Francisco a las autoridades de Sri Lanka: no ignoren el grito de los pobres

Tras el asalto de ayer al palacio presidencial y el anuncio de la renuncia de Rajapaksa el Papa pidió al terminar el Ángelus que no se olvide a los pobres. En el “Domingo del mar” recordó también “a los marinos que se encuentran varados en zonas de guerra, para que puedan volver a casa”.

 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Tras el asalto de ayer al palacio presidencial de Colombo, durante una de las mayores protestas contra el gobierno que ha vivido Sri Lanka desde que comenzó la crisis económica, y el posterior anuncio del presidente Gotabaya Rajapaksa de que dimitirá el 13 de julio, el Papa Francisco volvió a pedir por la paz en el país. Al concluir el Ángelus de hoy, ante una plaza de San Pedro abarrotada de peregrinos dijo “Me uno al dolor del pueblo de Sri Lanka, que sigue padeciendo los efectos de la inestabilidad política y económica. Junto con los obispos del país, renuevo mi llamamiento a la paz y pido a las autoridades que no ignoren el clamor de los pobres y las necesidades de la gente”.

“Deseo dirigir un pensamiento especial al pueblo de Libia, especialmente a los jóvenes y a todos los que sufren a causa de los graves problemas sociales y económicos del país -dijo el Papa a continuación-. Exhorto a todos a buscar de nuevo soluciones convincentes, con la ayuda de la comunidad internacional, a través del diálogo constructivo y la reconciliación nacional”. El pontífice no dejó asimismo de renovar su oración y “cercanía al pueblo ucraniano, atormentado a diario por brutales ataques cuyas consecuencias paga la gente común”. “¡Que Dios muestre el camino para poner fin a esta guerra absurda!”, agregó. Francisco se refirió luego al "Domingo del mar" que se celebra hoy y recordó a todos los trabajadores de la industria marítima, así como a los numerosos capellanes y voluntarios de "Stella Maris": "Encomiendo a la Virgen a los marinos que se encuentran varados en zonas de guerra, para que puedan volver a casa".

Antes de rezar el Ángelus, el Papa Francisco había comentado el Evangelio de la liturgia dominical, que hoy propone la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37). En un camino de paso, donde yace un hombre brutalmente golpeado y robado, fue un samaritano quien lo vio, se compadeció de él y se detuvo para ayudarlo. “No olvidemos estas palabras: “tuvo compasión”; eso es lo que siente Dios cada vez que nos ve en dificultades, en pecado, en una miseria: “tiene compasión”, dijo el Papa. Al evangelista, continuó, le interesa señalar que estaba de viaje. "Por tanto, aquel samaritano, a pesar de tener sus propios planes y de dirigirse a una meta lejana, no busca excusas y se deja interpelar por lo que sucede a lo largo del camino". “Es significativo que los primeros cristianos fuesen llamados “discípulos del Camino” (cfr. At 9,2) -explicó-. Efectivamente el creyente se parece mucho al samaritano: como él, está de viaje, es un viajero. Sabe que no es una persona “que ha llegado”, y desea aprender todos los días siguiendo al Señor Jesús, que dijo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6)".

Siguiendo las huellas de Cristo, todo hombre está llamado a convertirse en caminante y a aprender, como el Samaritano, a "ver" y a "tener compasión". El Papa subrayó el verbo "ver": "El Evangelio nos educa a ver: guía a cada uno de nosotros a comprender rectamente la realidad, superando día tras día ideas preconcebidas y dogmatismos". En segundo lugar, "seguir a Jesús nos enseña a tener compasión, a estar atentos los demás, sobre todo al que sufre, al más necesitado, y a intervenir como el samaritano". Para no quedarnos solo en culpar a los demás o a nosotros mismos, el Santo Padre invita a pedirle al Señor "que nos haga salir de nuestra indiferencia egoísta y que nos ponga en el Camino. Pidámosle que nos haga ver y tener compasión (...) de los que encontramos en el camino, sobre todo de los que sufren y están necesitados". Al respecto, el pontífice recordó luego un diálogo recurrente con quienes se acercan a conversar con él y hablan sobre el tema de la limosna: “Si das limosna sin tocar la realidad, sin mirar a los ojos al necesitado, esa limosna es para ti, no para él -explicó-. Piensen en esto: ¿Yo toco las miserias, miro a los ojos a las personas que sufren, a las personas a las que ayudo? Esta es la oración que les propongo hoy: Señor, que yo vea, que tenga compasión, como tú me ves a mí y tienes compasión de mí”.