02/12/2021, 15.19
IRAK
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Milicias chiítas: de liberadores del ISIS a fuerza de ocupación en Mosul

Los grupos se financian con el contrabando de crudo, extorsión a las actividades comerciales y porcentajes de los préstamos extranjeros. Un ingeniero habla del 15% cuando los yihadistas solo exigían el 10%. "Provocaciones" de las brigadas pro iraníes: dedicaron una escuela al ayatolá Jomeini.

 

Mosul (AsiaNews) - Después de haber sido durante años la capital del "califato" del Estado Islámico, que la bañó en sangre y la sumió en una violencia terrible, ahora se cierne sobre Mosul una nueva amenaza: las milicias chiítas pro iraníes que fueron artífices, junto con el ejército regular, de la derrota militar de ISIS, hoy se perciben cada vez más como una "fuerza de ocupación" en un país de amplia mayoría sunita. Una de las consecuencias es la larga fila de autos para comprar gasolina, una paradoja en uno de los principales países productores de crudo del mundo pero que sufre una escasez crónica de combustible.

Muaamar Sameer Saadoon, un ingeniero que se dedica a la importación de componentes electrónicos, declaró a al-Monitor que la liberación de Daesh [acrónimo árabe del Estado Islámico] no ha supuesto un gran alivio y hoy se está viviendo "una nueva ocupación". Los milicianos yihadistas pedían “una comisión del 10%. Ahora tenemos que pagar el 14/15% a las milicias”. No tenemos otra salida, porque corremos el riesgo de que bloqueen los bienes y servicios y no les permitan pasar los controles. Eso también explica las largas colas en las estaciones de servicio: los camiones cisterna cargados de combustible en vez de abastecer la ciudad parten hacia Irán o el Kurdistán iraquí, para ser revendidos.

El monopolio de la chatarra está en manos de miembros de la Brigada 30, combatientes pertenecientes a la minoría chiita Shabak, una de las más peligrosas de la región. Es un grupo étnico con más de 250.000 miembros, que vivieron durante mucho tiempo en relativa paz en la llanura de Nínive y Mosul. Después de la liberación, se quedaron para ayudar a la policía y al ejército a proteger las áreas sunitas. Y de esa manera, de grupo minoritario se convirtieron en protagonistas destacados (y poderosos). “Es imposible protestar” dice Saadoon, porque la consecuencia es “ser secuestrado” o, como le ocurrió al restaurante Abu Leila, en el sector occidental, ser víctima de un atentado por no pagar el dinero de la protección. Después que le pusieron la bomba, el restaurante no volvió a abrir. Otra fuente de ingresos son los fondos que envía Bagdad para la reconstrucción, que terminan en los bolsillos de los milicianos. Eso impide el renacimiento de la ciudad, que avanza solo gracias a las ONG internacionales y la financiación extranjera. "Pero todo el mundo sabe - concluye - que ellos también tienen que pagar un porcentaje en dinero". Para muchos sunitas, ellos son un símbolo del poder iraní en Irak, que no escatima "provocaciones"; por ejemplo, el político Abdullah al-Nujaifi denunció que a una escuela le pusieron el nombre del ayatolá Ruhollah Khomeini.

Referentes de la Iglesia caldea de Mosul y la llanura de Nínive ya habían advertido sobre el peligro de las milicias chiítas en el norte, que también constituyen una "amenaza" para el futuro de los cristianos. En efecto, los cristianos han terminado en la mira de los Shabak, con una violencia creciente que se caracteriza por agresiones sexuales, robos y amenazas. Las milicias chiítas constituyen uno de los peligros que se ciernen sobre la lenta recuperación de Mosul. En medio de dificultades económicas y tensiones no resueltas, la ciudad intenta renacer a nivel cultural, social y religioso. Prueba de ello es la reapertura del arzobispado caldeo el pasado mes de septiembre, una fiesta comunitaria para todos los cristianos de las diferentes confesiones.

La visita del Papa Francisco en marzo se había convertido para los habitantes de la ciudad, no solo cristianos sino también y sobre todo musulmanes, en una ocasión especialmente favorable para "sanar las numerosas heridas" del pasado. Pocas semanas después se llevó a cabo una carrera de bicicletas para mujeres, algo impensable hasta hace unos años, cuando los milicianos decapitaban jóvenes por el mero hecho de escuchar música occidental. En el evento participaron decenas de mujeres de entre 15 y 30 años, de diferentes religiones y vestidas de las más variadas formas, con y sin velo, por las calles del centro histórico de la ciudad.

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