HRW denuncia la violencia y violaciones sistemáticas de los derechos humanos en las cárceles saudíes

La ONG internacional expone el contenido de las denuncias de una guardia carcelaria que habló detrás del anonimato. Entre las víctimas se encuentran la líder feminista Loujain al-Hathloul y el activista Mohammed al-Rabea. Surgen "nuevas pruebas" que confirman el "total desprecio" de Arabia Saudita por el "Estado de Derecho". Se necesitan investigaciones creíbles e independientes.


Riad (AsiaNews) - Del relato que brindó una guardia carcelaria detrás del anonimato  surge un cuadro sistemático de violencia y violaciones de los derechos humanos en las cárceles saudíes.  Una situación que afecta a Loujain al-Hathloul, la mujer galardonada con el premio Havel 2020 y  líder de la lucha por el "derecho a conducir" para las mujeres saudíes. Un dramático testimonio que difundió la ONG internacional Human Rights Watch (HRW) y que confirma, una vez más, que detrás de las reformas de fachada -de las que alardea la cúpula gubernamental- persiste la realidad de los abusos, torturas y vejaciones

Los hechos de violencia tienen como blanco predilecto a prisioneros políticos de primera línea que se encuentran encerrados en las cárceles del país. A pesar de las denuncias, la cúpula de gobierno de Riad jamás realizó investigaciones "independientes, exhaustivas y creíbles". Por tanto, en los hechos, ha avalado los ataques selectivos cuyas principales víctimas son mujeres activistas y personalidades que luchan por la libertad. Los testigos informan de palizas, azotes, abusos sexuales y descargas eléctricas. 

HRW recoge una serie de mensajes telefónicos recibidos en enero, provenientes de una fuente anónima (por temor a las represalias). La informante se identifica como una guardia carcelaria que trabaja en una prisión saudí y también presenta las quejas de otros colegas. Michael Page, director adjunto de la ONG para Oriente Medio y el Norte de África, habla de "nuevas pruebas" que confirman el "absoluto desprecio" de Arabia Saudí por "el Estado de Derecho y la incapacidad de investigar de forma creíble estas acusaciones". "Pasar por alto las brutalidades de los agresores es transmitir el mensaje de que pueden torturar y quedar impunes, sin tener que afrontar jamás la responsabilidad de estos crímenes", añadió.

Los relatos se refieren a la prisión de Dhabhan, al norte de Yedá, y a otro centro de detención que la guardia carcelaria denomina la "prisión secreta". Los reclusos, entre ellos la feminista Al Hathloul y el activista Mohammed Al Rabea, fueron sometidos a torturas y maltratos. "Loujain al-Hathloul fue víctima de un acoso sexual que nunca había visto antes. Se divertían insultándola. Se burlaban de ella: le decían que iba a ser liberada, de modo que no debía preocuparse por los acosos, que consistían en meter las manos dentro en su ropa interior o atacarla con palabras ofensivas".        

En 2019, el Ministerio público aseguró que realizaría una investigación exhaustiva sobre estos hechos, cuyos resultados acabarían en el despacho del rey Salman y del príncipe heredero Mohammed bin Salman. Lo cierto es que nunca se hizo nada: jamás se dio inicio a una investigación "creíble e independiente" y los autores de las torturas siguen impunes. En febrero, el tribunal rechazó una solicitud de los familiares de Al Hathloul en la que se exponía que la mujer era torturada en su celda. Un destino similar corrió Al Rabea, quien durante meses fue sometido a violentas descargas eléctricas y ahogamientos, entre otros hechos, en el más completo silencio. Durante largos periodos se lo mantuvo en una celda minúscula, privado del sueño y la comida o colgado boca abajo.

Según los expertos de HRW, la imagen del reino wahabí permanecerá siempre "empañada" hasta que las autoridades permitan la entrada al país de observadores internacionales independientes y una investigación de las denuncias de violencia en las cárceles. "El hedor de la tortura", concluye Page, "y otros tratos horrendos contra los detenidos seguirán siendo una mancha indeleble para los dirigentes saudíes, a menos que tomen medidas urgentes para poner fin a estos crímenes y que sus autores rindan cuentas de los abusos, aún cuando sean [personalidades] de altísimo nivel”.

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