Contra la crisis energ├ętica, el gobierno de Tashkent instala paneles solares (que no funcionan)
de Vladimir Rozanskij

Los ciudadanos y los empresarios se quejan de la iniciativa impuesta desde arriba, y los comerciantes deben correr con todos los gastos. Para los observadores, "esta es otra iniciativa propagandística" del presidente Shavkat Mirziyoyev, quien no es capaz de solucionar el déficit de electricidad e inventa nuevas fórmulas que sólo favorecen a "unos pocos empresarios cercanos al gobierno que tienen el monopolio"


Tashkent (AsiaNews) - En Uzbekistán se está llevando a cabo una campaña para instalar obligatoriamente paneles solares en todos los edificios públicos, hospitales, escuelas e incluso empresas privadas. Pero los dueños se quejan de que esta decisión la imponen desde arriba los "khokimy" (alcaldes) de las ciudades y los gobernadores regionales, sin legitimidad ni acuerdo previo. De hecho, en los edificios públicos los paneles se colocan a cargo del presupuesto del Estado, pero las empresas tienen que pagarlos de su bolsillo.

A las tiendas de comestibles que se niegan a colocar paneles solares les cortan el suministro eléctrico y los productos que tienen en las cámaras de congelación y refrigeradores se echan a perder, produciendo pérdidas muy superiores a los gastos de instalación. Las empresas instaladoras solo firman contratos con los empresarios recomendados por los khokimy, pero los ciudadanos también denuncian que no hay garantías de que los paneles, importados de China, vayan a durar mucho tiempo.

Muchos observan con amargura mal disimulada que "esta es otra medida propagandística" del presidente Shavkat Mirziyoyev, quien no es capaz de solucionar el problema del déficit energético en el país e inventa nuevas fórmulas que sólo favorecen "a unos cuantos empresarios cercano al gobierno”, según los rumores recogidos bajo el anonimato por los reporteros de Radio Ozodlik.

En Uzbekistán, todas las medidas referidas a la energía dependen del decreto genérico de Mirziyoyev del 16 de febrero "Sobre medidas para acelerar la adopción de fuentes de energía renovables y tecnologías de energía sostenible en 2023". Para cumplir con esta disposición se han invertido miles de millones de sum, con resultados deprimentes, como los paneles solares obligatorios que ni siquiera permiten alimentar un frigorífico.

Un comerciante de Ferghana cuenta que trató de ganar tiempo cuando los representantes de la empresa de electricidad vinieron a colocar los paneles sin aviso previo: “Pedí que nos dieran tiempo para calcular los gastos que deberíamos hacer, y ahora tengo toda la mercadería estropeada porque cortaron la electricidad”. La escena se repitió tres o cuatro veces más, hasta que el dueño de la tienda accedió a hacerse cargo de los gastos e instaló un panel que solo produce un kilovatio-hora de energía, por el que pagó 15 millones de sum (unos 2.000 euros) y debió pedir un préstamo bancario al 24% de interés.

El comerciante continúa explicando que “el kokhimat nos dijo que conocía una empresa muy buena para instalar los paneles, pero nos pidieron demasiado y decidimos llamar a los técnicos del mercado, a los que conocemos bien, que rápidamente hicieron el trabajo. Colocaron un acumulador que solo alcanza para una hora y media y, como mucho, permite mantener encendida una lámpara". En el gobierno municipal también hay muchos que están descontentos con la iniciativa impuesta "desde arriba", pero no pueden oponerse a las órdenes de Tashkent.

La mayoría de la gente considera que los paneles "del gobierno", son muy poco eficaces, y se necesitarían inversiones mucho mayores para instalar equipos capaces de producir energía suficiente, tanto en los edificios públicos como privados, por lo menos 5 kWh para las necesidades de una empresa mediana. Los inversores híbridos fabricados en Estados Unidos cuestan más de 1000 dólares cada uno, y cada panel cuesta 600-700 dólares, por no hablar de otra serie de gastos. Daría la impresión de que los "monopolistas" cercanos al presidente han comprado enormes cantidades de paneles de mala calidad que ahora tienen que revender de alguna manera.

Incluso las "empresas de instalación" son los mismos importadores de los paneles, y no tienen personal verdaderamente capacitado, de manera que su trabajo es bastante defectuoso, sin ninguna garantía de duración y resistencia, y tampoco se hacen responsables de los resultados.

Hasta los jardines de infancia de Kashkadary han sido cubiertos con paneles muy amontonados, y los maestros y el personal también se vieron obligados a colocarlos en los techos de sus casas, pero utilizando los servicios de la única empresa indicada por el khokim, quien explicó que "aquí no necesitamos competencia".