Teherán, elecciones presidenciales: la interna entre los conservadores

Las decimoterceras elecciones presidenciales están previstas para el 18 de junio. Los favoritos son Larijani, ex presidente del Parlamento, y Raisi, el ex jefe del poder judicial.  Ahmadinejad queda en un incómodo tercer puesto. Para muchos iraníes, la deserción electoral es la única forma de expresión posible. En el país crecen la pobreza, la corrupción y el nepotismo.


Teherán (AsiaNews/Agencias) - Las elecciones presidenciales en Irán, el próximo 18 de junio, representan una interna en el llamado frente "conservador". Los moderados (el campo al que pertenece el líder saliente Hassan Rouhani) y los reformistas parecen estar fuera de juego. Los analistas y expertos coinciden en que el ganador se decidirá entre dos candidatos: el ex presidente del Parlamento Ali Larijani, con un rostro marcado por el cambio, o el rival ultraconservador y ex jefe del poder judicial Ebrahim Raisi. El tercero - en caso de ser admitido- es el ex presidente Mahmud Ahmadineyad, que aún mantiene un importante consenso en las zonas rurales del país. 

Por decimotercera vez desde la revolución islámica de 1979, se llama a los iraníes a elegir un presidente, que podrá permanecer en el poder por un máximo de dos mandatos consecutivos (ocho años). Aunque este es el cargo más alto del poder ejecutivo y el que proporciona la dirección del gobierno, su figura sigue siendo secundaria en comparación con el verdadero líder de la nación, aquél que define desde la política exterior hasta los equilibrios internos: el guía supremo, el ayatolá Alí Jamenei. 

Según se establece en el artículo 99 de la Constitución, el Consejo de Guardianes deberá proveer la lista oficial de los candidatos que participarán en la votación. Hasta la fecha, han presentado su candidatura 60 ciudadanos de religión musulmana (chií), leales al Estado y a sus leyes, entre ellos 40 mujeres. Sin embargo, la lista final estará formada por unos pocos nombres. Son los que resultan gratos a los ojos de los dirigentes y muchos allegados a los Pasdaran; lo cierto es que nunca se aprobó la presencia de una mujer entre los candidatos. 

En el plano de las ideas, Raisi y Larijani se disputarán la presidencia en base a la cuestión económica y a la posición de Irán en el tablero de Oriente Medio y en el mundo. El primero apoya una visión autárquica de la República Islámica, dispuesta a desafiar a Occidente y a Estados Unidos en todos los ámbitos y sectores. El último, en cambio, parece más partidario de la distensión y el diálogo con sus rivales históricos, así como de promover una economía más abierta y de mercado. De hecho, en los últimos días, Larijani propuso una apertura sobre el tema de las "libertades sociales" -una pesadilla para sus rivales ultraconservadores- que ha definido como "extremadamente importantes".

En realidad, la partida electoral parece ser cada vez más una lucha interna de poder entre las dos facciones cercanas al líder supremo. Al mismo tiempo, hay un importante sector de la población que muestra un creciente desapego y desilusión con el voto. Para muchos, las elecciones parlamentarias y presidenciales representan una opción entre lo malo y lo peor, en un marco de crecientes restricciones, con candidatos definidos de antemano y leales a la línea del Consejo de Guardianes.

Frustrados por los limitados poderes de los representantes elegidos, el incumplimiento de las promesas y la ausencia de cambios significativos en la vida de los ciudadanos comunes,  para muchos iraníes la deserción en las urnas es la única alternativa viable de cara a las elecciones presidenciales de junio. Los sondeos de opinión y los debates en las redes sociales revelan que un segmento importante de la población podría boicotear la votación, ya que es la única forma posible de protesta. Hay un gran descontento entre la gente, especialmente en los jóvenes y en las ciudades. La economía se ha derrumbado a causa de las sanciones de los Estados Unidos. Es poco lo que ha cambiado en los últimos meses con la entrada en la Casa Blanca del demócrata Joe Biden en lugar de Donald Trump, partidario de la política de "máxima presión" hacia Teherán e impulsor de la retirada del acuerdo nuclear (el JCPOA).

En el país está creciendo la represión de la maquinaria estatal, al igual que la pobreza, la corrupción y el nepotismo. Muchos políticos son vistos como incompetentes. Pero sobre todo, existe un clima de frustración por la (fallida) gestión de la pandemia de Covid-19: Irán es una de las naciones de Oriente Medio con mayor número de casos y víctimas.

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