04/06/2017, 13.49
VATICANO
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Papa: El Espíritu es el Don por excelencia. Él hace un pueblo nuevo y crea un corazón nuevo

En la misa de Pentecostés, el Papa Francisco subraya que la Iglesia universal está hecha de diversidad y unidad. Y se descarga contra la tentación de formar “bandos y partidos”; “seguidores partidistas”; “cristianos ‘de derechas o de izquierdas’ antes que de Jesús”; “guardianes inflexibles del pasado o vanguardistas del futuro, antes que hijos humildes y agradecidos de la Iglesia”. “el perdón es el don por excelencia, es el amor más grande, lo que mantiene unidos a pesar de todo, que evita el colapso, que refuerza y fortalece”. Estuvieron presentes cuando menos 150.000 fieles. El coro de Carpi, con niños discapacitados, que expresaron los cantos a través de la mímica. El Mensaje por la Jornada mundial. El recuerdo de las víctimas por el atentado ocurrido anoche en Londres.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El Espíritu, “el Don pascual por excelencia”, siempre crea “cosas nuevas”. Entre ellas, hay  dos importantes novedades: “hace que los discípulos sean un pueblo nuevo” y también “crea en los discípulos un corazón nuevo”.

El Papa Francisco caracterizó de esta manera, al inicio de su homilía, los dones del Espíritu Santo, en la celebración eucarística en ocasión del Pentecostés, la fiesta que recuerda el envío del Espíritu Santo sobre los discípulos, 50 días después de la Pascua. En la misa, estuvieron presentes cerca de 150.000 fieles, muchos de los cuales habían llegado a Roma para el Jubileo de Oro de la Renovación Carismática Católica.

El pontífice describió en detalle las dos novedades traídas por el Espíritu: “Un pueblo nuevo. En el día de Pentecostés, el Espíritu bajó del cielo en forma de «lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. [...] Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas» (Hch 2, 3-4).  La Palabra de Dios describe así la acción del Espíritu, que primero se posa sobre cada uno, y luego pone a todos en comunicación. A cada uno da un don, y a todos reúne en unidad. En otras palabras, el mismo Espíritu crea la diversidad y la unidad, y de esta manera plasma un pueblo nuevo, variado y unido: la Iglesia universal. En primer lugar, con imaginación e imprevisibilidad, crea la diversidad; en todas las épocas, en efecto, hace que florezcan carismas nuevos y variados. A continuación, el mismo Espíritu realiza la unidad: junta, reúne, recompone la armonía”.

Frente a este don, hay “dos tentaciones”: “La primera es buscar la diversidad sin unidad. Esto ocurre cuando buscamos destacarnos, cuando formamos bandos y partidos, cuando nos endurecemos en nuestros planteamientos excluyentes, cuando nos encerramos en nuestros particularismos, quizás considerándonos mejores, o como aquellos que siempre tienen razón. Entonces se escoge la parte, no el todo, el pertenecer a esto o a aquello antes que a la Iglesia; nos convertimos en unos «seguidores» partidistas en lugar de hermanos y hermanas en el mismo Espíritu; cristianos de «derechas o de izquierdas» antes que de Jesús; guardianes inflexibles del pasado o vanguardistas del futuro antes que hijos humildes y agradecidos de la Iglesia. Así se produce una diversidad sin unidad. En cambio, la tentación contraria es la de buscar la unidad sin diversidad. Sin embargo, de esta manera la unidad se convierte en uniformidad, en la obligación de hacer juntos todo, y todo igual, pensando todos de la misma manera. Así, la unidad acaba siendo una homologación donde ya no hay libertad. Pero dice san Pablo, «donde está el Espíritu del Señor, hay libertad» (2 Co 3,17)”.

“Nuestra oración al Espíritu Santo – continuó-  consiste entonces en pedir la gracia de aceptar su unidad, una mirada que abraza y ama, más allá de las preferencias personales, a su Iglesia, nuestra Iglesia; de trabajar por la unidad entre todos, de desterrar las murmuraciones que siembran cizaña, y las envidias que envenenan, porque ser hombres y mujeres de la Iglesia significa ser hombres y mujeres de comunión; significa también pedir un corazón que sienta la Iglesia, madre nuestra y casa nuestra: la casa acogedora y abierta, en la que se comparte la alegría multiforme del Espíritu Santo”.

La segunda novedad es “un corazón nuevo”: “Jesús Resucitado, en la primera vez que se aparece a los suyos, dice: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 22-23). Jesús no los condena, a pesar de que lo habían abandonado y negado durante la Pasión, sino que les da el Espíritu de perdón. El Espíritu es el primer don del Resucitado y se da en primer lugar para perdonar los pecados. Este es el comienzo de la Iglesia, este es el aglutinante que nos mantiene unidos, el cemento que une los ladrillos de la casa: el perdón. Porque el perdón es el don por excelencia, es el amor más grande, el que mantiene unidos a pesar de todo, que evita el colapso, que refuerza y fortalece. El perdón libera el corazón y le permite recomenzar: el perdón da esperanza, sin perdón no se construye la Iglesia”.

“El Espíritu de perdón, que conduce todo a la armonía, nos empuja a rechazar otras vías: esas precipitadas de quien juzga, las que no tienen salida, propias de quien cierra todas las puertas, las de sentido único de quien critica a los demás”.

“Pidamos – concluyó el Papa - la gracia de que, renovándonos con el perdón y corrigiéndonos, hagamos que el rostro de nuestra Madre, la Iglesia, sea cada vez más hermoso: sólo entonces podremos corregir a los demás en la caridad… Pidámoslo al Espíritu Santo, fuego de amor que arde en la Iglesia y en nosotros, aunque a menudo lo cubramos con las cenizas de nuestros pecados: «Ven Espíritu de Dios, Señor que estás en mi corazón y en el corazón de la Iglesia, tú que conduces a la Iglesia, moldeándola en la diversidad. Para vivir, te necesitamos como el agua: desciende una vez más sobre nosotros y enséñanos la unidad, renueva nuestros corazones y enséñanos a amar como tú nos amas, a perdonar como tú nos perdonas”.

Casi como para subrayar la diversidad de dones para la unidad, entre los coros que participaron en la misa también estuvo el coro de Carpi, formado por niños, algunos de ellos (al menos la mitad) marcados por una minusvalía. En el canto del ofertorio, algunos de ellos cantaban, mientras que otros, en cambio, hacían la mímica de las palabras del canto, vestidos de rojo y llevando guantes blancos en sus manos.

Luego de la comunión, antes del rezo del Regina Caeli, Francisco dio el anuncio de que hoy fue publicado su mensaje por la Jornada misionera mundial, que se celebra cada año en el mes de octubre.

“El tema – dijo el Papa – es: La misión en el corazón de la fe cristiana. El Espíritu Santo sostenga la misión de la Iglesia en el mundo entero y dé fuerza a todos los misioneros y misioneras del Evangelio”.

El pontífice luego recordó a las víctimas del atentado ocurrido ayer en Londres, en London Bridge y Borough Market, que causó siete muertos y 48 heridos en total. “El Espíritu –agregó el Papa Francisco-  done paz al mundo entero; sane las heridas de la guerra y del terrorismo, que también esta noche, en Londres ha golpeado a civiles inocentes: roguemos por las víctimas y los familiares”. 

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