La renuncia de Hariri y las contradicciones de la crisis libanesa
de Fady Noun

El primer ministro encargado devolvió ayer el mandato al presidente, tras meses de vanos intentos de formar gobierno y una fractura que ya es irremediable. A la nación dijo "¡Que Dios nos ayude!". París habla de "obstruccionismo organizado". Washington llama a los líderes del país de los cedros a "poner fin a las diferencias".


Beirut (AsiaNews) - “En este tiempo de desgracia […] es esencial, quiero repetirlo, que quien tiene el poder se ponga decididamente y sin más dilaciones al servicio verdadero de la paz y no de los propios intereses. ¡Basta del beneficio de unos pocos a costa del sacrificio de muchos! ¡Basta de las ocupaciones de tierras que desgarran a los pueblos! ¡Basta con el prevalecer de las verdades parciales a costa de las esperanzas de la gente! ¡Basta de utilizar al Líbano y Medio Oriente para intereses y beneficios ajenos a Medio Oriente! Es necesario dar a los libaneses la oportunidad de ser protagonistas de un futuro mejor, en su propia tierra y sin injerencias [externas] abusivas”.

La exhortación que pronunció el Papa Francisco  el pasado 1 de julio en San Pedro ante los patriarcas y jefes de las Iglesias orientales ha quedado en letra muerta. Para gran decepción de la población, pero sin duda no por sorpresa dadas las laboriosas negociaciones de los últimos meses, el primer ministro encargado Saad Hariri anunció ayer que renunciaba a formar gobierno, nueve meses después de su nombramiento. Mientras tanto, el país se hunde cada día más en la peor crisis de su historia, mientras la depreciación galopante de la moneda nacional hace inaccesible para la mayoría de la población la posibilidad de comprar artículos de primera necesidad. Washington denunció, a través de su secretario de Estado Anthony Blinken "los meses desperdiciados" y París, por boca del canciller Jean-Yves Le Drian, criticó "la obstrucción organizada".

Hariri fue designado primer ministro en octubre de 2020; debía formar un equipo con el encargo de promover las reformas indispensables para desbloquear la ayuda internacional, crucial para un país en graves dificultades. En efecto, desde agosto de 2020 el país ha sido dirigido por un gobierno interino que solo debía gestionar los asuntos corrientes y la administración ordinaria.

Hariri presentó su renuncia ayer tras un último viaje a El Cairo, donde recibió el apoyo del jefe de Estado egipcio pero no de Arabia Saudita. A su regreso, el primer ministro designado se dirigió directamente al palacio presidencial y se reunió con Michel Aoun, a quien presentó un equipo de gobierno integrado por 24 ministros independientes "de acuerdo con los deseos de la comunidad internacional y las directivas de Nabih Berry", el presidente del Parlamento. “Está claro - dijo Hariri a la salida - que la posición [de Aoun] no ha cambiado y que no podremos llegar a un acuerdo. Por eso me disculpé por no haber podido formar gobierno. ¡Que Dios ayude al país!”.

Poco después salieron a la luz todas las contradicciones, sin que nadie pudiera entender cuál era realmente la verdad. En un comunicado, la Presidencia de la República dijo que el primer ministro encargado se oponía a cualquier reorganización del gobierno presentada por esa institución. Por su parte, en una entrevista con el canal Al-Jadid pocas horas después de renunciar a su mandato, Hariri dijo exactamente lo contrario, afirmando que estaba abierto a sustituir a dos o tres de los ministros que había propuesto en un principio. “Renuncié - concluyó Hariri - porque no puedo gobernar y llevar a cabo las reformas deseadas por la comunidad internacional, con el gobierno de Michel Aoun”.

De todos modos, la acritud que resultaba evidente en el rostro de ambos mandatarios sugería que no existe el más mínimo vínculo de simpatía personal entre ellos. Hariri acusa al presidente de obstaculizar la formación del gobierno porque insiste en una "minoría con poder de bloqueo" (la mitad de los ministros, más uno) en el próximo equipo ministerial, y trata de imponer un reparto de carteras "confesional y partidista" con el pretexto de que el Ministerio de finanzas está bajo el control de la comunidad chiíta. La presidencia ha negado repetidamente cualquier referencia a una "minoría" con derecho a "veto" sobre las decisiones del gobierno.

París y la "obstrucción organizada"

La renuncia de Hariri fue seguida por enérgicas reacciones de París y Washington. Francia "tomó nota" hoy de la decisión del primer ministro designado y solicitó el nombramiento inmediato de su sucesor. "Los últimos hechos - continúa la nota del Ministerio de Relaciones Exteriores - confirman el estancamiento político en que los líderes libaneses han mantenido deliberadamente al país durante meses, a pesar de que se encuentra sumido en una crisis económica y social sin precedentes".

El jefe de estado tiene treinta días para realizar consultas parlamentarias vinculantes para designar al sucesor de Hariri. Sin embargo, muchos temen que este tiempo no sea suficiente y que la experiencia de obstruccionismo y negociaciones interminables se repita tras el nombramiento de un nuevo primer ministro.

"Hoy - subrayó el Quai d'Orsay - existe una urgencia absoluta de salir de este obstáculo organizado e inaceptable, para que en el Líbano se pueda formar un gobierno. Esto requiere comenzar de inmediato consultas parlamentarias con miras a la designación, lo antes posible, de un nuevo primer ministro". Este gobierno, prosigue la cancillería francesa, "debe estar en condiciones de poner en marcha las reformas prioritarias que la situación requiere. También debe poner manos a la obra para preparar las elecciones de 2022 (legislativas), que deben celebrarse de manera transparente e imparcial, en cumplimiento del calendario establecido".

Para responder a las necesidades de los libaneses, cuya situación se deteriora día a día, el 4 de agosto se organizará una nueva conferencia internacional de ayuda a la población libanesa por iniciativa del Presidente de la República de Francia, con el apoyo de las Naciones Unidas.

“El Líbano lleva varios meses en modo autodestructivo”, subrayó Le Drian el pasado 12 de julio, al margen del Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea. "Hay una situación -añadió- de grave emergencia para una población en dificultades". Por último había anunciado un consenso entre los 27 países de la UE sobre un "marco legal" que permita la imposición de sanciones.

Por su parte, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, expresó su "decepción" en un comunicado, instando a los líderes del país de los cedros a "dejar de lado sus diferencias sin demora". El nuevo ejecutivo no solo deberá rescatar a la "economía libanesa en caída libre", sino que también deberá trabajar para que las elecciones parlamentarias de 2022 "se celebren a tiempo y se organicen de manera libre y justa". El 14 de julio Le Drian anunció la coordinación con su homólogo estadounidense Blinken para preparar "medidas de presión francesas y estadounidenses contra los libaneses" responsables del bloqueo político.

A nivel local, el nuncio apostólico Mons. Joseph Spiteri dijo: “Mi respuesta a esta situación es la misma que la de la comunidad internacional: el Líbano necesita un nuevo gobierno. Los libaneses deben decidir quién será. Pero más que nunca necesitamos este gobierno lo bastante fuerte [ndr. auspiciado por el presidente francés Emmanuel Macron] como para aplicar las reformas necesarias para desbloquear la ayuda internacional y más concretamente para preparar las próximas elecciones políticas que no están lejos en el tiempo, ya que deben celebrarse, a más tardar, en mayo de 2022".

 

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