Taskent, comienza la campaña electoral. Dan por descontada la reelección de Mirziyoyev
de Vladimir Rozanskij

El 24 de octubre se abrirán las urnas para las elecciones presidenciales. Solo las listas de los partidos favorables al gobierno están permitidas. En Asia Central, el presidente uzbeko es considerado un líder con autoridad.  Los chinos y los occidentales aprecian sus aperturas económicas. Karimov, el "padre de la patria" acabó con la oposición.


Moscú (AsiaNews) - En Uzbekistán comenzó la campaña electoral para las elecciones presidenciales, que tendrán lugar el 24 de octubre. Solo pueden participar los representantes de los partidos políticos. Los candidatos independientes están excluidos. Hay cinco partidos registrados en el Ministerio de Justicia, y todos son favorables al gobierno de turno: Millij Tiklaniš (Partido Democrático), Partido Popular Democrático, Adolat (Socialdemócratas), Demócratas Liberales de UzLiDep (el partido del presidente en funciones) y el Movimiento Ecológico.

Dos fuerzas de la oposición, Erk (demócratas de derecha) y Khakikat va Tarriket (socialdemócratas), intentaron registrarse en el ministerio, pero la respuesta fue negativa. Está claro que sus puntos de vista políticos divergen demasiado de la "línea general" que marca el presidente Šavkat Mirziyoyev, cuya reelección no está en discusión. En los hechos, queda asegurada la estabilidad del país ante la ausencia de contrastes políticos reales, en favor de la "democracia mayoritaria".

El comité electoral uzbeko ha invitado a observadores de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y de la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Taskent pretende involucrar a enviados de otros gobiernos y organismos internacionales para celebrar la "tranquilidad democrática" de Uzbekistán. También se podrá votar en todas las representaciones consulares uzbekas en el extranjero.

Mirziyoyev se presenta en las elecciones para intentar obtener un segundo mandato, tras sustituir al histórico primer presidente del país, Islam Karimov, quien falleció en 2016 de un derrame cerebral tras 27 años ininterrumpidos en el poder. Nadie duda de la reelección de Mirziyoyev, dada la ausencia total de rivales creíbles. Su éxito político no solo depende de su legado postsoviético y del sistema cuasi-unipersonal de Uzbekistán: Mirziyoyev ha demostrado ser el líder más eficaz de Asia Central: logró implantar reformas muy importantes sin causar malestar en la población.

El presidente uzbeko resolvió rápidamente todos los conflictos con los Estados vecinos. Pese a que el panorama en el Asia ex soviética no es nada sencillo, Mirziyoyev llevó a cabo una política exterior que lo ha colocado en un lugar de autoridad. Abrió las fronteras del país sin restricciones, e hizo lo mismo con las operaciones económicas con divisas. Uzbekistán se ha convertido en un país atractivo para las inversiones extranjeras -no sólo de los poderosos chinos, sino también de los occidentales. En cuanto a los presos políticos, casi todos han sido liberados, y se ha concedido mucha libertad a los medios de comunicación. Sin embargo, todas estas aperturas no han eclipsado la devoción por el "padre de la patria" Karimov, que supo gobernar el país con un control más estricto.

Son pocas las voces críticas, pero señalan que la libertad que Mirziyoyev otorga en el ámbito económico es mucho más amplia que en la política. Basta ver cómo se margina a  cualquier tipo de oposición. Considerando la actual situación histórico-política de Asia Central, y la crisis afgana a la vuelta de la esquina, no hay lugar para las diatribas internas. Basta con recordar el ejemplo poco alentador del vecino Kirguistán, sumido en profundas crisis y convulsiones internas cada dos o tres años. Los demás Estados, empezando por el "hermano mayor", Kazajistán, también tienen índices de corrupción mucho más elevados que Uzbekistán.

Mirziyoyev no tuvo que esforzarse mucho para contener a los grupos de la oposición. Karimov ya había acabado con ellos. Si alguien quisiera oponerse de alguna manera a las políticas del gobierno, Uzbekistán carecería de las condiciones y el conocimiento para hacerlo; para el segundo mandato presidencial se espera un consenso de no menos del 80%, como en los buenos tiempos soviéticos. Algo que sin duda genera envidia en líderes como Putin o Lukashenko.

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