Las luchas internas en el Partido Comunista Chino: Xi Jinping no lo controla todo
de Wei Jingsheng

Las divisiones surgieron antes y después del VI Pleno del PCC. El presidente no tuvo más remedio que ceder a la oposición interna, ya que no logró imponer su versión de la tercera "resolución histórica". El caso de la tenista Peng Shuai fue manipulado para atacar a Zhang Gaoli. Los chinos no aceptan el modelo dictatorial de Xi. Una reflexión del "padre de la democracia" china, actualmente exiliado en los Estados Unidos.


Washington (AsiaNews) - El VI Pleno del Comité Central del Partido Comunista Chino (PCC) adoptó una extraña "resolución histórica". Aunque imita las dos anteriores, no guarda semejanzas con ellas. Si hubiera respetado el formato de los documentos de Mao Zedong y Deng Xiaoping, la de Xi habría desautorizado las resoluciones de los antiguos líderes y hubiera creado un núcleo de conducción y una nueva hoja de ruta para el futuro.  Ya es tradición del Partido manipular la historia para afirmar una grandiosa imagen de sí mismo. Y esta era, también, la intención de Xi.

Lamentablemente para el presidente chino, en el seno del PCC no se respira el mismo clima que en las dos últimas resoluciones históricas, ni Xi tiene el prestigio de Mao y Deng; por no hablar de la ausencia de un camino futuro consensuado con todo el Partido. En vísperas del sexto Pleno, ya había un fuerte desacuerdo dentro del grupo de dirigentes sobre el contenido de la tercera resolución. De hecho, se presentaron más de 500 opiniones y aportes para realizar cambios fundamentales en el texto.

El asesor de Xi, Li Zhanshu, no pudo suprimir a la oposición. El propio Xi condujo el equipo a cargo de la redacción del documento, pero no pudo imponer el texto que quería. Todos estos fracasos demuestran que Xi no lo controla todo: es la propaganda oficial la que procura instalar esta creencia en los medios de comunicación extranjeros y la opinión pública, pero no es la situación real.

Antes del Pleno, la lucha interna en el seno del PCC era desconocida para el mundo exterior. Los informes publicados al final de la sesión plenaria muestran que la disputa sobre el texto fue muy feroz. Al final fue un fracaso para Xi, y las luchas internas en el Partido alcanzaron un nuevo pico.

En efecto, hace tiempo que hay indicios de enfrentamientos en el seno del Partido. Zhang Gaoli, el único hombre fuerte y cuerdo de la facción de Jiang Zemin, fue el que más se opuso a la negación del legado de Deng Xiaoping y Jiang Zemin. Por ello, su amante -la tenista Peng Shuai- se quejó de él en las redes sociales. Originalmente se trataba de una disputa amorosa muy personal, pero los medios de comunicación manipularon el caso para darle un tono político.

A medida que las organizaciones internacionales y los medios de comunicación se hacían oír, el caso se convirtió en un gran escándalo que humilló al régimen comunista y perjudicó los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebrarán en Beijing en febrero del año próximo. Se podría decir que Xi levantó una piedra que terminó cayendo en su propio pie. No sabe cómo responder, si avanzar o retirarse de escena.

Ahora también se dice que Xi tendría un hijo ilegítimo. Un caso de este tipo, sumado a una acusación de corrupción por billones de dólares, llevó a la dimisión (de la autoridad anticorrupción) del actual vicepresidente Wang Qishan. ¿Todo este estruendo llevará a Xi a dar el mismo paso? Es difícil decirlo, pero el ambiente es muy desfavorable para el presidente.

Wang presentó su renuncia en 2017 porque quería ganar liderazgo, y el área de anticorrupción era una oportunidad para aumentar su prestigio y llevar a cumplimiento los ideales del ex primer ministro Zhu Rongji. Una combinación de factores internos y externos hizo fracasar su plan. Ahora es vicepresidente, pero carece de todo poder.

La situación en que se encuentra Xi es todavía peor. Ofendió a la élite del partido, al gobierno, a los militares, a los académicos y a los círculos empresariales, pero sin ofrecer nada bueno a los ciudadanos de a pie. Intentó negar la corriente reformista de Deng y Jiang y propagó la línea dictatorial de Mao. Es difícil que todo el PCC y el país entero lo acepten. Por lo tanto, se vaticinaba que la facción opositora a Xi triunfaría en el Pleno.

Xi quiere revivir el sistema tradicional del emperador; como es lógico, tiene que aceptar el "modelo chino" de Deng Xiaoping, que es la política autocrática tradicional para gestionar la economía de mercado. Pero la dictadura de partido único del PCC es un modelo de servidumbre feudal, y no puede combinarse con otro modelo más avanzado. Sin el legado y el apoyo de la ideología confuciana, el modelo de Deng no ha ganado legitimidad, y además ha heredado una mega corrupción..

Xi creía que el camino de Mao, el de la autocracia extrema y la dictadura personal, se ajustaba a las características chinas y podría obligar a la gente común a obedecer. Pero los chinos de hoy no son el pueblo obediente de la época anterior al Qing, y las élites actuales no creen en el Neo-Confucianismo (de las dinastías Song y Ming). Sentémonos y disfrutemos de nuestros melones, mientras seguimos viendo este hermoso espectáculo.

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