Covid-19: los hospitales de Nueva Delhi, sin oxígeno. La lucha por sobrevivir
de Nirmala Carvalho

Sigue creciendo la nueva ola, con 314.835 casos registrados en las últimas 24 horas, récord global alcanzado por un solo país desde el inicio de la pandemia. Improvisan fogatas para cremar los cuerpos a orillas del río Ganges y se asignan escoltas a las camionetas que trasladan los tanques de oxígeno, por temor a los saqueos.


Nueva Delhi (AsiaNews) –  Gente que muere en una camilla mientras espera durante horas un tanque de oxígeno. Entradas de los hospitales abarrotadas, con familias que mendigan una cama para un ser querido enfermo de Covid-19. Se trata de informes desgarradores que llegan desde la India: el país está de rodillas por la nueva ola de la pandemia que no tiene visos de disminuir.

En la cadena ininterrumpida de tristes récords que se suceden desde el inicio de la pandemia, Nueva Delhi registró ayer un primado mundial: con 314.835 nuevos casos, India se ha convertido en el país con mayor número de personas infectadas en un solo día. Ni siquiera la ola de enero en Estados Unidos había alcanzado esta cifra. El número de muertos se mantiene estable, por encima de las 2.000 víctimas diarias, con un total de 184.657. Como si esto fuera poco, se multiplican las fuentes que hablan de cifras subestimadas, porque en muchas ciudades los números no se corresponden con los datos de los crematorios.

En Lucknow, por dar un ejemplo, en el populoso estado de Uttar Pradesh, las familias reciben un número para la entrega de los cadáveres, y la espera puede durar horas. Pueden pagar hasta 10 veces más de lo habitual por un funeral. Y en esta situación, surgen piras de cremación improvisadas a orillas del Ganges, en parques y plazas. El estado de Karnataka ha autorizado esta práctica incluso en los terrenos de las viviendas familiares.

Una de las causas de esta hecatombe es el excesivo optimismo de hace apenas dos meses, cuando el número de casos diarios había descendido a 10.000 y muchos creían que se había alcanzado la llamada “inmunidad de rebaño”. Por otro lado, los encuentros religiosos multitudinarios, como el Kumbh Mela, y los mítines políticos para las elecciones locales han contribuido a la propagación del virus.

En todos los rincones del país, lo más preocupante es la falta de suministro de oxígeno. Una verdadera paradoja si se piensa que la India es el mayor productor mundial en este sector y que durante la pandemia ha abastecido abundantemente a los demás países, con un incremento del 700% en sus ventas. Por esta misma razón, resulta polémico que se carezca de reservas para complementar la producción, que en la actualidad -a pesar de las garantías del gobierno de Modi- no puede responder a la demanda total.

Los hospitales de Nueva Delhi informan que sus instalaciones cuentan con recursos para apenas pocas horas, y varios Estados están colocando escoltas a las camionetas que transportan las bombonas de oxígeno, por miedo a los saqueos.  Además, en Maharashtra, ayer se produjo un accidente con un camión cisterna en el hospital de Nasikh -situación que interrumpió el suministro de oxígeno y culminó con la muerte de al menos 22 personas.

Hoy, Gran Bretaña ha decidido interrumpir todos los vuelos procedentes de la India. Hace pocas semanas, en el país se identificaron dos nuevas variantes locales del virus y no está claro en qué medida esto está afectando al crecimiento exponencial de contagios en Nueva Delhi. 

En tanto, la campaña de vacunación en la India ya logró administrar 132 millones de dosis; en ocho de los grandes estados del país, el 10% de la población ya ha recibido al menos una dosis de la vacuna. El Primer Ministro Modi anunció el inicio de la tercera fase de la campaña el primero de mayo, con la apertura del registro para todos los ciudadanos mayores de 18 años. Sin embargo, encontrar las dosis necesarias sigue siendo un tema preocupante: el gobierno federal -que las compra a los fabricantes indios a un precio reducido- se ha reservado el derecho de garantizar la vacunación gratuita exclusivamente a las personas mayores de 45 años. En cuanto al resto de la población, los distintos Estados indios tendrán que proporcionar las dosis, negociando contratos a un precio más elevado. Se teme que esta medida pueda allanar el camino a la especulación -en detrimento de los sectores más pobres de la población.

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