La revolución de la IA en el comercio asiático avanza a dos velocidades: el Pacífico se queda atrás
Las nuevas tecnologías prometen aumentar el comercio y la productividad, pero corren el riesgo de acentuar las desigualdades económicas, según un informe de las Naciones Unidas y del Banco Asiático de Desarrollo, que pone de relieve la creciente brecha entre las potencias digitales de Asia Oriental y el resto de países de la región, que carecen de infraestructuras y competencias digitales.
Bangkok (AsiaNews) - La inteligencia artificial promete revolucionar el comercio internacional, agilizando los trámites aduaneros, reduciendo los costes y haciendo más eficientes los controles fronterizos. Pero en la región de Asia-Pacífico, esta transformación corre el riesgo de acentuar una brecha ya existente entre las economías avanzadas y los países más frágiles. Así se desprende del «Asia-Pacific Trade Facilitation Report 2026», publicado por la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico (ESCAP) y el Banco Asiático de Desarrollo (ADB).
Según el informe, la inteligencia artificial se está incorporando cada vez más a los procesos comerciales: se utiliza para verificar documentos, detectar fraudes y contrabando, clasificar mercancías y agilizar los trámites de despacho de aduanas. En algunos casos, los sistemas basados en inteligencia artificial han reducido de veinte a dos minutos el tiempo necesario para comprobar certificados comerciales y sanitarios, mientras que algunas herramientas de reconocimiento automático ya permiten procesar millones de documentos con altos niveles de precisión.
Sin embargo, la difusión de estas tecnologías avanza a ritmos muy dispares. La encuesta, realizada en 48 países, muestra que el nivel medio de uso de la inteligencia artificial en los procedimientos comerciales sigue siendo inferior al 15 % y presenta fuertes disparidades regionales. Asia Oriental lidera claramente la clasificación, seguida de Australia y Nueva Zelanda y del sudeste asiático, mientras que los Estados del Pacífico se sitúan muy por detrás en todos los indicadores considerados.
En Corea del Sur, por ejemplo, la agencia aduanera gestionó 180 millones de transacciones de comercio electrónico transfronterizo en 2024 (casi tres veces el volumen de 2021) y su sistema de inteligencia artificial analiza cada envío de alto riesgo en menos de un minuto, frente a la hora y pico que se necesitaba hasta hace unos años. En las islas del Pacífico, en cambio, el 55 % de las medidas de facilitación comercial aún no se han implementado, y una sola transacción comercial puede seguir requiriendo hasta 36 documentos originales y 240 copias.
Aunque en toda la región la adopción de la IA en la facilitación comercial sigue siendo inferior al 15 %, la imagen que surge es la de una Asia a dos velocidades. Por un lado, economías como China, Japón, Corea del Sur y Singapur, que cuentan con infraestructuras digitales avanzadas, grandes cantidades de datos y personal especializado. Por otro, pequeños Estados insulares y países de bajos ingresos que aún tienen dificultades para completar la transición hacia procedimientos comerciales digitales básicos. El informe destaca que precisamente las economías con los niveles más bajos de digitalización comercial son también las menos preparadas para adoptar la inteligencia artificial.
La brecha ya se aprecia en la aplicación de las medidas de facilitación del comercio digital. En 2025, las economías desarrolladas de la región alcanzaron una tasa de implementación del 78 %, mientras que los países menos desarrollados se quedaron en el 48 % y los pequeños Estados insulares, en el 41 %.
En China, por ejemplo, las autoridades han desarrollado TianXuan, un sistema basado en redes neuronales e inteligencia artificial entrenado con años de datos aduaneros. Creado en 2017 con apenas 13 indicadores de riesgo, hoy utiliza más de cien para detectar posibles fraudes fiscales, tráfico de drogas, violaciones de la propiedad intelectual, problemas de seguridad de los productos y riesgos relacionados con el transporte. El sistema ya está operativo en más de 250 oficinas de aduanas del país y, en los primeros once meses de 2024, ha llevado a cabo más del 4 % de todas las actividades de control, obteniendo mejores resultados que las verificaciones manuales. Detrás de todo ello hay una gigantesca infraestructura informática que recopila más de 260 000 millones de datos procedentes de diversas fuentes. Un nivel de desarrollo que no tiene parangón en los pequeños Estados insulares del Pacífico.
También en Corea del Sur, desde 2017, el Customs Border Targeting Center analiza en tiempo real las declaraciones de aduana. Hoy en día, las cargas consideradas de riesgo se identifican en menos de un minuto, mientras que los envíos considerados seguros pueden despacharse automáticamente sin controles documentales adicionales. Japón, por su parte, ha desarrollado el programa SMART Customs, que ha automatizado cientos de procedimientos administrativos y utiliza sistemas de análisis de imágenes de rayos X para el control del correo internacional.
Según las estimaciones, la difusión generalizada de la IA podría expandir el comercio global hasta un 37 % para 2040. Pero para los expertos de la CESPAP, el riesgo es que las nuevas tecnologías acaben amplificando los desequilibrios ya existentes. Los beneficios de la IA tienden a concentrarse en las economías de altos ingresos y en las grandes empresas, que disponen de mejores infraestructuras, mayor capacidad de inversión y acceso a datos de calidad. Los sectores que utilizan la IA muestran unos niveles de exportación un 31 % más altos de media, y las empresas que contratan a trabajadores con competencias avanzadas registran aumentos en las ventas totales de casi un 20 %. Para las empresas que operan en los mercados internacionales, la adopción de la IA hace crecer las ventas al exterior un 26 % más en comparación con los exportadores que carecen de ella.
Por el contrario, los países más pobres corren el riesgo de quedar excluidos de los beneficios de la nueva revolución tecnológica. Los factores que más influyen son, sobre todo, la falta de competencias especializadas (incluso cuando existen las herramientas digitales, la ausencia de capital humano especializado impide su uso), los elevados costes de las infraestructuras digitales y la debilidad de los sistemas de gestión de datos. La brecha de género en las competencias digitales también corre el riesgo de agravar las desigualdades existentes: si las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en los sectores tecnológicos y en el acceso a la formación digital, la adopción de la IA se producirá de forma aún más desigual, tanto entre países como dentro de ellos.
También por esto, algunos países líderes en el desarrollo de nuevas tecnologías están tratando de exportar una serie de «buenas prácticas» para ayudar a las economías más frágiles de la zona a no quedarse al margen de la revolución tecnológica. Singapur y Corea del Norte han firmado un acuerdo bilateral sobre la aplicación de la inteligencia artificial y promueven la adopción de normas éticas comunes (recogidas, por ejemplo, en la Guía de la ASEAN sobre la gobernanza de la IA). Además, apoyan activamente los tratados de las Naciones Unidas sobre comercio digital y «sin papel», ofreciendo asistencia técnica, recursos y directrices para el desarrollo de competencias digitales.
Sin embargo, el informe también advierte de los riesgos asociados al uso indiscriminado de la inteligencia artificial. Los sistemas generativos pueden producir información errónea, clasificaciones incorrectas o evaluaciones sesgadas, sobre todo si se entrenan con datos incompletos. Las tasas medias de respuestas incoherentes rondan el 5 %, y se elevan al 9,8% en aplicaciones del ámbito financiero y comercial. En sectores delicados como el aduanero, incluso errores aparentemente limitados pueden traducirse en retrasos, pérdidas fiscales y litigios comerciales, por lo que los autores insisten en la necesidad de mantener un control humano en los procesos de toma de decisiones.
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