La campaña de AsiaNews en apoyo de las escuelas católicas libanesas
de Dario Salvi

La crisis económica amenaza con hundir el sistema educativo del país de los cedros y la red de más de 300 institutos vinculados a la Iglesia. Se necesitan fondos para los salarios de los profesores y para cubrir los gastos, desde la electricidad hasta la calefacción. Según el P. Youssef, surge un nuevo fenómeno: el abandono escolar. Hay que proteger las escuelas para sostener la misión.


Beirut (AsiaNews) - Con la crisis económica en el Líbano, está en peligro el sistema educativo y la centenaria red de escuelas católicas, que además de ofrecer un excelente nivel de educación son un lugar de encuentro privilegiado para jóvenes cristianos y musulmanes. La situación es dramática, como confirma el secretario general de las escuelas católicas, el padre Youssef Nasr, quien también se desempeña como coordinador de los institutos privados del país. Las escuelas no pueden hacer frente a los gastos, que van desde los costes de gestión hasta los sueldos de los docentes. Las arcas de las escuelas se vacían ante el aumento de precios debido a la inflación y la devaluación de la moneda. Por primera vez, surge con fuerza el problema del "abandono escolar", alimentado por los dos años de cierres y clases a distancia a causa de la pandemia de Covid-19. Para responder a la emergencia educativa, AsiaNews lanza una campaña en apoyo de las escuelas católicas y la educación de los jóvenes libaneses cristianos y musulmanes.

A continuación, una entrevista con el padre Youssef, seguida de los datos para efectuar las donaciones:

¿Cuál es la situación de las escuelas católicas en el Líbano?

Nos enfrentamos a una crisis muy dura, empezando por la parte económica, que comenzó en octubre de 2019, y cuyas consecuencias ahora se ven claramente en las escuelas. Y esto se origina en dos factores: ante todo, en el valor de la moneda libanesa, la lira, que se ha desplomado en comparación con el dólar [hoy un dólar vale 23.000 libras libanesas, antes de la crisis 1500]. Además, los salarios no han variado, pero con la devaluación, el poder adquisitivo ha caído en picada. Estos factores han impactado seriamente en las escuelas: por un lado, el salario de un docente no vale nada y, los maestros y profesores piden un aumento para poder vivir dignamente. Por otro lado, están los gastos de funcionamiento: desde la calefacción hasta la electricidad, que tenemos que proporcionar nosotros mismos con generadores. Antes, 20 litros de combustible costaban 20.000 libras libanesas, hoy cuestan 320.000, y esto tiene un enorme impacto en los balances.

 

¿Cuál es el valor de la educación católica en una nación compleja, tanto desde el punto de vista étnico como confesional?

En el Líbano tenemos más de un millón de estudiantes. Este año, 250.000 asisten a escuelas estatales, menos del 30%. Los otros 800.000, más o menos, van a colegios privados (el 70%) y nosotros, como católicos, tenemos unos 200.000 alumnos en 330 institutos de diversos tipos y niveles, en todo el país. De ellos, 90 están parcialmente subvencionados: el Estado paga un millón de libras al año para contribuir a los costes, el millón restante lo pagan los padres en forma de matrícula. Sin embargo, dos millones ya no alcanzan hoy en día. Se necesitan 10 millones y los fondos no son suficientes. El problema no es la calidad de la educación, sino poder continuar. No obstante, el primero de septiembre conseguimos iniciar el ciclo escolar tras los cierres impuestos por la pandemia de Covid-19. El reto es continuar.

La Iglesia libanesa insiste en salvaguardar las instituciones. ¿Por qué son tan importantes?

La misión de la Iglesia en materia de educación comenzó en 1736, con el gran concilio libanés, que se celebró en el convento de Louaizé. Desde entonces, varias órdenes, occidentales y orientales, desde los jesuitas hasta los franciscanos, se han comprometido con esta misión educativa. Un esfuerzo que precedió al nacimiento del Estado libanés [la independencia llegó en 1943, ed] y que continúa en la actualidad, gracias a la labor de unas 60 congregaciones católicas activas en el sector: marianistas, maronitas y antonitas, entre otras. 

 

¿Los institutos también han favorecido, con el correr del tiempo, el diálogo y la integración islámico-cristiana?

Sin duda, la escuela católica es un espacio común para todos los libaneses. El 27% de nuestros alumnos son musulmanes. Por tanto, nuestra misión no solo es educativa sino también social: está al servicio de todo el país. Por poner un ejemplo: en una escuela del sur, dirigida por las monjas antonianas maronitas de Nabatiye, el 95% de los alumnos son musulmanes, y la institución tiene más de dos mil estudiantes. Brinda una misión a nivel del Estado, porque favorece el intercambio entre cristianos y musulmanes. En otra que está situada en la Bekaa, de las hermanas de Don Bosco, más del 70% son musulmanas porque es una zona de mayoría islámica. Tenemos la tarea de salvaguardar estos establecimientos, especialmente los de la frontera, porque aseguran la presencia cristiana y son esenciales para combatir el fenómeno de la migración. 

 

¿Cómo viven esta situación las familias y los estudiantes?

El fenómeno del abandono escolar está surgiendo con fuerza: muchos jóvenes han perdido la esperanza. Buscan un trabajo para ayudar a las familias en dificultades, creen que estudiar no sirve de nada... ¡una sensación nueva y extraña! Aquí es donde se juega el futuro del Líbano: a causa del coronavirus estuvimos parados durante casi dos años, pero ahora la vuelta a la presencialidad nos revitaliza. Hay que hacer frente a la crisis económica, el verdadero obstáculo y el mayor reto para las generaciones venideras.  

AsiaNews quiere promover una campaña de ayuda a las escuelas católicas libanesas: ¿quieres difundir un llamamiento a adherir a esta iniciativa?

Los libaneses estamos muy ligados a la educación, al valor que nuestros institutos han adquirido con el correr del tiempo. A todos los que puedan colaborar, les pedimos que nos ayuden a superar este momento, que no durará para siempre. Proteger nuestras escuelas también significa apoyar nuestra misión. Se requieren fondos para los salarios de los docentes, para que puedan vivir dignamente, y recursos para cubrir los gastos, desde el combustible hasta el material escolar. 

 

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