03/11/2021, 10.23
LÍBANO - ARABIA SAUDITA
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Beirut, campo de batalla en la lucha de poder entre Irán y Arabia Saudita

de Fady Noun

Los saudíes, los Emiratos, Kuwait y Bahréin retiraron a sus embajadores e interrumpieron sus relaciones con el Líbano. La polémica se desató tras las acusaciones del ministro libanés de Información contra Riad por la guerra en Yemen. El Presidente y el Primer Ministro piden la dimisión de Cordhai, quien goza de la protección política de una parte del mundo cristiano (y de Hezbolá). Preocupación en el Vaticano.

Beirut (AsiaNews) - Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait y Bahréin rompieron sus relaciones diplomáticas con el Líbano, retiraron a sus respectivos embajadores en Beirut y dieron 48 horas a los embajadores acreditados del Líbano para que abandonen sus países. Riad, el primero en tomar la iniciativa, también decidió el pasado viernes 29 de octubre detener todo el comercio con Líbano, incluidas las importaciones de verduras y legumbres, que son un elemento importante. Las monarquías del Golfo implicadas en la disputa llegaron a pedir a sus ciudadanos que se encuentran en Líbano que vuelvan a sus países. Sin embargo, Arabia Saudí también ha dejado claro que la ruptura de relaciones diplomáticas no afectará al estatus de los libaneses que trabajan en el reino wahabí. Se trata de unas 140.000 personas, cuyas transferencias de dinero mensuales son esenciales para sostener al país de los Cedros, en esta etapa de grave crisis económica. 

La crisis diplomática sin precedentes se produce tras las declaraciones del ministro libanés de Información, Georges Cordahi, quien criticó la intervención de Arabia Saudita en la guerra de Yemen. Durante una emisión televisiva del 5 de agosto, antes de su nombramiento al frente del ministerio (10 de septiembre), Cordahi calificó de "absurda" la continuación de la guerra en Yemen, en la que el gobierno (pro-saudí) reconocido por la comunidad internacional se enfrenta desde 2014 a los rebeldes chiíes Hutíes, cercanos a Irán. Llegó a decir que los insurgentes no hacían más que defenderse, “frente a una agresión externa”. 

Aunque el jefe de Estado, Michel Aoun, y el primer ministro Nagib Mikati tomaron distancia de las declaraciones del ministro de Información, todo fue en vano. Mikati se mostró "profundamente apenado" por la decisión de Riad y dijo que las palabras del ministro de Información "no reflejan en absoluto la posición del gobierno". A continuación, si bien tácitamente, en dos ocasiones invitó a Cordahi a presentar su renuncia. Sin embargo, el ministro de Información se negó categóricamente a dimitir, a sabiendas de que goza del  apoyo del pequeño partido cristiano Marada (pro-sirio) y de Hezbolá. Además, Cordahi dijo que sus comentarios reflejan su "opinión personal", y se negó a pedir disculpas por sus declaraciones.

Para los expertos, la crisis va más allá de las palabras del ministro y refleja la actual lucha de poder entre el Irán chiíta y la Arabia Saudita suní, a la que el propio Líbano se ve obligado a pagar un alto precio. "No hay ninguna crisis con el Líbano, pero sí hay una crisis en Líbano", fueron las palabras del ministro de Asuntos Exteriores saudí, Fayçal ben Farhan, en declaraciones a la cadena de televisión satelital Al-Arabiya. En diálogo con CNBC, dijo que "tratar con el Líbano y su actual gobierno no es productivo ni útil debido al constante dominio de Hezbolá en la escena política". Arabia Saudita también acusa a Hezbolá de utilizar el Líbano como un centro operativo para inundar el reino con píldoras de Captagón (fenetilina) y debilitar su resistencia interna.

El Primer Ministro Mikati, que asiste a la cumbre sobre el cambio climático (COP26) que se celebra en Glasgow, estuvo en contacto con líderes árabes y occidentales para defender la causa del Líbano. Entre estos líderes se encuentran el presidente francés Emmanuel Macron y el secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken. El jefe de Estado francés expresó que "la estabilidad económica y política en Líbano" es importante para París. De hecho, ni Francia ni Estados Unidos quieren la dimisión o la parálisis de un gobierno cuyo nacimiento llevó tantos meses de esfuerzo. Además, dijo, el gobierno es un garante esencial -junto con el ejército- de la estabilidad en una nación que, de otro modo, estaría al borde del colapso.

Al parecer, Washington decidió entablar una mediación entre Arabia Saudita y Líbano. Su intervención, al igual que la de Francia, es de vital importancia: el reino wahabí y sus vecinos del Golfo son los principales donantes en los que se apoyan los socios del Líbano para dar una bocanada de oxígeno al gobierno.

Por otro lado, según la agencia Lebanon debate, el Vaticano decidió enviar al cardenal Pietro Parolin a Beirut, en un intento de comprender mejor la crisis y el papel del patriarca maronita, Beshara Raï, para calmar las aguas.

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