Papa: es hora de devolver la palabra a los pobres. Sus peticiones llevan demasiado tiempo desatendidas

Francisco visita Asís en la víspera del Día de los Pobres. "Es hora de arremangarse para devolver la dignidad creando puestos de trabajo. Es hora de volver a escandalizarse ante la realidad de los niños hambrientos, esclavizados, náufragos, víctimas inocentes de todo tipo de violencia. Es hora de que cese la violencia contra las mujeres y de que ellas sean respetadas y no tratadas como mercancías".

 


Asís (AsiaNews) – "Es hora de que se devuelva la voz a los pobres, porque durante demasiado tiempo sus peticiones no han sido escuchadas", es hora de que "se creen puestos de trabajo", de “volver a escandalizarse ante la realidad de los niños hambrientos, esclavizados, náufragos, víctimas inocentes de todo tipo de violencia". Es hora de que "cese la violencia contra las mujeres y de que ellas sean respetadas, y no tratadas como mercancía". Fueron las palabras del Papa Francisco durante su visita a Asís, donde hoy se reunió con 500 pobres de diferentes partes del mundo. El encuentro fue en la Basílica de Santa María de los Ángeles y marcó una suerte de apertura de la V Jornada de los Pobres, que se celebrará el próximo domingo.

En esta, su quinta visita a la ciudad del pobrecillo, el Papa Francisco, tras recibir la capa y el bastón del peregrino, escuchó los testimonios de algunas personas, muchas veces dramáticos. Entre ellos, el de Farzaneh, una niña afgana que dice que su corazón sigue "con sus compañeros de Kabul", o el de Abrhaley Tesfagergs Habte, un eritreo de 31 años que quedó ciego tras estallar una de las muchas minas terrestres esparcidas por el territorio durante la guerra de liberación de Etiopía. Él acompañó al Papa en la primera parte de la visita, frente a la basílica. Luego, se sucedieron otras historias: pobreza, drogas, violencia. Vidas destrozadas, que luchan por recuperarse, y cuentan con la ayuda de Cáritas u otras realidades eclesiales.

Francisco escuchaba, daba la mano, acariciaba a los niños. “Le agradezco la invitación", dijo, "yo también he sido invitado a la Jornada Mundial de los Pobres”. Hablando de forma espontánea, dijo: "Es una idea que nació de ustedes y ha crecido, y ahora estamos en nuestro quinto año”. "Es una idea que surgió de forma un poco extraña, en una sacristía: tenía que celebrar la misa y uno de ustedes, que se llama Étienne, ¿lo conocen? Es un 'enfant terrible' y me hizo una sugerencia: 'Hagamos un día de los pobres'. Salí y escuché que el Espíritu Santo me indicaba que lo hiciera. Así es como empezó, gracias al coraje de uno de vosotros".

“Les doy las gracias -dijo más adelante- porque han llegado aquí desde tantos países diferentes para vivir esta experiencia de encuentro y de fe. Y gracias", dijo, "al cardenal Philippe Barbarin. Se trata del arzobispo emérito de Lyon, que fue juzgado hace unos años, acusado de encubrir casos de abusos, pero luego fue absuelto definitivamente. El cardenal está en Asís junto a los pobres de Francia. Está entre los pobres -dijo el Papa, mirándolo-, también él ha sufrido la experiencia de la pobreza con dignidad. (Vivió) El abandono, la desconfianza, y se defendió con el silencio y la oración. Gracias, Cardenal Barbarin, por su testimonio, que edifica a la Iglesia. Decía que hemos venido a encontrarnos: eso es lo primero, ir al encuentro del otro con el corazón abierto y la mano tendida. Sabemos que cada uno de nosotros necesita del otro, y que incluso la debilidad, si la vivimos unidos, puede convertirse en una fuerza capaz de mejorar el mundo".

"La presencia de los pobres frecuentemente es vista con fastidio, y se la soporta; a veces se oye decir que son los pobres los responsables de la pobreza: ¡un insulto más! Con tal de no hacer un serio examen de conciencia sobre las propias acciones, sobre la injusticia de ciertas leyes y medidas económicas, un examen de conciencia sobre la hipocresía de los que quieren enriquecerse sin medida.. Se echa la culpa a los más débiles. Ya es hora de que los pobres vuelvan a tener la palabra, porque durante demasiado tiempo sus peticiones no han sido escuchadas. Es hora de abrir los ojos y ver el estado de desigualdad en el que viven tantas familias. Es hora de arremangarse para recuperar la dignidad creando puestos de trabajo. Es hora de volver a escandalizarse ante la realidad de los niños hambrientos, esclavizados, náufragos, víctimas inocentes de todo tipo de violencia. Es hora de que cese la violencia contra las mujeres y de que se las respete y no se las trate como mercancías. Es hora de romper el círculo de la indiferencia y descubrir la belleza del encuentro y del diálogo. Es hora de reunirse. Es hora de encontrarse. Si la humanidad, si los hombres y las mujeres no aprendemos a encontrarnos, nos dirigimos a un final muy triste".

En los testimonios, subrayó, "ustedes demostraron valor y sinceridad". "Hay algunas cosas que me han gustado especialmente y que me gustaría retomar de alguna manera, para hacerlas más mías aún y que se instalen en mi corazón. En primer lugar, he captado una gran sensación de esperanza. La vida no siempre ha sido amable con ustedes; es más, a menudo les ha mostrado un rostro cruel. La marginación, el sufrimiento de la enfermedad y la soledad, la falta de tantos medios necesarios no les han impedido mirar con ojos llenos de gratitud las pequeñas cosas que les han permitido resistir. Resistir. Esta es la segunda impresión que tuve y proviene justamente de la esperanza. ¿Qué significa resistir? Tener la fuerza de seguir adelante a pesar de todo, de ir contra la corriente. La resistencia no es una acción pasiva, al contrario, requiere el valor de emprender un nuevo camino sabiendo que dará sus frutos. Resistir significa encontrar razones para no rendirse ante las dificultades, sabiendo que no las vivimos solos sino juntos, y que solo juntos podemos superarlas. Resistir cualquier tentación de abandonar y caer en la soledad o la tristeza. Resistirse, aferrarse a la pequeña o poca riqueza que podamos tener. Pienso en la chica de Afganistán, con su frase lapidaria: mi cuerpo está aquí, mi alma está allí. Resistiendo con la memoria, hoy. Pienso en la madre rumana que habló al final: con dolor, esperanza y sin salida. Pero con una fuerte esperanza en sus hijos que la acompañan y le devuelven la ternura que recibieron de ella. Pidamos al Señor que nos ayude a encontrar siempre la serenidad y la alegría".

"Que este encuentro abra los corazones de todos nosotros para ponernos a disposición de los demás”, concluyó Francisco; “que abramos nuestros corazones para hacer de nuestras debilidades una fuerza que nos ayude a seguir en el camino de la vida, para transformar nuestra pobreza en una riqueza para compartir, y así mejorar el mundo".

Luego de los saludos, el Papa regresó al Vaticano en helicóptero, mientras Mons. Domenico Sorrentino, obispo de Asís, recibía a los pobres que luego participaron de un almuerzo.

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