regresaba del viaje apostólico a Armenia, Francisco declaró que no hablaría durante la visita al campo de exterminio nazi, “y que Dios me dé la gracia de llorar”. Esta elección fue elogiada por los rabinos de Polonia, que han destacado la importancia del “silencio orante” durante los eventos y las conmemoraciones del Holocausto. Jurgen está de acuerdo: “Partimos rumbo a Cracovia a principios de julio, y junto a cinco sacerdotes visitamos los campos de exterminio y los de la represión estalinista en este pobre país. Para nosotros fue una suerte de ‘Vía Crucis de la historia moderna’, que fue pensado para poder llegar aquí preparados. Y, en efecto, frente a tanto dolor, el silencio parece ser lo único adecuado”.

 

Sin embargo, subraya, “la elección del Papa Francisco es un don de sus predecesores. Para él hubiera sido imposible permanecer en silencio si, antes de esta visita, no hubieran llegado el perdón y el pedido de perdón de parte de Juan Pablo II y las palabras fundamentales de Benedicto XVI”. En el año 2006, durante su visita a Auschwitz, el Papa emérito dijo: “En un lugar como este se queda uno sin palabras; en el fondo sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios: ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto? Con esta actitud de silencio nos inclinamos profundamente en nuestro interior ante las innumerables personas que aquí sufrieron y murieron. Sin embargo, este silencio se transforma en petición de perdón y reconciliación, hecha en voz alta, un grito al Dios vivo para que no vuelva a permitir jamás algo semejante.”.

Estas palabras, concluye Jurgen, “son para nosotros, los alemanes, una ‘brújula’ para hacer la paz con nuestro pasado, pedir disculpas por lo que hemos hecho, pero  también –finalmente- para seguir adelante. Las tensiones xenófobas y autárquicas  que están agitando a Europa también afectan a Alemania, sería estúpido negarlas. Pero en la petición, en el grito al Dios vivo, nosotros encontramos la fuerza para rechazarlas”.  

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