En recuerdo de los intelectuales 'desaparecidos' por el virus de la política china
de Xu Jinchuan

El guionista y novelista Xu Jinchuan recuerda a los académicos, editores, activistas  y abogados, que el régimen chino ha hecho desaparecer: son los frutos de esta temporada ideológica de “invierno glacial” que atraviesa China. Pero el trabajo de un pensador es buscar la verdad y darla a conocer, aunque esto conlleve asumir el costo de las consecuencias. Un ensayo publicado en "China Heritage", editado por el sinólogo Geremie R. Barmé.

 


Roma (AsiaNews) - Hay personalidades de la cultura china que han "desaparecido" en los últimos meses. Y esto no se debe al Covid-19, sino a un "virus" (tal vez más poderoso): el que "infecta al cuerpo político de China". Así, el 16 de noviembre, el sinólogo Geremie Barmé presentó un ensayo del guionista y novelista Xu Jinchuan (徐錦川, 1960-) en el sitio web "China Heritage" del que es director. El texto, titulado "Los que aman", es una especie de elegía hacia los hombres y mujeres "que han perdido" o mejor dicho, "que se han perdido". En su ensayo, Xu cita al profesor Xu Zhangrun, quien fue despedido de la universidad y se encuentra prácticamente bajo arresto domiciliario por criticar a Xi Jinping; a la editora Geng Xiaonan, que junto con su marido Qin Zhen están acusados de "comercio ilegal" y esperan ser juzgados; al abogado Chen Qiushi, quien "desapareció" mientras producía información sobre la epidemia en Wuhan, y luego estuvo recluido en su ciudad natal de Shandong; al activista Xu Zhiyong, que sufrió cuatro años de prisión por su lucha contra la corrupción con el Movimiento de los Nuevos Ciudadanos; y a varias figuras más. Para concluir la presentación, Barmé cita a Albert Camus: "En un mundo de conflictos, un mundo de víctimas y verdugos, el trabajo de la persona pensante no es estar del lado de los verdugos”.

Lo impresionante es que a pesar de hablar de "desaparecidos" y "perdidos", el título está en el tiempo presente, "Los que aman": una acción en el presente, que da frutos. Presentamos aquí el ensayo de Xu Jinchuan, basado en la traducción al inglés de Geremie R. Barmé. Traducido al español por AsiaNews. (B.C.)


Los que aman

El profesor Xu [Zhangrun] apareció justo cuando estábamos a punto de empezar a comer. Era todo sonrisas cuando dijo: sólo hay que agregar una silla y un par de palillos. Todos nos quedamos sorprendidos porque a nadie se le habría ocurrido siquiera que pudiera venir. Por su parte, el profesor Xu confesó que, no, no había sido invitado y, que por sus pecados, debería ser relegado al peor asiento de la casa. Al final, tomó una silla y se desplomó justo a mi lado. 

No hay dos maneras de ver esto: el profesor Xu es todo un personaje.

Entonces, comenzamos a beber un poco de licor fuerte mientras devorábamos un festín de estofados mongoles. Todos conversábamos, aunque no tocamos el tema de la política. La Sra. Geng [Xiaonan] y el abogado Chen [Qiushi] también estaban allí. A pesar de ser muy locuaces cuando se presentan online, en privado Young Chen es alguien de pocas palabras. 

Después de comer, nos tomamos una fotografía grupal, como pueden ver aquí (v. foto 1)

A veces pienso en ellos cuando miro por la ventana. No importa cuán brillante y soleado sea el día, dentro de mí, tengo el corazón congelado por esta temporada implacable, ya que China está atravesando un invierno político.

Mirando hacia atrás en los últimos años, me doy cuenta de que pasamos de las primeras heladas a un frío profundo en lo que parecía una cuestión de días. Con el comienzo de esta cruel temporada, las cosas no han hecho más que seguir y seguir. Por supuesto, están los pocos esperanzados a quienes les gusta citar esa famosa frase de Percy Bysshe Shelley: ‘Oh, viento, si llega el invierno, ¿acaso puede la primavera estar muy lejos?’. Sin duda, encuentran un poco de consuelo en tales sentimientos pero, para mis oídos, suena como  alguien somnílocuo - como una frase vacía, que es murmurada mientras se duerme. Solo me hace sentir más abatido y aún más deprimido.  

Entonces, de repente, de la nada, pienso en otro invierno. Eso también fue hace unos años. Ya estaba bien entrada la temporada. Unos amigos habían organizado un evento cultural que incluía la recitación de poesía. 

El lugar estaba pasando la East Fourth Ring Road y eso implicaba hacer un verdadero viaje desde mi casa. Mientras viajaba en el metro camino al lugar, de repente recibí una notificación de los organizadores: las autoridades habían clausurado el evento.

Eso no iba a disuadir a nadie y pronto se las arreglaron para encontrar un lugar en el lado oeste de la ciudad. Simplemente cambié de tren y me dirigí en la otra dirección. Entonces, mi teléfono sonó de nuevo: ese segundo lugar también había sido clausurado. Impávidos, los organizadores dijeron que se pondrían en contacto en breve.

