30/05/2023, 13.43
PUERTA DE ORIENTE
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Humo y neoplasias: el petróleo sostiene la economía, pero mata a los iraquíes

de Dario Salvi

El fenómeno del flaring -la quema del gas en los yacimientos- se está convirtiendo en una emergencia sanitaria. Los primeros informes de casos proceden de los campos de refugiados en Kurdistán, pero el aumento de la incidencia de tumores afecta a toda la población. P. Samir: “Cada día nos enteramos de nuevos casos”, hace falta una “campaña de sensibilización y prevención” pero no hay fondos.

 

Milán (AsiaNews) - Para el gobierno de la región autónoma del Kurdistán iraquí la cuestión de los excedentes de extracción del petróleo, que se queman porque los costes alternativos de eliminación son insostenibles, sigue siendo una prioridad. Sin embargo, los objetivos en términos de protección del medio ambiente todavía están lejos, y mientras tanto las personas se enferman y mueren. La incidencia de los tumores registra cifras cada vez mayores aunque todavía se subestima la extensión del fenómeno y muchas veces las neoplasias se mantienen ocultas por miedo durante mucho tiempo, y se descubren cuando las posibilidades de tratamiento ya son escasas, en el contexto de una emergencia que es a la vez ecológica y sanitaria. “La práctica generalizada de quemar petróleo crudo - cuenta a AsiaNews el P. Samir Youssef, párroco de Enishke, en la diócesis de Amadiya - ocurre sobre todo en los centros de Dohuk y Erbil. Durante la noche es común ver las llamas en los lugares de extracción, pero también lo hacen aquí, en Amadiya. El tema es conocido aunque nadie habla de eso. Sólo sabemos que todos los días nos enteramos de nuevos casos de cáncer en jóvenes, mujeres y ancianos”.

Flaring y neoplasias

El gas flaring (o quema de gas) es una práctica que consiste en quemar -sin beneficios en términos de producción de energía- el exceso de gas natural que se extrae junto con el petróleo, y que resultaría demasiado costoso utilizar porque requiere una infraestructura adecuada. El gas genera una llama sobre las torres, claramente visible incluso a kilómetros de distancia. La práctica está muy extendida en plantas industriales de petróleo, productos químicos y gas natural y no solo en los lugares de producción de petróleo crudo, en tierra y en alta mar. Médicos y habitantes de la zona están convencidos de que el aumento de las neoplasias, sobre todo en el campo de refugiados de Kawergosk, en las afueras de Erbil, está relacionado precisamente con el flaring en una refinería cercana de Kar Group, la mayor empresa privada en el sector energético. Un estudio publicado el año pasado en el Asian Pacific Journal of Cancer Prevention (Apjcp) relevó que el número de pacientes con cáncer se duplicó entre 2013 y 2019 en Erbil y Duhok y, en general, en el norte de Irak. Los expertos explican que este fenómeno está relacionado con la recuperación de la producción en las instalaciones petroleras que hay en toda la región cuando terminó el conflicto con el Estado Islámico (EI, ex Isis), mientras el Gobierno central de Bagdad sigue apostando a los hidrocarburos para impulsar la economía nacional.

Sólo recientemente algunos habitantes de la región kurdo-iraquí, especialmente los que se encuentran en los centros de acogida, han querido compartir o hacer públicas sus historias clínicas que muestran diagnósticos que van desde trastornos respiratorios -en formas leves o graves- hasta cáncer. Por otra parte, durante las guerras del Golfo de 1991 y 2003, se lanzaron en Irak unas 1.200 toneladas de municiones, lo que hace difícil distinguir entre los casos de cáncer causados ​​por el flaring y los originados por el uranio empobrecido que dejaron los bombardeos masivos. La última emergencia sanitaria, en orden cronológico, son las sustancias químicas peligrosas, como el benceno que amenaza sobre todo a los 8 mil habitantes del centro de Kawergosk. “La conciencia del problema es muy débil”, excepto por “algunos artículos en los medios”, dice el p. Samir. Y no sólo afecta a los refugiados de los centros, porque incluso entre la población cristiana, yazidí y kurda hay un notable aumento de tumores: "La esposa de mi hermano y un joven de la parroquia están enfermos de cáncer -continúa el sacerdote- y hay muchos otros casos en las ciudades, especialmente en Dohuk. Se culpa al tabaco, pero el joven de la parroquia no fuma y ​​mi cuñada tampoco. Un médico que conozco me confirmó que es mucho mejor vivir lejos de Dohuk o de Erbil” porque están cerca de los pozos “donde se quema petróleo”.

