Las sanciones estadounidenses han hundido la economía iraní

Archivada la política de "máxima presión" de la era Trump, Washington y Teherán se esfuerzan por reanudar el diálogo. La economía iraní cayó casi 5 puntos en 2020. Miles de millones de dólares provenientes del petróleo quedaron bloqueados en bancos chinos, iraquíes y coreanos. El desempleo ronda el 12,4% y crece el déficit fiscal.


Teherán (AsiaNews) -  Años de sanciones estadounidenses contra Irán, endurecidas por la "máxima presión" de la administración Trump, han provocado un verdadero colapso en la economía de la República Islámica. Tras archivar cuatro años de enfrentamiento frontal, hoy Teherán y Washington buscan tímidamente la vuelta a la mesa de negociaciones para el pleno restablecimiento del acuerdo nuclear (JCPOA) firmado en 2015 con las potencias mundiales. Sin embargo, el nudo de las sanciones sigue siendo crucial y para los iraníes, dirimir esta cuestión es la precondición para cualquier tratativa

En el último tiempo, Teherán ha estado violando los términos del pacto; de manera progresiva, ha flexibilizado las restricciones que rigen sobre sus actividades nucleares. Los primeros pasos en este sentido se remontan a 2019, en respuesta a la retirada del JCPOA por parte del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en mayo de 2018. Y, posteriormente, a la introducción de las sanciones más duras de la historia, lo que provocó un colapso de la economía iraní, tema que fue destacado en la investigación publicada en los últimos días por la cadena estadounidense CNBC

La economía iraní atraviesa una recesión, con una caída del 4,99% en 2020, como consecuencia de un descenso de la actividad económica desde el 2017. Para entender el valor del acuerdo nuclear, basta con mirar las cifras de 2016, que mostraban un crecimiento del 12,5%. Sin embargo, los beneficios tuvieron corta duración y el ascenso de Trump a la Casa Blanca cambió completamente el escenario. Pese a todo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que el Producto Interno Bruto (PIB) iraní se incrementará un 3% en el año en curso. 

La política de máxima presión también ha asestado un golpe a la producción y las exportaciones de petróleo, que han registrado una caída constante. "Debido a las sanciones", señala Elliott Abrams, ex representante especial de Estados Unidos para Irán bajo la administración Trump y ahora miembro del  Middle Eastern studies at the Council on Foreign Relations, "hay miles de millones de dólares bloqueados en los bancos de Irak, China y Corea del Sur". Y los pronósticos indican que las exportaciones de crudo también caerán en 2021. 

Un signo negativo que también afectará al comercio mundial con la República Islámica, donde las exportaciones e importaciones caen en picada. Además de impactar en el crudo, las sanciones golpearon al sector metalúrgico, un recurso importante para el país. Las estimaciones del FMI muestran un déficit comercial de 3.450 millones de dólares para 2020; el año anterior, el país había tenido un superávit de 6.110 millones.

Otro elemento a considerar es la inflación, que acompaña la devaluación constante de la moneda desde 2018 y que recién ahora parece haber entrado en una nueva fase de "estabilización", como afirma el analista de Stratfor, Matthew Bey. En realidad, en el mercado negro, el dólar se cotiza a 250.000 riales, una cifra que está muy lejos de la tasa de cambio oficial de 42.000 riales, utilizada como referencia para la mayoría de los productos importados. La debilidad de la moneda encarece las importaciones. La elevada inflación hace que el costo de vida aumente en un momento en que la gente ya tiene dificultades para sobrevivir y el mercado laboral atraviesa una etapa crítica. 

La tasa de desempleo también promete aumentar. Según los estimados del FMI, el 12,4% de la población económicamente activa está sin trabajo. Por último, hay que destacar la cuestión del déficit fiscal: el gobierno actual gasta por encima de sus posibilidades, lo que provoca un aumento de la deuda, con el riesgo de limitar la capacidad de recuperación mientras el país sale de la pandemia del nuevo coronavirus. Luego está la cuestión del reparto de los (escasos) recursos. El actual presidente, el moderado Hassan Rouhani, centra su mirada en las familias, los ingresos y el desempleo. El ala radical, liderada por el guía supremo, el gran ayatolá Jamenei, está más interesada en conseguir fondos para los Pasdaran, Hezbolá y las milicias que operan en la región.

En conclusión, el relanzamiento de la economía iraní pasa -inevitablemente- por un nuevo acuerdo entre Washington y Teherán y por la flexibilización -cuando no la anulación- de las sanciones. Un paso que no parece imposible al día de hoy, aunque las dos partes sigan distanciadas. En un segundo plano, Irán tendrá elecciones presidenciales en el mes de junio, y es probable que favorezcan al ala radical que promueve la línea dura contra Estados Unidos (y es hostil al JCPOA). La República Islámica parece apostar a "resistir" la presión económica, para ganar una posición más fuerte de cara a las negociaciones con Joe Biden y la Casa Blanca.

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