Wang Shiqian: De China a Taiwán, mi fe y los jóvenes
de Wang Shiqian

La autora es una mujer nacida en una familia sin ningún tipo de religión, originaria de China continental. Ahora todos los miembros son católicos y ella se emplea en Magis, la red global de jóvenes vinculados a la espiritualidad de San Ignacio de Loyola. Las JMJ fortalece la fe personal y la alegría de pertenecer a una comunidad con los jóvenes de todos los continentes.
 


Taipéi (AsiaNews) - Joven, dinámica, atenta a los reclamos de los jóvenes confiados a ella, Wang Shiqian (王世 小姐) nació en Taipéi, en una familia que se acercó poco a poco a la comunidad católica. Ella tiene un hermano mayor; su padre trabajaba en el gobierno central, la madre estaba trabajando como empleada. Mamá y papá nacieron en el continente y tampoco provenían de una tradición de la familia cristiana. Esta es su historia.

Mi madre vino a Taiwán cuando tenía cinco años. Su familia en Keelung (基隆市) se acercó al catecismo propuesto por un cura católico que también venía de China continental. Y así fue bautizada toda la familia.

Mi padre no pertenecía a la comunidad católica, no seguía una religión en particular, entonces se casó con mi madre y, con nuestra influencia, mía y de mi hermano, se acercó al catolicismo y también él eligió ser bautizado.

Mi hermano fue bautizado de recién nacido, pero yo tenía cuatro años. Mi madre incluso me preguntó si quería ser bautizada.

Cuando era pequeña, empecé a ir a la parroquia de la Sagrada Familia en Taipéi, era divertido participar en las actividades parroquiales. Había muchas fiestas, muchos viajes y también la misa para los niños y para los muchachos me parecían divertidas. Los catequistas sabían cómo comunicar la fe de una manera espontánea, adaptada a nuestra época.

A mí y a mis amigos nos gustaba prestar servicio a las personas solas y a los enfermos. Recuerdo a la Sra. Sun y al párroco, que nos hacían entender la importancia de estar junto a las personas solas. Por otra parte, en la comunidad cristiana, gracias a la presencia de muchas personas de otras partes del mundo, teníamos la oportunidad de conocer a personas de diferentes culturas y países, al igual que todos los misioneros y sus amigos.

Luego crecí y asistí la Universidad Fujen (輔仁 大學) donde estudié sociología: mi primer trabajo fue en la parroquia, sólo por seis meses, ayudando al padre Gino Picca (王秉鈞 神父) para optimizar la organización de su secretaría .

Después trabajé en otras empresas. Yo siempre estaba interesada en trabajar en un ambiente de amistad y dedicación, nunca he elegido una profesión por el salario o por los beneficios que podría traer. En mi opinión, la mayor ventaja es ser capaz de ayudar a los demás y sentir una comunidad, para crear amistades sólidas y duraderas.

Luego acepté la propuesta de guiar a los jóvenes del MAGIS aquí, en la parroquia del Sagrado Corazón, estableciendo una red entre los jóvenes de Taiwán. Esto me da la posibilidad de trabajar a nivel internacional con toda la red MAGIS de jóvenes vinculados a la espiritualidad ignaciana.  En efecto, MAGIS es el movimiento de adolescentes y jóvenes ligado a la red mundial de jesuitas, y está presente en casi todas las parroquias y escuelas de la Compañía de Jesús.

La inmensa mayoría de jóvenes que se nos acercan no son católicos, tienen una bagaje cultural budista o taoísta, o bien han crecido en familias que no tienen una sensibilidad religiosa particular. Esto nos permite proponer nuestro mensaje de manera desinteresada.

Lo que más me gusta son las actividades de oración, porque en dichas situaciones se ve la profundidad de los muchachos y jóvenes, que descubren una dimensión nueva: justamente la oración, el diálogo con Dios.  A menudo en los jóvenes hay mucho sufrimiento, que no encuentra solución si no es en esta relación con Dios, que es único que puede sanarlos. En estos años me ha resultado cada vez más claro que conocerse a sí mismos en los más importante para los jóvenes, y después de muchos encuentros con ellos he entendido que cuando encuentran a Dios se abre para ellos un mundo nuevo, un mundo de esperanzas, contrapuesto a las calles sin salida a las que están habituados, o al mundo competitivo, que a menudo genera insatisfacción. Dios viene al encuentro de las preguntas más profundas y de la sed de respuestas que cada uno tiene dentro de sí.

Entre las personas que me han acompañado en mi crecimiento en el camino de fe, desde mi niñez y hasta mi matrimonio, ante todo nombro al padre Paul Sun (孫柔遠神父), que para mí ha sido muy importante. Éramos muy jóvenes, él aún no era cura y frecuentaba mi parroquia. Me ayudó a entender más el sentido de nuestra fe, las aspiraciones que tenía dentro de mí. Me acompañó en el descubrimiento de la fuente de libertad generada por la fe cristiana.

También la Sra. Sun (孫小姐), que, cuando era pequeña, me acompañó con entusiasmo.

Todo creció sobre los cimientos que mi mamá y mi abuela colocaron, al vivir con simplicidad la fe cristiana: seguir a Jesús y vivir las actividades parroquiales eran para ellas algo natural, y nos comunicaron a mí y a mi hermano el gusto de la pertenencia a una comunidad.

Luego mi mamá se enfermó, a partir de ese momento mi papá comenzó a plantearse mucho más el sentido de la vida y también él eligió hacerse bautizar.

Una de las experiencias que recuerdo con mayor gratitud es el sentido de pertenencia y de fiesta que se viven en la comunidad cristiana. Yo he tenido la suerte de participar con nuestros chicos en cinco Jornadas mundiales de la juventud. La primera fue en Roma, en el Jubileo del 2000, luego en Alemania; después, las últimas tres fueron con MAGIS en Australia, en Brasil, y este año, en Polonia. Vivir el camino de la fe con jóvenes de cada uno de los continentes, acompañados por el papa en persona, en cada oportunidad ha fortalecido mi vida de fe y la unión de nuestra comunidad.

 

(Colaboró en esta nota Xin Yage)

 

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