28/07/2016, 21.39
JMJ
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Papa en la JMJ, a los jóvenes: digan “no” a quien dice que no se puede cambiar, a los “vendedores de humo”

Francisco en la “ceremonia de bienvenida” de la Jornada Mundial de la Juventud. La Iglesia “quiere aprender de los jóvenes, para renovar su confianza en la Misericordia del Padre, que tiene el rostro siempre joven”.  

Cracovia (AsiaNews) – Los jóvenes digan “no” a quien dice que no se puede cambiar, a esos coetáneos suyos que están “jubilados antes de tiempo”, “aburridos” y “aburridores”, digan “no” a los “vendedores de humo”, que roban “las energías, la alegría, los sueños, con falsas ilusiones”. Es el mensaje que el Papa ha lanzado hoy a los 500.000 jóvenes reunidos en la explanada de Blonia, en Cracovia, a la vanguardia de tantos jóvenes que lo alcanzarán el sábado y el domingo para los principales momentos de la 31ra Jornada Mundial de la Juventud. Y la Iglesia “quiere aprender de los jóvenes para renovar su confianza en la Misericordia del Padre que tiene el rostro siempre joven”, aprender “a construir puentes y a derribar muros” , a “socorrer al pobre”, a escuchar a “aquellos que vienen de otras culturas, otros pueblos”, incluso a “aquellos a los que tememos, porque creemos que pueden hacernos daño”.

Hoy por la tarde, el Papa se unió a jóvenes de más de 170 naciones que están viviendo “su” Jornada. Para la ceremonia “de bienvenida”, Francisco llegó a la gran explanada en tranvía. Un tranvía ecológico con el cual el intendente de Cracovia, Jacek Majchrowski, fue a buscarlo al arzobispado, donde  se aloja Francisco, para acompañarlo hasta el gran parque.  En el tranvía había también algunos jóvenes discapacitados, a quienes el Papa saludó uno por uno. Y un lugar vacío. Era el lugar del joven diseñador e historietista que preparó muchos de los carteles de la JMJ, se enfermó de cáncer en noviembre pasado, y murió. Fue el Papa Francisco mismo quien, asomándose ayer a la ventana del arzobispado, narró la historia de este muchacho que “quería ver en vivo la visita del Papa, tenía un lugar reservado en el tranvía con el Papa, pero murió el 2 de julio, la gente está muy conmovida, él hizo un gran bien a todos”.

El Papa fue recibido con un júbilo de banderas, cantos, danzas, de gritos exultantes que acompañaron todo su trayecto en auto. Luego tuvo lugar la ceremonia de bienvenida propiamente dicha, que tuvo por tema “Llamados a la santidad”, con una introducción con músicas y danzas cracovianas y a continuación el desfile de jóvenes en representación de los distintos continentes. “Todo esto –dijo en su saludo el Card. Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia – sucede en un lugar que está particularmente unido a aquél que dio inicio a las Jornadas mundiales de la juventud, San Juan Pablo II y, también, en nuestra ciudad, a la cual llamamos la capital espiritual de la Misericordia, debido a Santa Sor Faustina “.

 

“Queridos jóvenes –dice Francisco-  en estos días Polonia se viste de fiesta; en estos días Polonia quiere ser el rostro siempre joven de la Misericordia. Desde esta tierras con ustedes y también unidos a tantos jóvenes que hoy no pueden estar aquí, pero que nos acompañan a través de los diversos medios de comunicación, todos juntos vamos a hacer de esta jornada una auténtica fiesta Jubilar. En los años que llevo como Obispo he aprendido algo: no hay nada más hermoso que contemplar las ganas, la entrega, la pasión y la energía con que muchos jóvenes viven la vida. Cuando Jesús toca el corazón de un joven, de una joven, este es capaz de actos verdaderamente grandiosos. Es estimulante escucharlos, compartir sus sueños, sus interrogantes y sus ganas de rebelarse contra todos aquellos que dicen que las cosas no pueden cambiar. Es un regalo del cielo poder verlos a muchos de ustedes que, con sus cuestionamientos, buscan hacer que las cosas sean diferentes. Es lindo, y me conforta el corazón, verlos tan revoltosos”.

