El dolor y la angustia de los católicos chinos
de Sergio Ticozzi

La presión y la violencia de las autoridades civiles controlan y sofocan a la Iglesia oficial. Los católicos subterráneos se preguntan si la Santa Sede se ha casado con la tesis del gobierno, que se propone eliminarlos. Es una esperanza “irrealista” la que se centra en los acuerdos entre China y la Santa Sede. El llamamiento de un misionero del PIME, gran conocedor de la China.  


Hong Kong (AsiaNews/HSSC) – En mi última visita a la China popular, tuve algunas conversaciones que me consternaron y me dieron que pensar. He comprendido del todo la angustia que turba el corazón de tantos hermanos y hermanas –sean ellos clandestinos o de la Iglesia oficial- que realmente quieren ser leales con su fe y con la Iglesia católica.  

Ante todo, ellos han visto agravarse profundamente su situación, debido a la astuta presión ejercida por las autoridades civiles y por las personas que colaboran con ellos. A través de la persuasión, la opresión e incluso la violencia, las autoridades tratan como sea de controlar y sofocar el sector oficial de la Iglesia. Ello ocurre a través del control obligatorio y del registro de sus miembros.  

En su vida cotidiana, estos hermanos y hermanas se ven obligados a ponerse en contacto con oportunistas y hombres de dos caras, que les mienten y los engañan.

En su trabajo, ellos deben sufrir a causa de las injustas interferencias y de los abusos de las corruptas autoridades locales. A menudo ocurre que, dentro de la Iglesia, estos hermanos y hermanas lamentablemente se sienten confundidos en sus relaciones con los obispos y el clero. Hay obispos que son reconocidos por la Santa Sede, pero que a la vez aceptan puestos en la Asociación Patriótica, que proclama públicamente “principios inconciliables con la doctrina católica”. Luego hay obispos que participan en ordenaciones episcopales ilegítimas, y que concelebran con obispos excomulgados. Hay curas que se autoproclaman obispos. Y hay curas que son ordenados por obispos ilegítimos, etc. Como consecuencia, muchos se preguntan: ¿Quién es nuestro verdadero pastor?” y “¿Podemos recibir los sacramentos de ellos? o bien “¿Ellos todavía pertenecen a la Iglesia católica?”.

Si se observa el comportamiento asumido por la Santa Sede, algunos hermanos y hermanas se quitan el sombrero; ellos se sienten llenos de dudas y sospechas. Algunos sacerdotes no oficiales incluso han preguntado si Roma [la Santa Sede] ha aceptado la política del gobierno de eliminar la Iglesia subterránea, o si todavía sigue siendo necesario negarse a adherir a la Asociación Patriótica. La desconfianza está más que difundida.

Estos hermanos y hermanas nuestros están sufriendo, están tristes, confundidos y preocupados. Algunos de ellos ponen su esperanza en un eventual acuerdo entre China y el Vaticano, creyendo, quizás de modo irrealista, que eso conducirá al fin de su angustia y de su sufrimiento. Otros se encierran en sus pequeñas comunidades, y se apoyan en sacerdotes que les ofrecen una base segura para su fe.

Y sin embargo, el Espíritu Santo continúa obrando en ellos y reforzando su fe. Es profundamente conmovedor ver a estos hermanos y hermanas vivir la fe cristiana de un modo tan simple y sin embargo tan extraordinario.

Sólo su fe sincera garantiza la continuidad de la vida de la Iglesia en el país.

Debemos mostrarles nuestra solidaridad plena, a través de la oración y del sostén. 

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