Pashinián: los obstáculos en el camino hacia la paz en Nagorno Karabakh
de Vladimir Rozanskij

El primer ministro armenio habló en una entrevista sobre los problemas que quedan abiertos tras la reunión en Washington entre los cancilleres de Ereván y Bakú. “El reconocimiento mutuo de la integridad territorial debe incluir también los derechos de los armenios de Artsaj. Reducir las distancias entre las posiciones no es suficiente para llegar a un acuerdo”.

 


Ereván (AsiaNews) - El primer ministro armenio Nikol Pashinián concedió una entrevista a Radio Azatutyun durante su visita a Praga en los últimos días, e intentó explicar cuáles son realmente las dificultades que se deben superar en las negociaciones y que fueron el tema central de las reuniones en Washington entre los cancilleres de Armenia y Azerbaiyán, con la mediación estadounidense.

En Praga, y anteriormente en Sochi, se estableció el principio de que los dos países en conflicto reconocían recíprocamente la integridad territorial del otro, pero esto no se pudo traducir en un tratado de paz definitivo. Pashinián pide que “Azerbaiyán reconozca 29.800 kilómetros cuadrados de nuestro territorio, que incluye Nagorno Karabaj”, respetando los derechos de la población armenia que vive allí.

El primer ministro de Ereván observa que "cualquier acuerdo, aunque se haya redactado de manera impecable, admite lecturas diferentes de las partes: ¿cómo se hace para llegar a una lectura unificada?". Para observar las condiciones de paz, se requiere una cuidadosa elaboración de los mecanismos locales e internacionales, especialmente en lo que se refiere a la retirada y posicionamiento de los ejércitos sobre el terreno, con la delimitación compartida de una "zona desmilitarizada". “Si antes la distancia entre las partes era de un kilómetro y ahora es de 990 metros, esto ya es un avance, pero no cambia realmente el estado de las cosas”.

Armenia intenta que se aborde el debate sobre la seguridad y los derechos de los armenios de Artsaj -como ellos llaman a la región- en una tratativa directa entre Bakú y Stepanakert, la capital de Karabaj, con una representación política propia, pero esta no es reconocida por los azeríes. Sin este diálogo, los esfuerzos de las fuerzas de paz rusas son en vano, lo mismo que invocar la protección de Francia o Estados Unidos. Eso fue lo que se discutió en Washington, y Pashinián espera que las negociaciones puedan continuar en Moscú, negando que haya proyectos occidentales opuestos a los rusos. "A veces leo noticias o entrevistas en los periódicos que me hacen pensar que me estoy perdiendo algo, aunque yo sea el primer ministro", comentó.

Efectivamente, en las discusiones resuenan "enfoques diferentes", pero después hay que evaluar lo que se pone por escrito, como la propuesta que presentaron los rusos en agosto de 2022 y fue rechazada por Azerbaiyán: "No hemos visto otras propuestas sobre la mesa, de parte de Moscú, ni tampoco en el encuentro de Sochi”. Bakú, por su parte, ha dirigido una petición a la ONU para que Armenia restituya "los ocho pueblos que todavía siguen ocupados", pero Ereván responde que "Azerbaiyán ha ocupado a su vez otros pueblos armenios", y el objetivo sería llegar a una restitución recíproca de estos centros habitados.

Como explica Pashinián, “los pueblos no son solo edificios de las administraciones locales, son personas y familias que viven en Berkaber, Vazashen, Ajgeovit y Paravakar. Si los azeríes los devuelven, nosotros también estamos dispuestos a hacerlo, pero no a desaparecer; habrá que decidir las zonas donde se establecerán las fuerzas de control; en definitiva, debemos trazar las fronteras”. Primero se firma el acuerdo de paz, después comenzarán los desplazamientos y las nuevas delimitaciones, pero "Aliev no parece dispuesto a darle a Nagorno Karabaj una verdadera autonomía, tal como repetía durante la guerra de los 44 días".

Durante la campaña de las últimas elecciones que confirmaron a Pashinián al frente de Armenia el año pasado, en realidad su partido, Acuerdo Civil, afirmó que el objetivo era “la desocupación de Shusha y Gadruta, y la autodeterminación del pueblo de Artsaj”. Ahora, el primer ministro recuerda que “llevamos 30 años hablando de independencia y autodeterminación, pero muchas veces no logramos entender en profundidad cómo alcanzar ese objetivo”. Admite que se han cometido varios errores, y "eso no se debe a que los errores estén relacionados con el cargo que uno ocupa, sino porque somos humanos: si el Primer Ministro de Armenia fuera un dios, todos los problemas se resolverían en un instante".