Mientras esperaba, recibí una llamada del poeta Ye Kuangzheng. Quería saber a dónde debía ir, pero le dije que no lo sabía y que quizás deberíamos encontrarnos mientras esperábamos. Ye acababa de llegar a la estación de Taoran Ting, tras haber tomado el metro en la Estación Sur de Beijing después de llegar desde Shandong [la provincia, cuya capital está a unos 400 kilómetros al sur de Beijing]. Me dirigí hacia allí y nos encontramos en la plataforma del metro [1].

En definitiva, prácticamente di una vuelta completa en metro antes de terminar en un hotel que hallaron para reunirnos lejos del centro de la ciudad, más allá del cuarto cordón norte de la ciudad. Para cuando todos los participantes - y éramos docenas - llegaron a reunirse, todos estábamos bastante conmocionados: allí estábamos sentados o de pie, con ánimo sombrío. Los organizadores anunciaron que en lugar de recitar nuestros poemas selectos, cada uno sería llamado a decir unas palabras. Cuando llegó mi turno, declaré que como me había esforzado mucho en memorizar mi poema, lo iba a recitar igual. Era The New Colossusun soneto de la poetisa judía americana Emma Lazarus :

 

No como el gigante de bronce afamado en Grecia

Que sobre los miembros de su conquistador, 

de orilla a orilla se extiende a horcajadas 

Aquí en nuestras puertas del atardecer, 

bañadas por el mar, se levantará

Una poderosa mujer con una antorcha, 

cuya llama es el rayo encarcelado 

y su nombre es Madre de los exiliados. 

Desde el faro de su mano 

Hace brillar la bienvenida a todo el mundo; 

sus ojos gentiles vigilan el puerto

y el aire que enmarca las ciudades gemelas. 

 

"¡Oh, tierras antiguas, mantened vuestra pompa histórica!", grita

Con labios silenciosos. Entrégame a tus cansados, a tus pobres, 

A tus masas apiñadas anhelando respirar como libres, 

Los miserables desechos de sus playas que bullen. 

Envíame a estos, los sin techo, los abatidos por la tormenta, 

¡Y levantaré mi lámpara junto a la puerta dorada!

 

Las autoridades también tenían gente allí, escuchando a escondidas.

Fue entonces cuando finalmente conocí al profesor Gao Quanxi [2] y a Jin Gang en persona - hasta entonces, habíamos disfrutado mucho tiempo de un "encuentro de mentes" en Internet.

Después del evento, con un puñado nos juntamos a comer en un lugar. Yo estaba apiñado justo al lado del Dr. Xu (no el Profesor Xu mencionado anteriormente, sino el activista de los derechos civiles Xu Zhiyong). Tenía un aire resuelto y no hablaba mucho. Parecía agobiado, incluso melancólico. En ese momento, llevaba poco tiempo fuera de la cárcel... y, mientras escribo estas líneas, ya ha pasado un año desde que hemos perdido todo contacto con él. Parece que su destino es ser "arrojado dentro", una y otra vez. 

En la foto grupal de aquel día, más del diez por ciento de los participantes fueron "liberados después de cumplir una sentencia", "liberados por razones médicas" o "estaban viviendo bajo constante vigilancia policial". Por supuesto, en un sentido jurídico estricto, ninguno de había sido castigado por lo que había dicho o escrito; se habían presentado varios cargos nebulosos contra ellos. A pesar del alivio por la liberación de estas víctimas, el resultado de esto es que [y muchos se atreverían a decirlo] apoyar los valores universales no solo es peligroso, uno también termina atemorizado, intimidado.  

Y este es el destino de los intelectuales de China.

A pesar de todo, no sucumben a esta sensación de verse aplastados. Cuando un país está en crisis, es inevitable que su gente pensante sea la primera en sufrir. Después de todo, los intelectuales tienen una responsabilidad desproporcionada en la búsqueda de la verdad y en la revelación de lo que realmente sucede, al menos en comparación con todos los demás, que viven sometidos al sistema político gobernante. ¿Qué significa realmente esa vieja expresión de "estudiar a los clásicos"? Significa aprender a expresar tus dudas, a criticar, a levantar la voz en un clamor. Es el deber y la responsabilidad de la gente pensante, así como es inevitable vivir con las consecuencias de ello.

En el punto más álgido del alerta por el virus, a principios de este año, un grupo de nosotros anhelaba ahogar nuestras penas, así que encontramos un pequeño restaurante que aún funcionaba donde podíamos ponernos al día. Pocos días después, uno de nuestra pequeña banda también desapareció. Él también está incomunicado. Ni siquiera me atrevo a mencionar su nombre aquí.

No soy realmente un amigo íntimo o cercano de ninguna de las personas que he mencionado anteriormente. Sin embargo, siento esa punzada cada vez que pienso en ellos. Es como si yo también estuviera tras las rejas. Me deja inquieto e incapaz de seguir leyendo en calma.

A veces, puedo pasar un día entero mirando por la ventana. Con la mirada fija en la neblina a la distancia, mi corazón se siente tan vacío como la inmensa bóveda del cielo.

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[1] Para leer un poema de Ye Kuangzheng, véase  ‘Hollow Men, Wooden People’, China Heritage, Christmas Eve, Diciembre 2017.

[2] V. Gao Quanxi 高全喜, ‘A Breach of the Law, a Betrayal of Autonomy’, China Heritage, 18 Mayo 2019.

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