“La Iglesia hoy los mira y quiere aprender de ustedes, para renovar su confianza en que la Misericordia del Padre tiene rostro siempre joven y no deja de invitarnos a ser parte de su Reino. Conociendo la pasión que ustedes le ponen a la misión, me animo a repetir: la misericordia siempre tiene rostro joven. Porque un corazón misericordioso se anima a salir de su comodidad; un corazón misericordioso sabe ir al encuentro de los demás, logra abrazar a todos. Un corazón misericordioso sabe ser refugio para los que nunca tuvieron casa o la han perdido, sabe construir hogar y familia para aquellos que han tenido que emigrar, sabe de ternura y compasión. Un corazón misericordioso, sabe compartir el pan con el que tiene hambre, un corazón misericordioso se abre para recibir al prófugo y al migrante. Decir misericordia junto a ustedes, es decir oportunidad, decir mañana, compromiso, confianza, apertura, hospitalidad, compasión, sueños”.

“También quiero confesarles otra cosa que aprendí en estos años. Me genera dolor encontrar a jóvenes que parecen haberse «jubilado» antes de tiempo. Me preocupa ver a jóvenes que «tiraron la toalla» antes de empezar el partido. Que están «entregados» sin haber comenzado a jugar. Que caminan con rostros tristes, como si  su vida no valiera. Son jóvenes esencialmente aburridos... y aburridores. Es difícil, y a su vez cuestionador, por otro lado, ver a jóvenes que dejan la vida buscando el «vértigo», o esa sensación de sentirse vivos por caminos oscuros, que al final terminan «pagando»…y pagando caro. Cuestiona ver cómo hay jóvenes que pierden hermosos años de su vida y sus energías corriendo detrás de vendedores de falsas ilusiones (en mi tierra natal diríamos «vendedores de humo»), que les roban lo mejor de ustedes mismos. Por eso, queridos amigos, nos hemos reunidos para ayudarnos unos a otros porque no queremos dejarnos robar lo mejor de nosotros mismos, no queremos permitir que nos roben las energías, la alegría, los sueños, con falsas ilusiones”.

El Papa luego tomó como punto de partido el pasaje del Evangelio que narra la visita de Jesús a Marta, María y Lázaro. “Las múltiples ocupaciones nos hacen ser como Marta: activos, dispersos, constantemente yendo de acá para allá…; pero también solemos ser como María: ante un buen paisaje, o un video que nos manda un amigo al móvil, nos quedamos pensativos, en escucha.  En estos días de la Jornada, Jesús quiere entrar en nuestra casa; nos mirará en nuestras preocupaciones, en nuestro andar acelerado, como lo hizo con Marta… y esperará que lo escuchemos como María; que, en medio del trajinar, nos animemos a entregarnos a él. Que sean días para Jesús, dedicados a escucharnos, a recibirlo en aquellos con quienes comparto la casa, la calle, el club o el colegio. Y quien acoge a Jesús, aprende a amar como Jesús. Entonces él nos pregunta si queremos una vida plena: ¿Quieres una vida plena? Empieza por dejarte conmover. Porque la felicidad germina y aflora en la misericordia: esa es su respuesta, esa es su invitación, su desafío, su aventura: la misericordia. La misericordia tiene siempre rostro joven; como el de María de Betania sentada a los pies de Jesús como discípula, que se complace en escucharlo porque sabe que ahí está la paz. Como el de María de Nazaret, lanzada con su «sí» a la aventura de la misericordia, y que será llamada feliz por todas las generaciones, llamada por todos nosotros «la Madre de la Misericordia». Entonces, todos juntos, ahora le pedimos al Señor: Lánzanos a la aventura de la misericordia. Lánzanos a la aventura de construir puentes y derribar muros (cercos y redes), lánzanos a la aventura de socorrer al pobre, al que se siente solo y abandonado, al que ya no le encuentra sentido a su vida. Impúlsanos a la escucha, como María de Betania, de quienes no comprendemos, de los que vienen de otras culturas, otros pueblos, incluso de aquellos a los que tememos porque creemos que pueden hacernos daño. Haznos volver nuestro rostro, como María de Nazaret con Isabel, sobre nuestros ancianos para aprender de su sabiduría. ¡Aquí estamos, Señor! Envíanos a compartir tu Amor Misericordioso. Queremos recibirte en esta Jornada Mundial de la Juventud, queremos confirmar que la vida es plena cuando se la vive desde la misericordia, que esa es la mejor parte, y que nunca nos será quitada”.

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