Cardenal Bo: En la tragedia del virus, nuestra frágil y mortal naturaleza

Carta del presidente de la Federación de Conferencias Episcopales Asiáticas sobre la emergencia del Covid-19. "Los desastres naturales, las pandemias son un sombrío recordatorio de nuestra limitada existencia. A pesar de la acumulación de un arsenal letal de armas, somos impotentes contra el ataque de un microbio invisible".


Yangon (AsiaNews) - La epidemia del virus Covid-19 es una oportunidad para promover la hermandad universal y la introspección, un momento para "tomar conciencia con humildad de la fragilidad humana y de nuestra naturaleza mortal". Esto lo afirma Card. Charles Maung Bo (foto), arzobispo de Yangon y presidente de la Federación de Conferencias Episcopales Asiáticas (Fabc), en una carta que circuló ayer sobre la emergencia sanitaria. Como fuente de ello, el cardenal nos invitó en primer lugar a "recordar en nuestras oraciones a todos los hermanos y hermanas que se vean afectados por ella". "No es hora de culparse mutuamente", dijo. "Al final – continuó - es el Señor de la Vida quien protege a la gente de todo mal. Que un ejército de guerreros armados con oraciones se levante en un desafío decisivo contra esta enfermedad. Que las misas y la adoración se lleven a cabo en cada iglesia por nuestros hermanos y hermanas que sufren. La Iglesia de Myanmar acompaña con sus oraciones a todos nuestros hermanos y hermanas y a los países afectados por esta triste situación".

Los desastres, enfatizó el arzobispo de Yangon, son "un momento para la hermandad de la humanidad. [...] Las lágrimas y la sangre de la desesperación humana no tienen idioma, religión o color. La loable amistad se manifiesta ahora en los continentes a través de gente buena". Al mismo tiempo, las catástrofes son "tiempo de reflexión". "Las afirmaciones ateas, la arrogancia puesta en la invencibilidad de las armas y la superioridad tecnológica han llevado a muchos líderes a la ilusión de un poder desenfrenado", subraya el Card. Bo. Pero "el único superpoder sobre nuestras vidas es Dios. Los desastres naturales y las pandemias son un sombrío recordatorio de nuestra limitada existencia. A pesar de la acumulación de un arsenal letal de armas, somos impotentes ante el ataque de un microbio invisible. Tenemos instrumentos de muerte a nuestra disposición, pero hasta ahora no hay antídoto para este virus. La vida se convierte en una mercancía. El carácter sagrado de la vida humana es reemplazado por intereses económicos. El Papa Francisco ha hecho una guerra contra la injusticia económica y la injusticia ambiental".

"Si bien la respuesta a la emergencia debe darse a nivel de guerra, es necesario dar lugar a una seria introspección a varios niveles, hasta el significado y destino final de la vida humana. Un mundo sin el valor trascendente de la vida humana tiende a mercantilizar todo lo que es sagrado y a reducir la vida humana a un engranaje en la economía de mercado. La pandemia de desastres y virus recuerda periódicamente a la humanidad que todos tenemos sólo un planeta: o nos mantenemos unidos o nos arriesgamos a capitular. Hay que aprender las lecciones, trascendiendo los intereses parroquiales", declara el Card. Bo. "La humanidad -concluye- prevalecerá porque tiene la gracia de ser compasiva. También esta vez, permaneciendo unidos, superaremos esta pandemia mortal".

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