16/06/2021, 12.01
LÍBANO
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Beirut, el sínodo de la Iglesia maronita busca dar esperanza y solidaridad

de Fady Noun

Del 14 al 19 de junio se reúnen casi cuarenta obispos del Líbano, del mundo árabe y de la diáspora. Una cita que precede al encuentro ecuménico del primero de julio, convocado por el Papa. Entre los temas a tratar figuran la cuestión social, la crisis económica y financiera, la liturgia, los seminarios y la formación de los sacerdotes. 

Beirut (AsiaNews) -  La Iglesia maronita ha comenzado su sínodo anual (del 14 al 19 de junio de 2021) en presencia de unos cuarenta obispos del Líbano, del mundo árabe y de la diáspora. Las reuniones continuarán a lo largo de esta semana y se cerrarán el fin de semana con la publicación de un comunicado final. La agenda del encuentro incluye una serie de temas de carácter interno: la liturgia, los seminarios y la formación de los sacerdotes, la situación de las diócesis de ultramar, y la grave cuestión social -un desafío que la Iglesia maronita trata de afrontar, y que radica en la crisis económica y financiera. Por último, la llamada cuestión "nacional": la campaña del Patriarca maronita a favor de la proclamación de la neutralidad positiva del Líbano y la celebración de una conferencia internacional auspiciada por las Naciones Unidas y dedicada internamente al Líbano. 

En el discurso de apertura del encuentro, el Patriarca Beshara Raï subrayó que los días de retiro espiritual que precedieron al sínodo "reforzaron nuestras convicciones de que la Iglesia maronita es una Iglesia de esperanza y que ella camina con su pueblo con esta virtud". Luego se refirió de manera especial a la "solidaridad [...] que protege a la comunidad de la desintegración, de vagar sin rumbo y perderse". 

Teniendo en cuenta los peligros evocados hasta ahora por el Patriarca, cabe esperar, pues, que los trabajos del Sínodo se centren más en la situación de la Iglesia maronita en el Líbano que en las diócesis de la diáspora. El Patriarca insistió en la palabra "esperanza", y en su discurso introductorio se refirió al título de la Exhortación Apostólica "Una nueva esperanza para el Líbano", publicada el 17 de mayo de 1997, tras el sínodo de 1995 celebrado en Roma y presidido por San Juan Pablo II. 

Un observador atento señala que se está invitando a las Iglesias del Líbano a volver al espíritu de esta exhortación, aunque no a su texto completo. Verdadera lección de convivencia, esta exhortación precisaba entonces: "Habiendo convivido durante largos siglos, a veces en paz y colaboración, a veces en confrontación y conflicto, los cristianos y los musulmanes del Líbano deben encontrar en el diálogo el camino indispensable para la aceptación y la construcción de la sociedad, respetando las sensibilidades de los individuos y de las diferentes comunidades”. Y añade: "Los libaneses no deben olvidar esta larga experiencia de relaciones, que están llamados a reanudar incansablemente por el bien de las personas y de toda la Nación. Para los hombres de buena voluntad, es impensable que los miembros de una misma comunidad humana, que viven en la misma tierra, lleguen a desconfiar unos de otros, a oponerse y a excluirse en nombre de sus respectivas religiones".

Recordamos que el sínodo sobre el Líbano se celebró en presencia de representantes de las Iglesias católicas orientales, pero también de "observadores fraternales" del mundo ortodoxo y de representantes de las tres comunidades libanesas: suní, chií y drusa. 

 

Inseguridad alimentaria

Además, el Patriarca no dejó de denunciar en su nota introductoria - no encontrando ya, en sus homilías, palabras lo suficientemente fuertes - lo que llama la "negligencia de los responsables, que bloquean el poder ejecutivo y las capacidades económicas y financieras del Estado". O, de nuevo, el hecho de que "la mitad de los libaneses viven en condiciones de inseguridad alimentaria" o, por último, la generalización de un caos que se extiende progresivamente a la administración, las fronteras, el puerto y el aeropuerto, así como el agravamiento del movimiento migratorio, especialmente de los jóvenes.

Ni hace falta recordar que la lira libanesa ha perdido ya el 90% de su valor, que los alimentos y el material médico están monopolizados por los importadores y que peligran algunos elementos de la atención primaria vital -como los tratamientos de diálisis. La leche en polvo ha desaparecido de las estanterías de las farmacias. Aumentan los pedidos de ayuda alimentaria en forma de arroz o azúcar: de los empleados públicos, cuyos sueldos ya no superan los 30 dólares de valor, o de empleados que se encuentran sin trabajo de la noche a la mañana, y que tienen que esperar varias horas para llenar un depósito de gasolina mientras los políticos sopesan, durante semanas enteras, los pros y los contras de cada nombramiento ministerial. 

Por último, en el marco de la “cuestión nacional”, el sínodo también debería abordar el encuentro ecuménico a celebrarse en Roma el primero de julio, por iniciativa del papa Francisco, y al que están invitados todos los líderes religiosos de las iglesias católicas, ortodoxas y protestantes presentes en el Líbano. 

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