Estudiantes protestan por los raptos de esposas: ‘que las muchachas puedan ser felices’

El país está consternado por el homicidio de una joven estudiante de Medicina: murió en la comisaría, asesinada por su raptor. La ONU y las ONG por los derechos humanos piden al gobierno que se aboque a combatir la práctica de los matrimonios forzados.  


Biskek (AsiaNews/Agencias) – “Permitan que las muchachas sean felices”. Es uno de los eslóganes gritado por cientos de estudiantes universitarios y jóvenes, que ayer salieron a las calles de la capital, para protestar contra los matrimonios forzados, impuestos con el “rapto de la esposa” (Ala Kachuu). Llevando globos blancos en sus manos, los 1.500 manifestantes recordaron el homicidio de Burlai Turdaaly Kyzy (v. foto 2), una joven estudiante de Medicina que fue asesinada por su raptor.

El 28 de mayo, la joven murió en una comisaría de Biskek, lugar adonde se había dirigido para denunciar a su raptor de 29 años,  Mars Bodoshev. El hombre deseaba obligar a la estudiante a casarse con él, a través de la práctica del rapto de la esposa, ilegal en el país. Burlai estaba comprometida con su novio, y programaban la boda para el mes de agosto, motivo por el cual rechazaba las atenciones de Bodoshev. El primer intento de rapto fracasó gracias a la intervención de la familia de la joven. La segunda vez, los dos fueron detenidos por la policía, que los llevó a la comisaría. Aquí, los agentes dejaron solos a la víctima y al raptor, para que resolvieran la cuestión de un modo pacífico. El asesino, que al entrar a la comisaría iba armado con un cuchillo, se descargó contra la joven y la mató de tres cuchilladas. De acuerdo al testimonio brindado por la hermana de Burlai, él logró marcar sobre la piel la inicial suya y la del novio. El raptor luego intentó quitarse la vida, pero fracasó. Ahora se encuentra en prisión, esperando ser juzgado.

El caso provocó indignación en la sociedad kirguisa y en la comunidad internacional, por la brutalidad y la negligencia de las fuerzas del orden. Tanto la ONU como las ONG por los derechos humanos, como Human Rights Watch, denunciaron el incidente, reclamando a la ex república soviética que aplique con mayor rigor la ley contra el “rapto de la esposa”. En respuesta a ello, 23 oficiales fueron castigados: un jefe de policía del distrito y dos subcomisarios fueron despedidos de su cargo, mientras que otros agentes fueron degradados o apercibidos. Se espera que este mes haya una  sesión en el Parlamento destinada a tratar el tema de la violencia contra las mujeres y los niños, un debate que fue solicitado por la parlamentaria Ainuru Altynbayeva.

El “rapto de la esposa” es una práctica que se remonta al pasado nómada del Kirguistán. Desde 2012, se han agudizado las penas que rigen contra quienes sean hallados culpables de este delito, pasando de una condena máxima de 3 años de prisión, a una máxima de 10. Sin embargo, muchos casos no son reportados, a causa de la reticencia de la familia de la joven a la hora de denunciar. Según datos aportados por la ONU, el 13,8% de las kirguisas menores de 24 años  se ha casado con su raptor.

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