22/05/2022, 14.35
VATICANO
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Regina Caeli, el Papa: cerca de los católicos chinos y sus ‘complejos’ asuntos

Al concluir la oración mariana, el pontífice recordó la Jornada de Oración instituida por Benedicto XVI y celebrada el 24 de mayo. La invitación a rezar "por la libertad y la tranquilidad" unos días después de la detención del Card. Zen. El tema de la paz es central en el Evangelio de hoy, un don de Dios "en forma de Espíritu Santo".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - La cercanía espiritual a los católicos chinos, de la cual "sigo con atención" las vicisitudes de "fieles y pastores" que a menudo son "complejas" y, por ello, una invitación a la oración "por la libertad y la tranquilidad" en sus vidas. Al concluir el Regina Caeli, el papa Francisco recordó a los católicos chinos que el 24 de mayo, día litúrgico de Santa María Auxiliadora, celebran la XIV Jornada de oración instituida en 2007 por el Papa Benedicto XVI. El pontífice no mencionó directamente los últimos acontecimientos noticiosos que condujeron al arresto -luego liberado bajo fianza- del card. Zen por las autoridades de Hong Kong por una (supuesta) violación de la controvertida Ley de Seguridad querida por Beijing. Sin embargo, recordando la fiesta mariana y el santuario de Sheshan, en las afueras de Shanghai, deseó que la comunidad china pueda vivir "en comunión con la Iglesia universal" promoviendo "el anuncio del Evangelio", para "contribuir al progreso material y espiritual de la sociedad".

Al concluir la oración mariana, pronunciada desde el estudio del Palacio Apostólico, el Papa saludó a continuación a los participantes en la conferencia "Optemos por la vida", a la que asistieron más de 100 asociaciones provida, para relanzar la "objeción de conciencia". Valores fundamentales, observó, frente a una sociedad que con demasiada frecuencia considera la vida como "un bien a nuestra total disposición" que hay que "manipular" para que el nacimiento y la muerte sean el resultado de una decisión "individual" mientras que es "un don de Dios, sagrado e inviolable". A continuación, el Papa recordó la semana dedicada a la Laudato Sì, para que sea una oportunidad de cuidar "nuestra casa común" y a Pauline Marie Jaricot, fundadora de la obra de Propagación de la Fe, calificada como "ejemplo de misión" en la oración y la caridad.

Antes, al introducir el Regina Caeli pronunciado desde la ventana del estudio en el Palacio Apostólico, el Papa exaltó el tema de la paz, central en el Evangelio de hoy y elemento de gran actualidad en un mundo marcado por los conflictos, desde Ucrania a Yemen. Al saludar a los discípulos durante la Última Cena, leemos en los pasajes del texto de Juan, que Jesús les confía casi una especie de "testamento" diciendo "os dejo la paz", y luego añade "os doy mi paz". Cristo, explica el Papa, "se despide" con palabras de "afecto y serenidad", en un momento "nada sereno". Judas ha salido a traicionarle, Pedro está a punto de negarle, casi todos los demás están a punto de abandonarle". El Señor usa la misericordia y "no usa palabras duras" y "permanece amable hasta el final".

Las últimas horas de Jesús, subraya, son "la esencia de toda su vida". Siente miedo y dolor, pero no da cabida al resentimiento ni a la protesta. No se permite estar amargado, no se desahoga, no es impaciente. Está en paz". Un sentimiento que Cristo 'tiene en él', porque 'no se puede dar paz si no se está en paz'. Él es la encarnación de una "mansedumbre" que es "posible" incluso "en el momento más difícil" y nos pide también a nosotros, advierte el pontífice, que nos comportemos así. Jesús "quiere que seamos mansos, abiertos, disponibles para escuchar, capaces de desactivar contenciones y tejer concordia" y esta es la forma de "dar testimonio de Jesús", con gestos que valen "más que mil palabras y muchos sermones". A las tensiones y conflictos hay que responder "con no violencia" y con "palabras y gestos suaves".

El Papa Francisco advierte que "esta mansedumbre no es fácil", pero "aquí viene en nuestra ayuda la segunda frase de Jesús: Os doy mi paz", como ayuda y regalo para una humanidad que es frágil. La paz, de hecho, es "ante todo un don de Dios", en forma de Espíritu Santo que es "el mismo Espíritu de Jesús", recuerda el pontífice. "Es Él -continúa- quien desarma el corazón y lo llena de serenidad" y nos permite mirar a los demás como "hermanos y hermanas" y no como "obstáculos y adversarios". Y es siempre él quien "nos da la fuerza para perdonar, para volver a empezar, para recomenzar".

En el día en que la Iglesia recuerda y celebra a Santa Rita de Casia, patrona de las causas imposibles, el Papa subraya que ningún pecado, ningún fracaso, ningún rencor debe desanimarnos a pedir insistentemente el don del Espíritu Santo. Cuanto más sentimos que el corazón está agitado, cuanto más sentimos el nerviosismo, la impaciencia, la ira dentro de nosotros, más debemos pedir al Señor el Espíritu de paz". Invitando a la gente a rezar a la Virgen para que les ayude a ser artífices de la paz, el Papa instó a los fieles presentes en la plaza a decir con él "cada día: 'Señor, dame tu paz, dame el Espíritu Santo'". Y pidámoslo -concluye el Regina Caeli- también por los que viven a nuestro lado, por los que encontramos cada día, y por los dirigentes de las Naciones".

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