El Papa expresa su cercanía a los familiares de las víctimas en Egipto y en Manchester

En el Regina Caeli, el Papa Francisco recuerda a los mártires de Minia, “asesinados tras haber rechazado renegar de su fe cristiana”. Una oración por “tantas jóvenes vidas destrozadas” en el atentado ocurrido en Manchester. La Fiesta de la Ascensión “nos revela por qué existe la Iglesia: ¡ella existe para anunciar el Evangelio! Y también, que la alegría de la Iglesia está en anunciar el Evangelio”. La Jornada mundial de las comunicaciones sociales.


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El Papa Francisco ha expresado su “cercanía al querido hermano Papa Teodoro II y a toda la nación egipcia, que hace dos días, ha sufrido otro acto de violencia feroz”. El pontífice ya había recordado el hecho, al rezar ayer en Génova por las víctimas del atentado en Minia, donde –según el patriarcado copto ortodoxo- fueron asesinadas 35 personas. El atentado fue reivindicado por el Estado islámico.

“Las víctimas – continuó el Papa luego de la oración del Regina Caeli, en plaza San Pedro- entre las cuales también hay niños, son fieles que se dirigían a un santuario para rezar, y fueron asesinados tras haber rechazado renegar de su fe cristiana. Que el Señor reciba en su paz a estos valientes testigos, a estos mártires, y convierta los corazones de los terroristas”. El pontífice luego agregó algunas palabras por el atentado en el Manchester Arena, donde un joven británico de origen libio se hizo estallar al final de un concierto donde estaban presentes muchos jóvenes. “Rogamos también – dijo el Papa –por las víctimas del horrendo atentado ocurrido el lunes pasado en Manchester, donde  tantas jóvenes vidas fueron cruelmente destrozadas. Estoy cerca de los familiares y de cuantos lloran su pérdida”.

Anteriormente, el pontífice se detuvo a reflexionar sobre el sentido de la Fiesta de la Ascensión, que en Italia y en otros países se celebra en el séptimo domingo de Pascua.

“El pasaje del Evangelio de hoy (cfr Mt 28,16-20) – dijo - con el cual concluye el Evangelio de Mateo, presenta el momento de la despedida final del Resucitado a sus discípulos. La escena se desarrolla en Galilea, lugar donde Jesús les había llamado a seguirlo para formar el primer núcleo de su nueva comunidad. Aquí, por lo tanto, los discípulos han pasado por el "fuego" de la pasión y de la resurrección; a la vista del Señor resucitado se postran ante Él, aunque algunos todavía siguen dudando. A esta comunidad llena de miedo, Jesús deja la inmensa tarea de evangelizar el mundo; y concreta este encargo con la orden de predicar y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf. v. 19)”.

“La Ascensión de Jesús al cielo – continuó - constituye el término de la misión que el Hijo ha recibido del Padre y el inicio de la prosecución de esta misión por parte de Iglesia. De hecho, a partir de este momento, la presencia de Cristo en el mundo es mediada por sus discípulos, por aquellos que creen en Él y lo anuncian. Esta misión durará hasta el final de la historia y gozará, cada día, de la asistencia del Señor resucitado, el cual asegura: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo » (v. 20).  Su presencia aporta fortaleza en la persecución, consuelo en las tribulaciones, apoyo en las situaciones de dificultad a las que se enfrentan la misión y el anuncio del Evangelio. La Ascensión de Jesús nos recuerda esta asistencia de Jesús y de su Espíritu, que brinda confianza y seguridad a nuestro testimonio cristiano en el mundo. Nos revela por qué existe la Iglesia: ¡ella existe para anunciar el Evangelio! Y también que la alegría de la Iglesia está en anunciar el Evangelio.  La Iglesia somos todos nosotros, los bautizados. Hoy, se nos invita a comprender mejor que Dios nos ha dado una gran dignidad y la responsabilidad de anunciarlo al mundo, de "hacerlo accesible a la humanidad". Esta es nuestra dignidad, ¡este es el mayor honor de cada uno de nosotros, los bautizados!”.

“En esta fiesta de la Ascensión – concluyó - mientras dirigimos nuestra mirada al cielo, adonde Cristo ascendió y está sentado a la derecha del Padre, fortalecemos nuestros pasos sobre la tierra para proseguir con entusiasmo y coraje nuestro camino, nuestra misión de testimoniar y vivir el Evangelio en cada ámbito que sea. Sin embargo, somos bien conscientes de que esto no depende, ante todo, de nuestras fuerzas ni de la capacidad de organización o los recursos humanos. Sólo con la luz y el poder del Espíritu Santo podemos cumplir eficazmente nuestra misión de dar a conocer a los demás y de experimentar cada vez más, el amor y la ternura de Jesús. Pidamos a la Virgen María que nos ayude a contemplar los bienes celestiales, que el Señor nos promete, y a convertirnos en testigos más creíbles de la Resurrección, de la Vida verdadera”.

Antes de los saludos finales, el pontífice recordó que hoy se celebra la Jornada mundial de las comunicaciones sociales, que este año tiene como tema “No temas, porque yo estoy contigo” (Is 43,5). "Los medios de comunicación social - dijo el Papa - ofrecen la posibilidad de compartir y difundir al instante las noticias de una manera capilar; estas noticias pueden ser bonitas o feas, verdaderas o falsas; recemos para que la comunicación, en todas sus formas, sea efectivamente constructiva, al servicio de la verdad, rechazando los prejuicios, y para que difunda la esperanza y la confianza en nuestros tiempos”. 

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