14/04/2021, 17.46
CHINA-VATICANO
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Sacerdote chino: Santidad, escuche la voz de estos huérfanos, los más débiles y los más verdaderos de la Iglesia en China

de P. Wendao

Pedido de ayuda al Papa Francisco y a la Iglesia universal para impedir que cierren los orfanatos católicos de niños discapacitados mentales y físicos. Es hora de revisar el Acuerdo Sino-Vaticano: había despertado esperanzas, pero ahora se traiciona todo en nombre de la política.

 

Beijing (AsiaNews) - Un pedido al Papa y a la Iglesia universal para que hablen en defensa de los huérfanos - niños con discapacidades mentales y físicas - que son entregados a las estructuras estatales. En efecto, el gobierno chino ha decretado el cierre y cancelación de todos los orfanatos católicos, que existen y han sido muy valorados desde hace décadas incluso por los miembros del Partido. Ayer llegó la noticia de la clausura de la "Casa del Amanecer" en Zhaoxian. No solo es un daño para estos niños, sino que también es un daño para la Iglesia, porque el objetivo es suprimir lo más posible la visibilidad de la fe y sus obras. La reflexión sobre los orfanatos clausurados lleva al P. Wendao a replantearse el entusiasmo por el Acuerdo provisional de China-Vaticano. El P. Wendao es un sacerdote del norte de China. Tiene en su haber diversos títulos y largas estadías en el exterior.

 

En los últimos tiempos han aparecido muchas noticias sobre la clausura o supresión de hogares para niños discapacitados o huérfanos que administra la Iglesia Católica. Algunos de los casos más recientes son el hogar San José para niños discapacitados en Renqiu, Xianxian (diócesis de Cangzhou) y el hogar Liming (del amanecer) en Zhaoxian, ambos en Hebei. También hay noticias sobre los orfanatos católicos de Zhangjiakou y Zhengding, también en Hebei. Hace dos años sucedió lo mismo con un orfanato en Baoji (Shaanxi), atendido por las Hermanas del Sagrado Corazón.

Muchos chinos miran estos hogares para niños discapacitados con respeto y amor; mucha gente los visita y ayuda en el servicio, dando buenos frutos de amor en la Iglesia y en la sociedad. En estos lugares la gente aprende a cuidar y respetar a los "pequeños" de Dios.

Tengo un vívido recuerdo de hace unos años, cuando me obligaron a asistir a una sesión de "reforma" en el Instituto Central para el Socialismo. Una profesora del curso compartió su experiencia después de visitar los orfanatos católicos para niños discapacitados en Hebei. Ella dijo que esos hogares estaban bien organizados por la Iglesia Católica y resolvían algunos problemas sociales, ya que los niños abandonados encontraron a alguien que los cuidara. La profesora continuó: “Los grupos católicos demuestran que no hacen este trabajo con fines de lucro, sino por amor. Y el personal y las religiosas católicas que están al servicio [de estos niños] merecen nuestro respeto. El amor que dan a los niños abandonados proviene de su fe en Dios. Este es un hecho poco común, que rara vez se ve en otros sectores de la sociedad”. En resumen: aunque era comunista, atea, reconocía los servicios que prestaba a la sociedad la Iglesia Católica.

Ahora, el gobierno no solo ignora el maravilloso aporte y el servicio social de alta calidad que ofrece la Iglesia Católica, ¡sino que lo está destruyendo! Las autoridades ordenaron a las religiosas que cierren los orfanatos y trasladen a los niños huérfanos y discapacitados que estaban con ellas a instituciones estatales. Cabe señalar que estas personas son los mismos representantes del gobierno que en el pasado consideraban que el registro de la identidad de esos niños era una molestia y no tenía sentido. ¿Qué sucedió? ¿Han cambiado, se han vuelto bondadosos de la noche a la mañana? Está claro que el propósito del gobierno no es servir a los niños abandonados, sino seguir las órdenes políticas de sus superiores: hacer todo lo posible para reducir la influencia de la Iglesia católica en China. Por eso, ya sean los servicios sociales o la vida de la Iglesia, el gobierno lo está reprimiendo todo sin descanso, o imponiendo una serie de medidas de control.

Durante la Semana Santa y en los días de Pascua de este año, muchos fieles en diferentes partes de China han difundido mensajes llenos de tristeza porque no pudieron participar en las liturgias de Semana Santa. Dicen que les hubiera gustado participar en las ceremonias, pero las iglesias estaban cerradas. Los centros comerciales y las atracciones turísticas están abiertos: ¿por qué no la iglesia? Parece que esto se debe a la pandemia, pero de hecho hay un control más estricto sobre la Iglesia. Días atrás se difundió otra triste noticia desde Shanghai: "debido a la pandemia del Covid-19, estará prohibida cualquier peregrinación a Sheshan (Shanghai)" precisamente en los próximos meses, cuando se honra y se celebra a la bendita Madre de Dios.

Casos similares ocurren no solo en las iglesias, sino también en las escuelas de todos los niveles. El gobierno ha reforzado el control sobre la fe religiosa de los estudiantes y maestros, desde la escuela primaria hasta la universidad, y hacen todo lo posible para controlar todos los ambientes educativos para que no se realice ninguna actividad religiosa o de la Iglesia.