Las cifras de la emergencia

El cáncer y los nacimientos prematuros no son los únicos motivos de preocupación. Según un estudio de Global Pediatric Health, los virus respiratorios tienen casi el doble de prevalencia entre los niños menores de 15 años en las zonas administradas por el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) que en el vecino Irán. Las autoridades de Erbil habían enviado una directiva a las empresas petroleras para que eliminaran progresivamente el flaring antes de 2023, dándoles un plazo de 18 meses para hacerlo. Sin embargo, según las cifras contenidas en el informe de Environmental Reporting Collective (ERC), la situación se mantuvo igual en el período comprendido entre 2018 y noviembre de 2022. Además, según datos del Banco Mundial, Rusia es el país que quema la mayor cantidad de gas natural a nivel mundial, con una cifra de 24.880 millones de metros cúbicos por año desde 2020. Irak le sigue de cerca, con 17.370 millones de metros cúbicos. Sin embargo, el análisis de ERC muestra que la población iraquí, en promedio, se encuentra mucho más cerca de los yacimientos que la rusa. Desde octubre de 2018 al menos 1,19 millones de personas en Irak han vivido a menos de un kilómetro de al menos 10 episodios de flaring. En Rusia "solo" 275.000 personas han experimentado el mismo nivel de exposición. El Gobierno regional kurdo, a través del viceministro de Recursos Naturales Ahmed Mufti, afirma que ha incluido el flaring en la agenda, calificándolo como una "prioridad". Sin embargo, insiste en señalar que la meta "cero" es imposible, porque la economía local está vinculada a la industria del petróleo y el gas. “Kurdistán -comenta- tiene mucho éxito, y reivindico la palabra éxito, en la gestión del flaring, mitigando sus niveles dentro de las posibles opciones”. Palabras que, sin embargo, quedan desmentidas por los hechos: sobre todo, la imposibilidad de alcanzar los objetivos fijados por las propias autoridades de Erbil.

La (falta de) prevención

El Banco Mundial calcula que Irak literalmente hace humo alrededor de 17 mil millones de metros cúbicos de gas al año, por un valor aproximado de 8 mil millones de dólares. Esta práctica provoca graves daños en el medio ambiente y se extiende desde la región kurda -donde se concentran los campos de refugiados, primeras víctimas del fenómeno- hasta Basora, en el sur. Una investigación de la BBC ha demostrado una relación directa entre la quema de gas y el aumento de la incidencia de cáncer, debido a la liberación de contaminantes tóxicos como el benceno, conocida causa de leucemia. A esto se suma la dispersión en el aire de una mezcla letal de dióxido de carbono, metano y hollín negro altamente contaminante. “Como Iglesia - afirma el párroco de Enishke - somos conscientes del problema y estamos evaluando cómo intervenir. He hablado con un médico para sensibilizar sobre el tema, pero es el gobierno el que debe actuar ante un problema tan grave y generalizado. Se desconoce el número de casos, pero la emergencia es real, aunque hasta ahora ha prevalecido el miedo. De hecho, muchos no quieren someterse a pruebas o estudios, porque no hay campañas de prevención o no están bien armadas, y dependemos de la conciencia de los individuos”. Después del drama de Isis y el regreso de los refugiados, en materia de salud “estamos tratando de hacer todo lo posible, pero hacen falta más recursos”, continúa el p. Samir. “Desgraciadamente, desde que estalló la guerra en Ucrania, hemos quedado olvidados”, salvo por el apoyo de particulares, pequeños grupos u ONG cristianas. “Continuamos con nuestro compromiso en todos los sectores -concluye- y nos centramos en la prevención. Hacemos lo que podemos, con la creciente dificultad para encontrar recursos”.

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