P. Moretti: Las Pequeñas hermanas de Jesús, por 60 años “afganas entre los afganos”

Vivieron 60 años al servicio de los necesitados. Se quedaron en Kabul durante la ocupación soviética, el control de los talibanes y los bombardeos de la Otan. Respetadas por todos, también por los talibanes. Este mes de febrero terminó su experiencia, según el p. Moretti “una historia a la cual mirar”.


Kabul (AsiaNews)- “Por todos estos años, jamás han dejado Kabul: ni durante la ocupación soviética, ni con los talibanes, ni siquiera bajo los bombardeos”. Las pequeñas hermanitas de Jesús se quedaron junto a los afganos hasta cuando han podido y ahora su experiencia termina a causa de la falta de vocaciones. Lo narra a AsiaNews el p. Giuseppe Moretti, capellán de la embajada italiana y responsable de la “missio sui iuris” de Afganistán hasta 2015. En Kabul, la comunidad cristiana está compuesta por pocas decenas de personas, sobre todos funcionarios y militares de las embajadas.

Fundada por Magdaleine Hutin e inspirada en el mensaje de Charles de Foucauld, la congregación está presente en 60 países. La Madre general, ahora en proceso de beatificación, visitó Kabul para preparar la llegada de las hermanas. Ellas se establecieron en 1956, sirviendo como enfermeras en los hospitales estatales.

El p. Moretti narra su dedicación: “Recibíamos tantas ayudas internacionales y trataban siempre de hacérselas llegar a las personas de las cuales se ocupaban. En 2013, un general de la Otan enviaba cada domingo paquetes de víveres, pero las hermanas, aunque vivían en la pobreza, se privaban de ellos para dárselos a los más necesitados que ellas”.

“Hablaban la lengua farsi, vivían como afganas, durmiendo sobre una alfombra en el suelo y vestían los trajes tradicionales”. Por esto, las hermanitas eran amadas y estimadas por la comunidad, tanto que en los últimos tiempos habían obtenido la ciudadanía afgana: “Bromeaban diciendo que no es verdad que no existe más un afgano cristiano”.

Las hermanitas eran respetadas también por los talibanes: “En 1993 iban todos los viernes a la capilla de la embajada a rezar, no obstante estuviese cerrada a causa de la guerra civil. Los talibanes sabían quiénes eran, pero siempre las dejaron entrar. En la fachada de la capilla había una cruz bien visible. La sede central de la policía religiosa estaba justamente allí cerca. Habrían podido destruir la capilla, pero no lo hicieron”.

“Además- continúa el padre- en los primeros años del 2000, la policía religiosa fue a buscar a la Pequeñas hermanas a su casa. En ese tiempo, ellas vivían en un galpón construido por los soviéticos. El responsable del edificio, un mullah, detuvo a la policía religiosa diciendo a ellos: “a las hermanas no se las toca. Estas mujeres deben ser respetadas”. Los talibanes se limitaron en entrar el departamento para luego irse en paz, dejándolas en paz”.

Para el p. Moretti, a ellos les llamaba la atención su modo de estar con los más necesitados, “en silencio”: “También con la llegada de la Otan en 2002, siempre han rechazado con gentileza todas las entrevistas. No sólo para no estar en la mira o consideradas como espías, sino por su dedicación y reserva. Tantas mujeres se dirigieron a ellas, en busca de apoyo, consolación y fuerza y han conservado siempre reservadas sus historias”.

La experiencia de las Pequeñas hermanas de Jesús terminó en febrero pasado con la partida de las últimas dos hermanas, Marianne y Catherine. Estaban en Kabul desde hacía 40 años. “MI ayudante afgano me dijo “las hermanas se van” llorando”.

Ahora en Afganistán están las hermanas de Madre Teresa y de un grupo formado por más congregaciones que se ocupan, junto a las maestras afganas, de niños con discapacidades. Según el p. Moretti, la historia de las pequeñas hermanas facilitó estas nuevas experiencias.

“Las Pequeñas hermanas eran afganas entre los afganos-concluye el p. Moretti.- Quien las veía no podía sino admirarlas. La historia de ellas es una historia que hay que mirar”.

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