Bagdad, diputada: es una ‘obligación’ votar, aunque el cambio sea ‘marginal’
de Dario Salvi

El 10 de octubre, la nación acudirá a las urnas para renovar el parlamento en un clima de desconfianza. La nueva Cámara deberá elegir al primer ministro y al presidente. Hay varias cuestiones sin resolver, desde la muerte de activistas hasta la corrupción generalizada. Para Rihan Hanna Ayoub, no habrá cambios de rumbo radicales, pero comparte el llamamiento del patriarca, exhortando a la participación en las elecciones. Descarta la posibilidad de un escenario afgano en el país.


Bagdad (AsiaNews) - Los iraquíes no creen que las próximas elecciones del 10 de octubre contribuyan a un  "cambio radical". Sin embargo, "participar es una obligación" aún cuando esto implique un aporte "mínimo y marginal". Rihan Hanna Ayoub es una diputada cristiana de 37 años, por la circunscripción de Kirkuk. En diálogo con AsiaNews comenta: "El panorama no cambiará" después de la votación y tampoco habrá "avances positivos" en la vida cotidiana de un pueblo que ha convivido con la "miseria" durante demasiado tiempo. Los votantes conocen muy poco los programas de los distintos partidos. Además, es evidente el clima general de desconfianza y desinterés por una clase dirigente a la que se acusa de incompetencia y corrupción. 

Las elecciones anticipadas para renovar la legislatura -antes de término-  son una respuesta a las protestas del otoño de 2019 contra el elevado costo de vida, el desempleo, la corrupción y el colapso de los servicios públicos. Las personas habilitadas para votar suman casi 25 millones; tendrán que elegir a los 329 miembros del parlamento unicameral entre 3.200 candidatos en 83 circunscripciones. La votación, prevista inicialmente para junio, se aplazó al 10 de octubre por problemas de organización y seguridad.

Se ha establecido que la mayoría necesaria para formar un nuevo gobierno es de 165. Tocará a la flamante Cámara de Diputados elegir presidente y primer ministro. El 25% de los escaños parlamentarios están reservados a las mujeres, pero aún es muy limitada su representación, peso político y presencia en los más altos cargos del Estado. "Por desgracia", confirma Rihan Hanna Ayoub, "las mujeres de Irak siguen privadas de participar en el proceso de toma de decisiones". A tres años de la última convocatoria electoral -en mayo de 2018- hay varias cuestiones sin resolver. En primer lugar, la muerte, el secuestro o la intimidación de activistas y representantes de la sociedad civil. Esto también es una fuente de descontento, especialmente entre los jóvenes, y alimenta las divisiones.  

En lo que respecta a la comunidad cristiana, según Ayoub, "las expectativas no son muy diferentes de las de la sociedad iraquí en su conjunto". La gente espera ver un "cambio real"  "dentro de la escena política" pero se trata de una cuestión más amplia y las elecciones, en sí mismas, "no lograrán una evolución significativa", advierte. Sin embargo, la etapa electoral sigue siendo fundamental, como subrayó recientemente el patriarca caldeo: "Reiteramos el llamamiento [del cardenal] a la participación masiva para garantizar la legitimidad del voto", que debe ser más fuerte que "la desconfianza de un segmento de la población", subrayó Ayoub.

La diputada cristiana nació en Zakho, en el Kurdistán iraquí, y está a punto de concluir su primer mandato como legisladora. Obtuvo una licenciatura en Derecho en la Universidad de Dohuk en 2006. Antes de entrar en el Parlamento, ejerció en todas las ramas del Derecho. Puede que haya cambiado "un puñado de votos" en comparación con la elección anterior, pero esto "no debería impedir un consenso generalizado en torno al nuevo gobierno". "Si las fuerzas políticas son incapaces de formar un gobierno sólido, Irak pagará el precio y entrará en un túnel largo y oscuro". A pesar de ello, Ayoub no ve el riesgo de un "escenario afgano" en Irak, pero subraya que el país deberá mantenerse muy alerta sobre los movimientos extremistas: "Contamos con elementos de enorme poder y fuerza", subraya, "gracias a los cuales podemos afirmar que el país no perderá su alma, el hecho de ser profundamente iraquí". Aclarado esto, advierte que "una retirada de las tropas internacionales tendrá un impacto negativo, porque permitirá a los grupos y organizaciones ilegales adquirir un mayor poder de coacción, si no hay suficientes fuerzas en el territorio para contrarrestarlos".