Papa: el cristiano debe ser como San Pablo, dócil y abierto a la voz de Dios

Su conversión en el camino a Damasco es un "cambio de página en la historia de la Salvación”. “Busquemos nuevos caminos, ¡esto nos hará bien a todos!” Siempre que sean del Señor. Pero siguiendo adelante: yendo en profundidad en la oración, profundizando en la docilidad, del corazón abierto a la voz de Dios. Y así se dan verdaderos cambios en la Iglesia, con personas que saben luchar en lo que pequeño y en lo grande”.

 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Docilidad y apertura a la voz de Dios, incluso buscando “nuevos caminos” en la Iglesia. De ello habló hoy Francisco, en la homilía de la misa celebrada en la Casa Santa Marta, partiendo del pasaje del los Hechos de los Apóstoles (Hch 9,1-20) donde se narra la conversión de San Pablo.

Francisco observó que la conversión en el camino a Damasco, al ser llamado Pablo por la voz del Señor, es un “cambio de página en la historia de la Salvación”, que marca la apertura a los “paganos, a los gentiles, a aquellos que no eran israelitas”, en una palabra, es “la puerta abierta sobre la universalidad de la Iglesia” y es permitida por el Señor, siendo que es “algo importante”.

La homilía se centró en la figura del Apóstol de los Gentiles, que, ciego, permanece en Damasco durante tres días sin consumir alimento ni agua, hasta que, Ananías, enviado por el Señor, llega y le devuelve la vista, dándole la posibilidad de iniciar el camino de conversión y predicación “lleno del Espíritu Santo”. El Papa resalta dos rasgos en el modo de ser, dirigiéndose en particular a un grupo de religiosas del Cottolengo, presentes en la Misa con ocasión del quincuagésimo aniversario de su vida religiosa, y a algunos sacerdotes eritreos que desarrollan su servicio en Italia.

En efecto, Pablo era “un hombre fuerte” y un “enamorado de la ley, de Dios, de la pureza de la ley”, pero era “honesto”, y si bien tenía su “carácter”, “era “coherente”. “Ante todo, era coherente, porque era un hombre abierto a Dios. Si él perseguía a los cristianos era porque estaba convencido de que Dios quería esto. ¿Cómo es posible esto? Cómo puede ser, nada: esta convencido de ello. Era el celo que tenía por la pureza de la casa de Dios, por la gloria de Dios. Un corazón abierto a la voz del Señor. Y él se arriesgaba, él se arriesgaba, iba adelante. Y otro rasgo de su temperamento es que era un hombre dócil, tenía una docilidad, no era un testarudo”.

Quizás, su temperamento era testarudo -agregó el Papa-, pero no su alma. Pablo estaba “abierto a las sugerencias de Dios”. Con ardor, él encarcelaba y mataba a los cristianos, pero “una vez que escuchó la voz del Señor se vuelve como un niño, se deja llevar” de la mano. “Ciego, deja que lo lleven a Jerusalén, ayuna durante tres días, espera a que el Señor le diga… Todas las convicciones que él tenía se quedan en silencio, aguardando la voz del señor; ‘¿Qué debo hacer, Señor?’ Y él va, y va al encuentro de Damasco, al encuentro de ese hombre, también dócil, y se deja catequizar como un niño, se deja bautizar como un niño. Y luego, recupera fuerzas y, ¿qué hace? Se queda en silencio. Se va a Arabia a rezar, por cuánto tiempo es algo que no sabemos, quizás fueron años, no lo sabemos. La docilidad. Apertura a la voz de Dios y docilidad. Es un ejemplo para nuestra vida y hoy me gustaría hablar de esto frente a estas hermanas que festejan sus 50º años de vida religiosa. Gracias por escuchar la voz de Dios y gracias por la docilidad”.

La presencia de las hermanas del Cottolengo en Santa Marta dio pie a Francisco para hablar de la “docilidad de las mujeres del Cottolengo”. Francisco recuerda su primera visita, en los años ‘70, a uno de los centros que, siguiendo el espíritu de San José Benedicto Cottolengo, acogen en todo el mundo a personas con discapacidades psíquicas y físicas. Cuenta que pasó de una habitación a otra guiado justamente por una hermana, y que pasan la vida “allí, entre los descartados”. Sin su perseverancia y su docilidad -es la reflexión del Papa- no podrían hacer lo que hacen: “Perseverar. Y esto es una señal de la Iglesia. Hoy quisiera agradecerles, y a través de ustedes, a tantos hombres y mujeres, valientes, que arriesgan la vida, que van adelante, que también buscan nuevos caminos en la vida de la Iglesia. ¡Buscan nuevos caminos! ‘Pero padre, ¿no es pecado esto?’. No, ¡no es pecado! Busquemos nuevos caminos, ¡esto nos hará bien a todos! Siempre que sean los caminos del Señor. Pero seguir adelante: yendo adelante en la profundidad de la oración, en la profundidad de la docilidad, del corazón abierto a la voz de Dios. Y así se dan los verdaderos cambios en la Iglesia, con personas que saben luchar en lo pequeño y en lo grande”.

El "cristiano", es la conclusión de Francisco, debe tener “esta carisma de lo pequeño y de lo grande” y la oración dirigida a San Pablo, al final de la homilía, es precisamente el pedido de la “gracia de la docilidad a la voz del Señor y del corazón abierto al Señor; la gracia de no tener miedo de hacer cosas grandes, de seguir adelante, con la condición de que tengamos la delicadeza de ocuparnos de las cosas pequeñas”.