16/10/2021, 16.28
VATICANO
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Papa: construir una paz duradera basada en la justicia social y el cuidado de la Casa común

Video-mensaje de Francisco, dirigido a los participantes en la segunda sesión del IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP), que se desarrolla hoy online. En la Doctrina Social, “los principios como la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad, la participación, el bien común, que son medios concretos para poner en práctica la Buena Noticia del Evangelio a nivel social y cultural”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) –  Poner la economía al servicio de los pueblos para construir una paz duradera basada en la justicia social y el cuidado de la Casa Común. Este es el objetivo final indicado por el Papa Francisco en el video mensaje enviado a los participantes de la segunda sesión del IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP), que se celebra hoy en línea.

En el largo mensaje dirigido a esos grupos -que definió como una alianza nacida desde abajo-, presentes sobre todo en América Latina, Francisco les pide que "sueñen" con una sociedad justa y que "actúen" para tratar de conseguir "medidas concretas que quizás puedan permitir algún cambio significativo". Se trata de la "renta mínima (RMU) o salario universal, para que todas las personas de este mundo puedan acceder a los bienes más básicos de la vida" o "la reducción de la jornada laboral" para que "más personas tengan acceso al mercado laboral".

El documento parte de la constatación de que la pandemia ha traído consigo enfermedad y muerte. "En muchos países, los Estados han reaccionado. Han escuchado a la ciencia”. Pero la pandemia también generó "el flagelo de la crisis alimentaria". "La indigencia grave se multiplicó, el precio de los alimentos escaló un altísimo porcentaje. Los números del hambre son horrorosos, y pienso, por ejemplo, en países como Siria, Haití, Congo, Senegal, Yemen, Sudán del Sur pero el hambre también se hace sentir en muchos otros países del mundo pobre y, no pocas veces, también en el mundo rico".

Vemos, dice Francisco, "resistencias a los cambios que necesitamos y que anhelamos, resistencias que son profundas, arraigadas, que van más allá de nuestras fuerzas y decisiones. Esto es lo que la Doctrina social de la Iglesia llamó “estructuras de pecado”, que estamos llamados también nosotros a convertir y que no podemos ignorar a la hora de pensar el modo de accionar. El cambio personal es necesario, pero es imprescindible también ajustar nuestros modelos socio-económicos para que tengan rostro humano, porque tantos modelos lo han perdido. Y pensando en estas situaciones, me vuelvo pedigüeño. Y paso a pedir. A pedir a todos. Y a todos quiero pedirles en nombre de Dios. A los grandes laboratorios, que liberen las patentes. Tengan un gesto de humanidad y permitan que cada país, cada pueblo, cada ser humano tenga acceso a las vacunas. Hay países donde solo tres, cuatro por ciento de sus habitantes fueron vacunados".

Una vez más, se dirige, "en nombre de Dios", a los grupos financieros y les pide que "permitan a los países pobres garantizar las necesidades básicas de su población y perdonen" sus deudas; a las grandes empresas mineras les pide "que dejen de destruir bosques, humedales y montañas, que dejen de contaminar ríos y mares, que dejen de intoxicar a las personas y los alimentos"; a las grandes empresas alimentarias, les pide que  "dejen de imponer estructuras monopolísticas de producción y distribución que inflan los precios y acaban quedándose con el pan de los hambrientos"; a los fabricantes y traficantes de armas, que "pongan fin a sus actividades"; a los gigantes de la tecnología, que "dejen de explotar la fragilidad humana, la vulnerabilidad de las personas, para obtener beneficios"; a los gigantes de las telecomunicaciones, que "liberalicen el acceso a los contenidos educativos"; a los medios de comunicación, que "acaben con la lógica de la posverdad, de la desinformación, de la difamación, de la calumnia y de esa atracción enfermiza por el escándalo y lo turbio; que procuren contribuir a la fraternidad humana y a la empatía con las personas más heridas". "En nombre de Dios", continúa, "quiero pedir a los países poderosos que cesen las agresiones, los bloqueos y las sanciones unilaterales contra cualquier país en cualquier lugar de la tierra. No al neocolonialismo. Los conflictos deben resolverse en organismos multilaterales como las Naciones Unidas. Ya hemos visto cómo acaban las intervenciones, invasiones y ocupaciones unilaterales, aunque se realicen apelando a los motivos y fachadas más nobles".

Objetivos que, al menos en parte, son comunes a los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por los que abogan las Naciones Unidas, y cuya consecución requiere presionar a los gobiernos, pero no solo eso. Francisco afirma que "este sistema, con su implacable lógica del beneficio, está fuera de todo control humano. Es hora de frenar la locomotora, una locomotora fuera de control que nos lleva hacia el abismo. Todavía hay tiempo. "Y es tarea de los gobiernos establecer esquemas fiscales y redistributivos para que la riqueza de una parte se reparta de forma equitativa, sin que ello suponga una carga insoportable, especialmente para la clase media -generalmente, cuando existen estos conflictos, son los que más sufren."

Francisco, que ve en las protestas por la muerte de George Floyd una manifestación del "samaritano colectivo", invita a estar "atentos, como el buen samaritano, a todos los que están heridos a lo largo del camino, pero, al mismo tiempo, a conseguir que muchos más se unan a esta actitud". El Papa señaló la Doctrina Social, en la que "encontramos principios como la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad, la participación, el bien común, que son mediaciones concretas para poner en práctica la Buena Noticia del Evangelio a nivel social y cultural". 

En este contexto, recuerda "el principio de solidaridad''. La solidaridad no solo como virtud moral, sino como principio social, un principio que busca hacer frente a los sistemas injustos para construir una cultura de la solidaridad que exprese -como dice literalmente el Compendio- "la firme y perseverante determinación de comprometerse con el bien común" (n. 193). Otro principio es estimular y promover la participación y la subsidiariedad entre los movimientos y entre los pueblos, lo que puede limitar cualquier esquema autoritario, cualquier colectivismo forzado o cualquier esquema centrado en el Estado. 

El bien común no puede servir de excusa para aplastar la iniciativa privada, la identidad local o los proyectos comunitarios. Por lo tanto, estos principios promueven una economía y una política que reconocen el papel de los movimientos populares, de la familia, de los grupos, de las asociaciones, de las realidades territoriales locales, en definitiva, de aquellas expresiones agregativas de carácter económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional y político, a las que las personas dan vida de forma espontánea y que hacen posible su crecimiento social efectivo".

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