Manila, un nuevo ciclo lectivo minado por el Covid-19
de Davide Cavalleri

Con el aumento del número de contagios, las autoridades decidieron restablecer un cierre estricto. Las escuelas se ven obligadas a retomar la enseñanza en línea, pero las familias no pueden costear ordenadores y servicios de conexión a Internet. El Padre Caelli (PIME): "En Manila los niños se quedan solos y muchas escuelas están cerrando".


Manila (AsiaNews) - Teóricamente la vuelta a clases estaba prevista para esta mañana. Sin embargo, los niños y adolescentes filipinos continuarán con la enseñanza a distancia, al menos durante algún tiempo. El ciclo lectivo comienza hoy en todo el país del sudeste asiático y promete ser otro año escolar complicado. Las dificultades serán inevitablemente mayores en la enorme ciudad metropolitana de Manila, donde, desde el 6 de agosto, el aumento de los contagios debido a la variante Delta ha llevado a las autoridades a declarar una zona roja, reforzada con enormes restricciones a todas las actividades comerciales.

"A nivel nacional, sólo el 15% de la población ha recibido dos dosis de la vacuna, mientras que aquí, en Manila, la inmunización completa alcanza el umbral del 30%, pero estamos hablando de un área metropolitana con más de 12 millones de habitantes", afirma el padre Simone Caelli, misionero del PIME que lleva varios años viviendo en Filipinas y se desempeña como párroco de la iglesia María Reina de los Apóstoles en la ciudad de Parañaque, en las afueras de Manila. "Los hospitales de la capital están colapsados: ya no tienen camas por el aumento del número de contagiados; en las últimas semanas hubo más de 15.000 nuevos casos por día".

Es evidente que, en este contexto, las escuelas se ven obligadas a reanudar su actividad con todas las precauciones y cumpliendo las medidas de prevención contra el Covid. "Los institutos privados ya han reanudado la enseñanza a distancia -continúa el padre Simone-, mientras que los públicos retoman hoy las clases. Sin embargo, dada la situación de grave pobreza en la que se ve obligada a vivir la población, son pocos los alumnos que podrán seguir las clases en línea; los demás continuarán con los "módulos" del curso pasado, es decir, textos y trabajos preparados por los profesores. Los alumnos estudiarán en casa con total autonomía y sin ninguna supervisión. Muy pocas familias pueden permitirse comprar un ordenador y pagar una conexión a Internet para que sus hijos puedan seguir las lecciones en línea", admite el misionero. No puedo cuantificar el número de niños que continuarán con los módulos, pero puedo poner este ejemplo: cerca de nuestra parroquia está una de las mayores escuelas públicas de Filipinas, con cerca de 11.000 alumnos y unas 50 clases por curso. Cuando hablé con algunos profesores, me dijeron que sólo 15 cursos (de más de 250) dispondrán de clases online, las demás quedarán "a merced" de los módulos.

Como es de esperar, esto provocará un aumento considerable del abandono escolar prematuro, que ya ha obligado a muchos colegios -sobre todo privados- a cerrar sus puertas. "El colegio que dirigen las monjas cerca de mi parroquia ha sufrido un importante descenso en el número de alumnos y he sabido de algunos institutos dirigidos por religiosos que han tenido que cerrar por falta de matrícula". La consecuencia lógica de esta situación es un deterioro del nivel educativo y de la calidad del sistema educativo: "Es inevitable", señala el padre Simone. "Incluso cuando la situación era 'normal', los profesores tenían que lidiar con clases de 50 a 60 alumnos, y ni hablar ahora, cuando el mismo número de alumnos no puede asistir a clase y se ve obligado a estudiar en casa”.

La pandemia ha asestado un duro golpe a la economía filipina, aumentando exponencialmente el número de pobres e indigentes, como confirma el padre Caelli: "Muchos de nuestros feligreses perdieron sus empleos durante el cierre y ahora no tienen medios de subsistencia. Aunque el gobierno ha proporcionado ayuda financiera a las familias necesitadas, el número de personas que viven por debajo de la línea de pobreza está aumentando. Los profesores, por ejemplo, tienen dificultades para llegar a fin de mes con un solo sueldo".

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