Papa: ‘es una mentira y un disparate’ equiparar terrorismo con islamismo

En una entrevista concedida al “Eco de Bérgamo” Francisco dice que el Papa Juan era un hombre y un Santo “que no conocía la palabra enemigo”, que “siempre buscaba aquello que une”, consciente de que la Iglesia “está llamada a servir al hombre en cuanto tal, y no sólo a los católicos; a defender ante todo y en todas partes, los derechos de la persona humana, y no solamente los de la Iglesia católica”.


Roma (AsiaNews) – Equiparar terrorismo con islamismo es “una mentira y un disparate”. Es lo que declaró el Papa Francisco en una entrevista con el Eco de Bérgamo, en ocasión del retorno “provisorio” de los restos de Juan XXIII a su tierra natal, Sotto il Monte, perteneciente a la diócesis de Bérgamo, desde ayer y hasta el 10 de junio.

Francisco afirma que el Papa Juan era un hombre y un Santo “que no conocía la palabra enemigo”, que “buscaba siempre aquello que une”, consciente de que “la Iglesia está llamada a servir al hombre en cuanto tal, y no sólo a los católicos; a defender ante todo y en todas partes, los derechos de la persona humana, y no solamente los de la Iglesia católica”.

En la entrevista, Francisco reafirma que “el cristianismo no es un ideal que seguir, una filosofía a la cual adherir, o una moral que ha de aplicarse”, sino “un encuentro con Jesucristo que nos hace reconocer su misma presencia en la carne de los hermanos y de las hermanas”, es un ir al “corazón” del Evangelio, a sentir “el perfume a limpio del Evangelio”. Francisco exhorta entonces a “dividir el pan [para compartirlo] con el hambriento, a cuidar de los enfermos, los ancianos, aquellos que nada pueden darnos, justamente, a hacerlo sin obtener nada a cambio”. Y la historia de Angelo Giuseppe Roncalli, subraya, “está llena de estos gestos de cercanía” con quien sufría, con quien estaba en necesidad, fuese éste católico, ortodoxo o judío.

Por otra parte, agrega, “la Iglesia es, por su misma naturaleza, misionera” y debe “salir” para dar testimonio del “atractivo” del Evangelio, “si es que no quiere enfermarse de auto-referencialidad”, con una misión que no es “difusión de una ideología religiosa” y tampoco “la propuesta de una ética sublime” proponiendo “verdades frías” o “adoctrinamiento con métodos discutibles”: “las periferias son cada vez menos un contexto geográfico, y cada vez más, un concepto existencial”.

En una época en la cual, frente la emergencia de los migrantes, se construyen muros que no hacen sino “cerrar” los corazones, Francisco resalta que la verdadera acogida ha de ser “totalmente desinteresada” y que hoy hay “tanto trabajo por hacer” para “crear una nueva cultura, una nueva mentalidad, educar a las nuevas generaciones para que piensen de esta manera, pensarse como una sola familia humana, como una comunidad sin fronteras”.

En la Iglesia, destaca el Papa, “cuando no se vive la lógica de la comunión, sino la de las corporaciones”, también “puede suceder que se emprendan verdaderas y auténticas estrategias de guerra contra alguien, por el poder, que a veces se expresa en términos económicos, otras, en términos de roles”. Por lo tanto, “son justamente las personas el antídoto contra las falsedades, y no las estrategias”.

En el quincuagésimo quinto aniversario de la Encíclica de Juan XXIII Pacem in terris (11 de abril de 1963), el Papa recuerda aquella “propuesta de paz” planteada como un “compromiso permanente”. “Es cierto que hoy se combaten más  guerras que entonces, y esto es también porque los medios muestran las imágenes de ellas en directo, que provienen de tantas partes del mundo; y es cierto que se combaten con las armas, pero también en modos menos visibles, siempre guiados por mecanismos de abuso y opresión; pero igualmente las palabras del Papa Roncalli siguen siendo válidas”.

Desde la perspectiva de la cultura del encuentro, Francisco propone, asimismo, el rol de las religiones, sobre todo para hacer frente a la equiparación, a la amalgama -lo cual es “una mentira y una tontería”- entre terrorismo e islamismo. La invitación es a promover una “verdadera educación en conductas de responsabilidad”, incluso en relación al cuidado de la Creación.

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