Algunos fieles comentaron que la escuela ha dado a conocer documentos para investigar la fe religiosa de estudiantes y profesores. Cuando descubren que tienen una fe religiosa (y especialmente los católicos), a algunos los han persuadido para que abandonen el camino educativo, a otros les han hecho advertencias con presiones psicológicas; algunos profesores recibieron amenazas de que su carrera estaba en riesgo, otros fueron despreciados en público. El objetivo es llegar a cero creyentes en la escuela, haciendo que los alumnos y profesores comprendan que es mejor no creer en ninguna religión.

Al escribir esto, me viene a la mente el Acuerdo (provisional) entre China y el Vaticano. Cuando se firmó, la Iglesia en China se sintió muy animada. Todos esperaban "días mejores". Además, un gran número de personas de la iglesia estaban entusiasmadas y para muchos fieles la luz finalmente estaba llegando a China. En los medios de comunicación incluso se dijo que el Papa vendría a China poco después.

A la luz de esta esperanza, los fieles chinos aceptaron a esos obispos como pastores oficiales de la Iglesia. Pero en los hechos, una organización no reconocida por la Iglesia, la Asociación Patriótica, ha ofuscado los principios de los fieles y se ha erigido en modelo oficial. Algunos sacerdotes que cultivan el "sueño de [ser] obispo", agitan la bandera del pacto sin considerar si hay ventajas para la Iglesia, y plantean las cosas sin vergüenza, como en el mercado de Liu'yin en Beijing, mirando sus propias ventajas.

Era inevitable que todo esto sucediera como consecuencia del Acuerdo Sino-Vaticano. Y el acuerdo, así como las indicaciones que dio el Papa a la Iglesia china después del acuerdo, muestran que este "acuerdo" se debe mantener. Todos esperaban que hubiera más concesiones a favor de las autoridades de la Iglesia y de los intereses generales de la misma, pensando que la Iglesia pronto haría más ajustes.

Lo que le ocurrió después a la Iglesia en China congeló el sentimiento de los fieles. Se han cerrado muchas iglesias; los jóvenes menores de 18 años tienen prohibido participar en cualquier actividad eclesial; los pequeños centros comerciales de la Iglesia [librerías, objetos, souvenirs, ...] se vieron obligados a cerrar; también cerraron seminarios menores; las publicaciones de la iglesia como "Faith Press Weekly" han sido suspendidas; la organización "Xinde (fe)" ha sido rectificada; todas las iglesias están obligadas a colgar carteles y banderas para promover las ideas del Partido Comunista; y finalmente, en nombre de la pandemia, se han prohibido todas las ceremonias públicas de la iglesia.

En el pasado, cuando ocurrían estas cosas, la Iglesia china (y la Iglesia universal) estaban dispuestas a animar y apoyar. Ahora, debido al Acuerdo, la voz de la justicia del Papa ha guardado silencio.

Quizás tenga algún significado el hecho de que la sede episcopal de Hong Kong todavía esté vacante desde el fallecimiento [hace unos dos años] de Mons. Michael Yeung Ming-cheung. Este es un fenómeno muy anormal en la Iglesia. Algunos sacerdotes dicen que esto también se debe al acuerdo provisional sino-vaticano. Incluso ante las protestas de Hong Kong contra la ley de extradición, que movilizaron las manifestaciones de millones de personas, y la persecución, la Santa Sede ha guardado silencio.

A pesar de que es el campo misionero más importante de Asia, los asuntos de la Iglesia en China han sido derivados de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos - responsable del trabajo en el ámbito misionero - y ahora están bajo la responsabilidad directa de la Secretaría de Estado. Los asuntos de la Iglesia se han vuelto políticos y todo está al servicio de la política. Por eso muchas veces hemos escuchado que el cardenal Pietro Parolin dice que “somos positivos y optimistas sobre las relaciones entre China y el Vaticano. La Santa Sede está haciendo todo lo posible para garantizar la vida normal de la Iglesia china, incluyendo la libertad de creer y la comunión con el Papa”.

El optimismo del Card. Parolin también nace de la esperanza que ha despertado la firma del Acuerdo provisional. Siguiendo esta manera de pensar, todos tienen confianza, especialmente aquellos obispos que tienen "cargos públicos". Su voz festiva y confiada tapa la realidad de la Iglesia, que es perseguida, y tapa las otras voces cargadas de emociones dolorosas.

En China, las personas que creen en Cristo son una minoría. A menudo son discriminadas y reprimidas. El mundo exterior tiene dificultades para escuchar sus voces. Y ahora, con los gritos alternativos de estos obispos con "cargos públicos", las voces verdaderas están aún más tapadas.

La mayoría de los niños que acogen las hermanas tienen discapacidades, algunas físicas, otras mentales. Son personas que necesitan que alguien los cuide; son abandonados por sus padres y por la sociedad, y sufren dolores físicos y emocionales. Frente a estas injusticias, ellos son la voz más débil. Y ahora, ante esta dura realidad,  ¿la Iglesia universal seguirá guardando silencio e ignorando su grito de auxilio?

Por último, quisiera pedirle al Papa, padre de la Iglesia universal: Santidad, por favor escuche esta voz, la más débil y verdadera de la Iglesia en China.

 

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