León XIV da voz al clamor de los pobres en la «tierra de los fuegos»
El pontífice ha visitado esta mañana Acerra, en una zona de Italia donde los vertederos tóxicos ilegales, alimentados por el tráfico delictivo, han causado la muerte de al menos 150 niños y jóvenes, víctimas de tumores y enfermedades respiratorias. «La criminalidad, la corrupción y la indiferencia siguen matando. Pero ninguna injusticia puede borrar la belleza. Ustedes demuestran que se puede generar nueva vida».
Acerra (AsiaNews) – «He venido aquí ante todo para recoger las lágrimas de quienes han perdido a sus seres queridos». Con estas palabras, León XIV ha saludado hoy en la catedral de Acerra, en la región italiana de Campania, a las familias de las víctimas de la «tierra de los fuegos», uno de los lugares emblemáticos de Italia donde se entrelazan la devastación medioambiental, el tráfico ilícito, la connivencia política y la ofensa a la propia vida de las personas.
El territorio que ha visitado esta mañana el Papa lleva décadas desfigurado por los vertidos ilegales de residuos tóxicos que, al contaminar los suelos y dispersar la dioxina en los fuegos encendidos para hacerlos desaparecer, han minado gravemente la salud de miles de personas. Al menos 150 niños y jóvenes han fallecido a causa de tumores o graves enfermedades respiratorias contraídas con una frecuencia anómala que solo la contaminación puede explicar.
En Acerra, el pontífice recordó ante todo el deseo nunca cumplido del papa Francisco de visitar estos territorios marcados por la contaminación ambiental y las ecomafias, señalando su encíclica Laudato si’ como brújula moral para afrontar una crisis que no es solo ecológica, sino también humana y espiritual.
Ante fieles, sacerdotes y familias afectadas por las pérdidas causadas por la contaminación, el Papa habló de un «grito de la creación y de los pobres» que se vuelve aún más dramático por «una mezcla letal de intereses oscuros e indiferencia hacia el bien común». Palabras duras, que denunciaron décadas de devastación medioambiental provocada por «personas y organizaciones sin escrúpulos», capaces de actuar con impunidad.
El núcleo del discurso se desarrolló en torno a la gran visión bíblica del profeta Ezequiel y del valle de los huesos secos (Ez 37,1-10). El pontífice evocó la página del Antiguo Testamento para leer simbólicamente la tragedia de la Tierra de los Fuegos: una tierra que en otro tiempo fue fértil, «Campania felix», transformada en un lugar de muerte. «Podemos identificarnos con la consternación del profeta ante aquella extensión», afirmó, relacionando la imagen bíblica de los huesos secos con la devastación ambiental y moral sufrida por el territorio.
Según León, ante esta realidad solo existen dos actitudes posibles: «la indiferencia o la responsabilidad». Y reconoció el mérito de las comunidades locales y de la Iglesia de Acerra por haber elegido el segundo camino, iniciando «un camino de compromiso y de búsqueda de la justicia». El Papa elogió así a quienes «han sabido atreverse a denunciar y a profetizar, para reunir al pueblo en la esperanza».
En varias ocasiones, el pontífice insistió en el tema de la conversión colectiva. La pregunta que Dios le hizo a Ezequiel —«¿Podrán revivir estos huesos?»— se ha transformado en un interrogante dirigido a toda la sociedad. «La muerte parece estar por todas partes, la injusticia parece haber vencido, la criminalidad, la corrupción y la indiferencia siguen matando», dijo Leone, reconociendo el peso del desánimo. Sin embargo, la respuesta cristiana no puede ser la rendición: «Creemos y decimos: “¡Señor Dios, tú lo sabes!”».
Leone XIV relacionó luego esta esperanza concreta con la enseñanza de la encíclica Laudato si’, recordando el pasaje en el que el papa Francisco habla de una «resistencia obstinada» del bien y de la humanidad auténtica incluso dentro de una civilización herida por la técnica y el egoísmo. A los fieles les pidió que se convirtieran ellos mismos en testigos de esta resistencia: «Sed vosotros mismos la respuesta», dijo, señalando en la comunidad unida y en el compromiso compartido el camino para el renacimiento del territorio.
La reflexión se centró después en el lento proceso de reconstrucción social. Al comentar el pasaje bíblico en el que los huesos se van uniendo poco a poco y se cubren de carne, León señaló que «el milagro no ocurre de una sola vez». Un mensaje dirigido a una tierra que lleva años luchando contra el crimen organizado, el desempleo, la contaminación y la desconfianza. «Si uno se detiene, retrocede», advirtió el Papa, invitando a perseverar en la lucha por la justicia ambiental y social.
Particularmente conmovedor fue el pasaje dedicado a las familias que han perdido hijos, padres o parientes a causa de enfermedades relacionadas con la contaminación. A ellos, el pontífice les pidió que no dejaran espacio al resentimiento, sino que «generaran vida nueva», transmitiendo a los más jóvenes el sentido de la responsabilidad y del cuidado. «Dejen morir el resentimiento, practiquen ustedes los primeros la justicia que piden», afirmó.
No menos severa fue la advertencia dirigida al clero y a las instituciones. León denunció «una cultura del privilegio, de la prepotencia, de la falta de rendición de cuentas» que habría contribuido a la degradación de muchas zonas del país. Pero también dijo que «ninguna injusticia puede borrar la belleza». A los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas les pidió, en cambio, que encarnaran «la autoridad del servicio», hecha de cercanía, perdón y capacidad de dar el primer paso.
El discurso concluyó con una invocación al Espíritu Santo, para que surja «un ejército de paz» capaz de sanar las heridas de Campania. «No más fuego que destruye, sino fuego que reaviva y calienta», dijo León XIV, contraponiendo a los incendios tóxicos el fuego de la solidaridad, de la responsabilidad civil y de la fe.
Al dirigirse luego a la multitud reunida en la plaza, León amplió su mirada desde la experiencia eclesial a la dimensión civil y política del renacimiento. El Papa insistió en que la crisis medioambiental no puede separarse de la cuestión social, recordando la necesidad de una colaboración concreta entre ciudadanos, instituciones y el mundo educativo.
Para el Papa, el verdadero cambio no puede surgir solo de leyes o controles, sino de una transformación moral de las personas. «El cambio del mundo siempre comienza en el corazón», afirmó, invitando a todos a construir una cultura de la legalidad y del cuidado mutuo.
Por último, el Pontífice hizo un llamamiento a la esperanza activa, recordando que el renacimiento de la Tierra de los Fuegos dependerá de la capacidad de las comunidades para permanecer unidas. Solo así, concluyó, será posible transformar una tierra herida en un laboratorio de justicia, responsabilidad y fraternidad.
12/05/2025 13:08
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