Papa: cuántas expresiones desprecian a las mujeres, pero hombres y mujeres son iguales

"Son tantas las personas en el mundo -muchas, millones- que no tienen derecho a comer, no tienen derecho a la educación, no tienen derecho a trabajar: son los nuevos esclavos, son los que están en las periferias, y son explotados por todos. Incluso hoy en día existe la esclavitud: pensemos un poco en esto. A estas personas les negamos la dignidad humana".


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – "Los hombres y mujeres son iguales", son igualmente hijos de Dios "en Cristo". "Tienen la misma dignidad". Hay que reafirmarlo porque, aún hoy, se escuchan "expresiones de desprecio hacia las mujeres", y “para las mujeres", “todavía existe la esclavitud”. El pasaje de la Carta a los Gálatas sobre la filiación común en Dios le dio al Papa Francisco la oportunidad de afirmar con fuerza la igualdad y dignidad de hombres y mujeres y entre todos los seres humanos.

Dirigiéndose a las 8.000 personas presentes en el Aula Pablo VI con ocasión de la audiencia general, y continuando el ciclo de catequesis dedicado a la carta paulina, Francisco dijo: "¡Cuántas veces escuchamos expresiones que desprecian a las mujeres! Cuántas veces hemos escuchado: 'Pero, no, no hagas nada, [son] cosas de mujeres'. Pero mira, el hombre y la mujer tienen la misma dignidad, y en la historia, incluso hoy, existe una esclavitud de la mujer: la mujer no tiene las mismas oportunidades que el hombre. Tenemos que leer lo que dice Pablo: somos iguales en Cristo Jesús".

“El apóstol”, subraya Francisco, “afirma con gran audacia que la identidad recibida con el bautismo es una identidad tan nueva que prevalece sobre las diferencias que existen a nivel étnico-religioso: «ya no hay judío ni griego»; y también a nivel social: «ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer» (Gal 3,28). A menudo se leen estas expresiones con demasiada prisa, sin acoger el valor revolucionario que poseen. Para Pablo, escribir a los gálatas que en Cristo “no hay judío ni griego” equivalía a una auténtica subversión en ámbito étnico-religioso. El judío, por el hecho de pertenecer al pueblo elegido, era privilegiado respecto al pagano (cfr Rm 2,17-20), y el mismo Pablo lo afirma (cfr Rm 9,4-5). 

No sorprende, por tanto, que esta nueva enseñanza del apóstol pudiera sonar como herética. También la segunda igualdad, entre “libres” y “esclavos”, abre perspectivas sorprendentes. Para la sociedad antigua era vital la distinción entre esclavos y ciudadanos libres. Estos gozaban por ley de todos los derechos, mientras a los esclavos no se les reconocía ni siquiera la dignidad humana. “Esto sucede, también, hoy” agregó el Papa. “Tantas personas en el mundo, tantas, millones, que no tienen derecho a comer, no tienen derecho a la educación, no tienen derecho a trabajar: son los nuevos esclavos, son los que están en las periferias, y son explotados por todos. Incluso hoy en día existe la esclavitud: pensemos un poco en esto. A estas personas les negamos la dignidad humana".

“Como se puede ver, Pablo afirma la profunda unidad que existe entre todos los bautizados, a cualquier condición pertenezcan, porque cada uno de ellos, en Cristo, es una criatura nueva”, reiteró el pontífice.”Cualquier distinción se convierte en secundaria respecto a la dignidad de ser hijos de Dios, el cual con su amor realiza una verdadera y sustancial igualdad. Todos somos hijos e hijas de Dios. Somos iguales”. “Estamos por tanto llamados de forma más positiva a vivir una nueva vida que encuentra en la filiación con Dios su expresión fundamental. Es decisivo también para todos nosotros hoy redescubrir la belleza de ser hijos de Dios, hermanos y hermanas entre nosotros porque estamos insertos en Cristo. 

Las diferencias y los contrastes que crean separación no deberían tener morada en los creyentes en Cristo. Somos iguales. Nuestra vocación es más bien la de hacer concreta y evidente la llamada a la unidad de todo el género humano (cfr Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen gentium, 1). Cualquier cosa que agrave las diferencias entre las personas, causando a menudo discriminaciones, todo esto, delante de Dios, ya no tiene consistencia, gracias a la salvación realizada en Cristo. Lo que cuenta es la fe que obra siguiendo el camino de la unidad indicado por el Espíritu Santo. Nuestra responsabilidad es caminar decididamente por este camino. En la igualdad, que ha realizado Jesús”. 

“Pablo subraya que la fe en Jesucristo nos ha permitido convertirnos realmente en hijos de Dios y sus herederos”, continuó el Papa. “Nosotros los cristianos a menudo damos por descontado esta realidad de ser hijos de Dios. Sin embargo, siempre es bueno recordar de forma agradecida el momento en el que nos convertimos en ello, el de nuestro bautismo, para vivir con más consciencia el gran don recibido”. Al referirse al bautismo, Francisco invitó nuevamente a todos a conocer la fecha de su bautismo y festejarlo.

Tras el discurso, en su saludo a los presentes, Francisco se dirigió a los estudiantes e hizo llegar sus buenos deseos. "Mis pensamientos -dijo a los ingleses- van de manera especial a los que van a reanudar las clases en las próximas semanas. Queridos jóvenes, que este año académico sea para todos ustedes una ocasión de crecimiento cultural y de profundización de los lazos de amistad. Sobre ustedes y sobre sus familias, invoco la sabiduría y la alegría de Cristo". Y al hablar con los árabes, añadió: "Ustedes, niños, jóvenes, estudiantes y profesores que vuelven a la escuela en estos días, que el Señor los ayude a preservar la fe y a cultivar la ciencia, para ser protagonistas de un futuro mejor, en el que la humanidad pueda disfrutar de la paz, la fraternidad y la tranquilidad".

Por último, habló a los polacos y comentó la próxima beatificación del cardenal Stefano Wyszyński y de la madre Elisabetta Rosa Czacka. "Que el testamento espiritual del Primado del Milenio: 'Todo lo confío a María' y la confianza de la Madre Elisabeth Rosa en la Cruz de Cristo sean siempre la fuerza de su nación. Sobre el cardenal Wyszyński, San Juan Pablo II pronunció las históricas palabras: 'En la sede de Pedro no estaría este Papa polaco si no hubiera sido por tu fe, que no se doblegó ante la prisión y el sufrimiento, tu heroica esperanza, tu confianza en la Madre de la Iglesia hasta el final'. Que Dios bendiga a Polonia. Que tus grandes santos y bendiciones te sostengan".

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