07/04/2022, 14.39
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Israel, la disputa por el pan ácimo podría hundir al gobierno

La diputada Idit Silman da un paso al costado y se retira de la mayoría, en abierto conflicto con el ministro de Salud. El centro de la controversia es la introducción del pan con levadura en los hospitales durante la Pascua judía. El equilibrio en la Knesset es ahora de 60-60, pero se teme que haya más fugas. La posibilidad de una quinta votación en poco más de dos años y el regreso de Netanyahu.

Jerusalén (AsiaNews) - En los próximos días, del gobierno israelí dirigido por el primer ministro Naftali Bennett podrían quedar solo las migajas. Las migas de pan constituyen el centro de la última polémica de un ejecutivo formado por almas profundamente diferentes -desde la derecha religiosa judía hasta los árabes- unidos por el propósito común que le dio vida: destronar el poder de décadas del longevo primer ministro Benjamin Netanyahu. Sin embargo, los hechos muestran que parece destinado a caer, abriendo el panorama de unas elecciones anticipadas, en lo que sería la quinta ronda electoral en menos de tres años. Todo un récord.

Ayer la parlamentaria Idit Silman de Yamina, el mismo partido que el primer ministro, anunció que abandonaba la coalición mayoritaria. Su retirada provocó un estancamiento en la Knesset, que ahora queda dividida en dos: 60 diputados en apoyo del ejecutivo y 60 en contra. Cabe destacar, sin embargo, que la galaxia opositora está aún más fragmentada y al día de hoy, es incapaz de proponer una alternativa que pueda dar lugar a una nueva coalición liderada por el propio Netanyahu para un sensacional regreso al poder después de 10 meses. 

El terremoto político provocado por la salida de Silman cogió por sorpresa a Bennett, que -según algunas fuentes bien informadas- ni siquiera había sido advertido de antemano de la intención de desertar por parte de la diputada. El ex Primer Ministro aplaudió inmediatamente la decisión de Silman y en caso de volver al Gobierno, ya le prometió un puesto ministerial a la tránsfuga.

La parlamentaria de Yamina -un partido arraigado en la derecha religiosa y sionista- tomó la decisión a raíz de un enfrentamiento con el ministro de Salud, el laico de izquierdas Nitzan Horowitz, visto como el "culpable" de permitir la introducción del pan con levadura en los hospitales durante la Pascua judía (Pésaj). La postura contrasta abiertamente con los dictados religiosos judíos que piden sólo pan sin levadura, pero es fiel a una sentencia del Tribunal Supremo de 2019 que prohibía a los vigilantes de los hospitales revisar a las visitas en busca de pan considerado "profano". Esto está relacionado con otro durísimo enfrentamiento entre los dos (ex) aliados mayoritarios por el apoyo de la diputada a una asociación que lucha contra el aborto. 

La Salud, a menudo un tema central en la vida política de la diputada, es un sector en el que se movía incluso antes de su ingreso a la política. Uno de los proyectos de ley que apoyó fue el de "congelar" el esperma de los soldados israelíes para poder utilizarlo en la fecundación asistida en caso de muerte en combate. En la misiva (tardía) que Idit Silman envió ayer al jefe del Gobierno, explica que no tiene intención de apoyar a un ejecutivo que está a favor de decisiones que dañan "la identidad judía del Estado y del pueblo de Israel". 

Tal como sucede con la acogida de los refugiados ucranianos que huyen de la guerra, también en este caso parece haber un choque fundamental entre los que ven a Israel como un Estado laico basado en la ciudadanía y los que exaltan el vínculo y la identidad judíos. Ahora queda por ver qué nos depara el futuro. De acuerdo con los análisis más confiables difundidos por los medios de comunicación israelíes, los escenarios posibles son cuatro: más deserciones de la mayoría gobernante y la perspectiva de nuevas elecciones; que el ministro de Defensa Beny Gantz se pase a la oposición en cuyo caso se le confiaría la jefatura de gobierno, una opción más favorable para Netanyahu que la elección de un rival interno del Likud; otorgar un mandato a Netanyahu (pero esta perspectiva parece inverosímil); que la coalición actual resista -o más bien, siga a flote, gestionando los asuntos ordinarios- hasta 2023 con Yair Lapid como primer ministro, hasta la aprobación del nuevo presupuesto.

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