Hermana del Buen Pastor: Estamos unidas al pueblo por el futuro de Myanmar
de Sr Rebecca Ray

El golpe de estado bloquea el desarrollo del país y también las actividades misioneras y sociales de las Hermanas del Buen Pastor, dedicadas a la atención de niñas, ancianos y enfermos. La dictadura militar aumentará la pobreza. La decisión de las religiosas de participar en las manifestaciones junto con la población: en nombre de la doctrina social de la Iglesia y de la Laudato si' del Papa Francisco.

 


Yangon (AsiaNews) - "Estamos unidas al pueblo, en total sintonía, compartimos sus miedos, preocupaciones y temores"; "Queremos crecer en el futuro y en la luz". La hermana Rebecca Ray, superiora de las Hermanas del Buen Pastor, explica las razones por las cuales decidió expresar, junto con su comunidad, un apoyo explícito a las manifestaciones no violentas contra el dictadura militar y el golpe de estado del 1 de febrero. Las Hermanas del Buen Pastor son uno de los muchos institutos religiosos que apoyan las manifestaciones que invaden las calles de las ciudades de Myanmar (Birmania) : en Mandalay, en Myitkyina (Kachin), en Yangon, en Taunggyi… Esto es lo que nos dijo la hermana Rebecca.

 

Queremos mostrar nuestra unidad con la gente. Estamos en total armonía, compartimos los mismos miedos, preocupaciones y temores. No queremos estar gobernados por la junta, queremos una vida segura. En los últimos 10 años, para bien o para mal, hemos comenzado a gozar de la libertad, hemos podido entrar en contacto con el mundo y nuestro país ha visto crecer el futuro y la luz. Antes del golpe de estado, la situación era bastante tranquila: podía comunicarme con el mundo; podía desarrollar mi compromiso misionero como Superiora provincial de cuatro países; podía convocar reuniones, incluso sin viajar; podía apoyar el trabajo de mis Hermanas en varios países; podía comunicarme con nuestra Casa madre en Roma. Ahora todo eso ha quedado destruido y ya no hay nada seguro. Eso me pone muy triste, porque limita mis capacidades al servicio del pueblo.

No queremos volver atrás, a la época de oscuridad, viviendo en el miedo y la opresión. La vida bajo la dictadura era terrible, teníamos miedo a las armas que nos apuntaban, a los enfrentamientos. Ahora no sabemos qué puede pasar, cuándo y cómo.

La oración no es suficiente. Yo creo en la oración y en el trabajo y ambos son la forma más eficaz de apoyar a nuestro país.

[En el convento] tenemos adoración continua, día y noche; el rosario todos los días y el breviario. Rezamos el rosario junto con las personas que trabajan con nosotros o con los enfermos internados en la clínica para los pobres que administramos. El año pasado en Myanmar, debido a Covid, aparecieron muchas formas de pobreza. Las comunidades que ayudamos ya tienen muchas dificultades. Ahora con un golpe de estado y las tensiones civiles, no puedo imaginar cómo empeorará la situación de la gente pobre.

Las Hermanas del Buen Pastor tienen una misión en la sociedad. Bajo el nuevo gobierno democrático, este compromiso está registrado como una fundación. Tal vez, bajo la junta ya no podamos tener este registro y nuestro servicio a la gente se verá reducido. Trabajamos con muchas mujeres, con organizaciones sin fines de lucro, con fundaciones ...

Lamentablemente ahora nuestro futuro es incierto; el futuro de nuestra nación se ha oscurecido: no podemos salir, tenemos restricciones y no podemos trabajar para la gente. Todo eso es terrible para los más necesitados, sobre todo las mujeres (jóvenes de la calle, mujeres maltratadas,…).

Como ciudadanos, defendemos a nuestro pueblo y nuestra misión con los pobres y los necesitados, las mujeres, las jóvenes, los niños, los más vulnerables.

Es insoportable ver sufrir a nuestro pueblo, perder la esperanza, quedar paralizados por el miedo.

Lo que está sucediendo viola las leyes del país, viola nuestros derechos humanos y nuestra dignidad. Es un gran golpe contra la democracia y el desarrollo que se ha afianzado en el país durante los últimos cinco años.

Están aconsejando a los líderes religiosos que digan a los fieles que mantengan la calma, que no pasa nada, que todo irá bien. Pero nosotros no creemos eso. Ya ahora hay inseguridad, oscuridad, cortes de luz, líneas telefónicas e internet, inestabilidad bancaria, precariedad laboral, jornaleros desempleados. Esa es nuestra principal preocupación: todo esto tendrá un impacto en el pueblo de Myanmar.

Quizás corremos el riesgo de ser encarceladas, pero queremos estar junto al pueblo en las calles, compartir sus traumas y sufrimientos. Lo que está pasando viola nuestra libertad de expresión, el voto libre que emitimos hace tres meses, eligiendo nuestro nuevo gobierno democrático, nuestros dirigentes. Lo que ha ocurrido en los últimos días es una verdadera injusticia, una manipulación del poder. Queremos un gobierno civil, no queremos estar bajo un gobierno militar; queremos ser gobernados desde el amor, desde la atención y no desde la opresión y el miedo.

Actualmente, según la Constitución, los religiosos y las religiosas no tenemos derecho al voto, pero queremos votar porque nosotros también somos ciudadanos y tenemos derechos humanos. Queremos tener derecho a la vida, la seguridad y la alegría.

Queremos que todo el pueblo de Myanmar, todas las religiones, razas y etnias disfruten de los mismos derechos y de la democracia. Todos queremos desarrollo para toda la nación, de acuerdo con lo que hemos visto en los últimos 10 años.

En los últimos días, la vida ha quedado sumida en la oscuridad y la incertidumbre, está llena de miedo y de rabia. No queremos volver a eso: queremos estar al lado de nuestra gente.

Líderes religiosos, consagrados, religiosas, sacerdotes e incluso el obispo de Mandalay muestran su solidaridad con el pueblo. Lo haremos hoy y siempre, en nombre de la doctrina social de la Iglesia, y también por nuestra misión y por lo que dice el Papa Francisco en Laudato si'.

 

MY-Suore4.jpg MY-Suore4.jpg MY-Suore4.jpg MY-Suore4.jpg