Papa en Panamá: a los sacerdotes, 'recuperar las fuerzas para continuar la misión'

Francisco se reunió con sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos y "dedicó" el altar de la catedral. "El agotamiento de la esperanza" que afecta a las comunidades "será sanada y gozará de esa «particular fatiga del corazón» cuando no tema volver al lugar del primer amor y logre encontrar, en las periferias y desafíos que hoy se nos presentan, el mismo canto, la misma mirada que suscitó el canto y la mirada de nuestros mayores.”


Panamá (AsiaNews) - Sacerdotes y Religiosos deben tener el coraje de superar el agotamiento causado por "todas las situaciones que desmoronan la vida de los consagrados", para dar nueva vida a la esperanza nacida cuando Jesús los invitó a seguirlo, a ver cuál cosa de su pasado sirve a la causa de la Iglesia hoy. La mañana del Papa Francisco en Panamá estuvo dedicada a sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos, así como a la dedicación del altar de la Catedral Basílica de Santa María La Antigua.

Francisco llegó a las 9.15 am (2.15pm GMT). Cerca al altar dos religiosas le han entregado una rosa de plata que Francisco ha colocado al pie de la estatua de la Virgen.

La homilía de Francisco se inspiró en el episodio evangélico de la mujer samaritana (Jn 4: 6-7) al cual Jesús, cansado de caminar, le pide de beber. "Al mediodía, cuando el sol se hace sentir con toda su fuerza y poder, lo encontramos junto al pozo. Necesitaba calmar y saciar la sed, refrescar sus pasos, recuperar fuerzas para continuar la misión."

"Es relativamente fácil para nuestra imaginación, obsesionada con la eficiencia, contemplar y entrar en comunión con la actividad del Señor, pero no siempre sabemos o podemos contemplar y acompañar las ‘fatigas del Señor’, como si esto no fuera cosa de Dios. El Señor se fatigó y en esa fatiga encuentran espacio tantos cansancios de nuestros pueblos y de nuestra gente, de nuestras comunidades y de todos los que están cansados y agobiados (cfr. Mt 11,28).".

"Las causas y motivos que pueden provocar la fatiga del camino en nosotros sacerdotes, consagrados y consagradas, miembros de movimientos laicales son múltiples: desde largas horas de trabajo que dejan poco tiempo para comer, descansar y estar en familia, hasta “tóxicas” condiciones laborales y afectivas que llevan al agotamiento y agrietan el corazón; desde la simple y cotidiana entrega hasta el peso rutinario de quien no encuentra el gusto, el reconocimiento o el sustento necesario para hacer frente al día a día; desde habituales y esperables situaciones complicadas hasta estresantes y angustiantes horas de presión. Toda una gama de peso a soportar."

"De un tiempo a esta parte – agrego - no son pocas las veces que parece haberse instalado en nuestras comunidades una sutil especie de fatiga, que no tiene nada que ver con la fatiga del Señor. Se trata de una tentación que podríamos llamar el cansancio de la esperanza. Ese cansancio que surge cuando ―como en el evangelio― el sol cae como plomo y vuelve fastidiosas las horas, y lo hace con una intensidad tal que no deja avanzar ni mirar hacia adelante. Como si todo se volviera confuso.”

“Es un cansancio paralizante. Nace de mirar para adelante y no saber cómo reaccionar ante la intensidad y perplejidad de los cambios que como sociedad estamos atravesando. Estos cambios parecieran cuestionar no solo nuestras formas de expresión y compromiso, nuestras costumbres y actitudes ante la realidad, sino que ponen en duda, en muchos casos, la viabilidad misma de la vida religiosa en el mundo de hoy.”

Es "el cansancio de la esperanza" que "surge de ver a una Iglesia herida por su pecado" y que nos hace "vivir con una esperanza cansada frente al futuro incierto y desconocido, y esto deja espacio a que se instale un gris pragmatismo en el corazón de nuestras comunidades. Todo aparentemente parecería proceder con normalidad, pero en realidad la fe se desgasta y se degenera."

"Las fatigas del camino acontecen y se hacen sentir. Gusten o no gusten están, y es bueno tener la misma valentía que tuvo el Maestro para decir: «dame de beber».” “Dame de beber es lo que pide el Señor y es lo que nos pide que digamos. Al decirlo, le abrimos la puerta a nuestra cansada esperanza para volver sin miedo al pozo fundante del primer amor, cuando Jesús pasó por nuestro camino, nos miró con misericordia, nos pidió seguirlo; al decirlo recuperamos la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los nuestros, el momento en que nos hizo sentir que nos amaba y no solo de manera personal sino también como comunidad.”

"“Dame de beber” significa animarse a dejarse purificar y rescatar la parte más auténtica de nuestros carismas fundantes ―que no solo se reducen a la vida religiosa sino a la Iglesia toda― y ver de qué forma se pueden expresar hoy. Se trata no solo de mirar con agradecimiento el pasado sino de ir en búsqueda de las raíces de su inspiración y dejar que resuenen nuevamente con fuerza entre nosotros (cf. Papa Francisco - Fernando Prado, La fuerza de la vocación, 42). Bolonia 2018, 42-43)."

"La esperanza cansada será sanada y gozará de esa «particular fatiga del corazón» cuando no tema volver al lugar del primer amor y logre encontrar, en las periferias y desafíos que hoy se nos presentan, el mismo canto, la misma mirada que suscitó el canto y la mirada de nuestros mayores. Así – concluye el Papa - evitaremos el riesgo de partir desde nosotros mismos y abandonaremos la cansadora auto-compasión para encontrar los ojos con los que Cristo hoy nos sigue buscando, llamando e invitando a la misión."

Una vez concluida la celebración, Francisco fue al Seminario Mayor de San José en Panamá, donde almorzó con el arzobispo de Panamá, Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, y con 10 jóvenes de diferentes nacionalidades.

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