24/02/2022, 14.08
VATICANO
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El Papa, con motivo de la Cuaresma: ‘No nos cansemos de hacer el bien’

El mensaje del pontífice para el tiempo de preparación para la Pascua: "No nos cansemos de orar, de extirpar el mal de nuestra vida, de pedir perdón en el sacramento de la Reconciliación. Que esta sea una ocasión propicia para superar nuestra dependencia de los medios digitales y para buscar, y no evitar, a los necesitados".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “Frente a la amarga desilusión por tantos sueños rotos, frente a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios, tenemos la tentación de encerrarnos en el propio egoísmo individualista y refugiarnos en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás”. Es precisamente en respuesta a esta actitud, que “la Cuaresma nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Señor”, escribe el Papa Francisco en su mensaje con motivo de la Cuaresma 2022, que fue difundido hoy por la Oficina de Prensa de la Santa Sede. 

En el texto, el Pontífice reflexiona partiendo de una cita bíblica, un versículo de la carta de San Pablo a los Gálatas:«No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a).  Francisco retoma la imagen de la siembra, evocada por el apóstol. “Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia” -escribe el Papa- “el deseo de tener, de acumular y de consumir”. “La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir”. Esta siembra también se refiere a una cosecha. “Pero, ¿de qué cosecha se trata? Un primer fruto del bien que sembramos - responde el papa -lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los más pequeños gestos de bondad”. “Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificación para la salvación de todos”.  Pero los frutos van más allá de nosotros: sembrar el bien para los demás “nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios”. Sin olvidar que “la siega más verdadera es la escatológica, la del último día, el día sin ocaso”.

En efecto, la Cuaresma nos recuerda que sólo la resurrección de Cristo anima nuestras esperanzas terrenales. “Frente a la amarga desilusión por tantos sueños rotos – prosigue el papa-, frente a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios, tenemos la tentación de encerrarnos en el propio egoísmo individualista y refugiarnos en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás” “Sólo con los ojos fijos en Cristo resucitado podemos acoger la exhortación del Apóstol: ‘No nos cansemos de hacer el bien’".

No nos cansemos de orar” -dice Francisco. “Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad. Nadie se salva solo”, “pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte”. Y también, “no nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar”. “No nos cansemos de luchar contra la concupiscencia, esa fragilidad que nos impulsa hacia el egoísmo y a toda clase de mal”.

En este sentido, Francisco también advierte contra la “dependencia de los medios de comunicación digitales, que empobrece las relaciones humanas. La Cuaresma es un tiempo propicio para contrarrestar estas insidias y cultivar, en cambio, una comunicación humana más integral, hecha de encuentros reales, ‘cara a cara’. El papa continúa diciendo: “No nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo. Durante esta Cuaresma practiquemos la limosna, dando con alegría”. “La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar —y no evitar— a quien está necesitado; para llamar —y no ignorar— a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar —y no abandonar— a quien sufre la soledad. Pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar a los más pequeños e indefensos, a los abandonados y despreciados, a quienes son discriminados y marginados”.

“El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda”, concluye el Papa Francisco. Tenemos la certeza en la fe de que si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos”. “Que la Virgen María nos obtenga el don de la paciencia y permanezca a nuestro lado con su presencia maternal, para que este tiempo de conversión dé frutos de salvación eterna”.

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