18/01/2022, 12.34
PUERTA DE ORIENTE
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Turquía traslada cuerpos hasta la frontera iraní para ocultar las muertes de los refugiados

de Dario Salvi

Tras el caso de la madre que murió congelada mientras intentaba dar calor a sus hijos, hay más muertes en la frontera. Con el ascenso de los talibanes, aumenta el flujo de migrantes de Afganistán que se desplazan a Turquía en un (vano) intento por llegar a Europa. La labor de Cáritas: dar comida, alojamiento, cursos de idiomas y de formación profesional para favorecer la integración. La historia de Shayan, que huye en busca de libertad.

Estambul (AsiaNews) - En los últimos dos meses, al menos ocho refugiados murieron congelados en las zonas fronterizas, a la puerta de Europa. Dos eran afganos -uno era mujer y madre de dos hijos- y perdieron la vida en el distrito de Seraw, el extremo de la provincia oriental de Van, en la frontera entre Irán y Turquía. Son historias de desesperación, de huida de la violencia y el extremismo -tras el ascenso de los estudiantes del Corán en Kabul- en busca de un futuro que depara igualmente sufrimiento, privaciones y muerte. Para cientos de miles de refugiados, el suelo turco se ha convertido en un muro -no sólo físico- contra el que se estrellan sus esperanzas de ser rescatados y ponerse a salvo. Para todos, el rescate se resume en dos palabras: libertad y dignidad. 

Recientemente, en la web se han multiplicado las imágenes y vídeos de refugiados que intentan cruzar la frontera entre el ex Imperio Otomano y la República Islámica, desafiando las fuertes nevadas y el intenso frío. Según la Mesopotamia Agency (MA), los soldados turcos suelen empujar los cadáveres de las personas que mueren a causa del mal tiempo. Esto quedó confirmado con el terrible caso de una refugiada afgana que murió congelada en Özalp el 30 de diciembre. En un intento desesperado por mantener a sus hijos calientes, la mujer se despojó de su ropa para abrigar a los niños. Los habitantes de la aldea turca los rescataron, para luego entregarlos a los soldados iraníes.

Pocos días después del hecho, la oficina del gobernador local declaró que la joven madre "fue sorprendida por una tormenta de nieve" y murió congelada, mientras que sus hijos "siguieron su camino" hasta el pueblo. La nota habla de un "triste incidente" que "no ocurrió dentro de nuestras fronteras [turcas]", en un intento de deslindarse de toda responsabilidad. Según la Human Rights Association (IHD), al menos 160 refugiados perdieron la vida en la provincia de Van en los últimos tres años. De ellos, cuando menos 49 murieron de hipotermia, otros 68 se ahogaron en el lago homónimo, 42 murieron en accidentes de tráfico y uno fue alcanzado por proyectiles. Hamdi Bayhan, directivo de IHD en Van, subrayó que "ha llegado el momento de cumplir con nuestras responsabilidades hacia los refugiados". Se los "utiliza como mano de obra barata" y se los somete a "todo tipo de abusos", además de ser  el "blanco de delitos de odio y discriminación".

 

Blancos del odio 

En su informe 2021 sobre migrantes y refugiados, la ONU revela que la realidad ya era crítica antes del ascenso de los talibanes en Afganistán. Más de una cuarta parte de la población había abandonado sus hogares, llevando el número de desplazados internos a 3,5 millones. En noviembre, António Vitorino, director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), había advertido que la nación estaba "al borde del colapso". Los refugiados que huyen de los alumnos del Corán dejan atrás una sociedad en la que la ley islámica dicta las normas y el estilo de vida. A ello se suma la amenaza de graves crisis humanitarias, hasta el punto de que la gente está muriendo de sarampión (una enfermedad que estaba prácticamente erradicada, ndt). 

En Turquía, como en muchas otras partes del mundo, los migrantes y refugiados son vistos con recelo y se han convertido en el blanco predilecto de la propaganda política. En los años 50, en la segunda parte de su ensayo Los orígenes del totalitarismo, dedicado al imperialismo, la académica Hannah Arendt subrayó que ellos son percibidos como una amenaza porque rompen la visión "trinitaria" que conecta Estado-población-territorio. Ya han perdido todos sus derechos al abandonar su país y se encuentran en una condición de mayor vulnerabilidad, sometidos a una retórica incendiaria, a ataques xenófobos y a una hostilidad nacionalista que proviene principalmente de las clases media y media-baja. Son estos sectores los que, en tiempos de crisis, identifican al extranjero como la causa del malestar. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, los refugiados son víctimas y no es raro que arriesguen su propia vida, o la de sus hijos, en un intento desesperado por escapar. No se sabe con precisión el número de muertos, pero una fuente católica de Anatolia confirma que "sólo en las dos últimas semanas, muchas personas han muerto tratando de cruzar las montañas a lo largo de la frontera". 

 

Shayan, huyendo en busca de la libertad

"Como no creo en el Islam, los religiosos decidieron matarme. En uno de sus ataques, me hirieron en la cabeza y me rompieron dos costillas, que quedaron torcidas". Shayan (sólo nos dice su nombre) cuenta a AsiaNews su historia de refugiado: estudió en la Universidad de Kabul y trabajó diez años en el cine y la televisión, antes de abandonar una nación "que Estados Unidos, la OTAN y el ex Estado afgano habían entregado a los talibanes". Originario de Samangan, él es una entre tantas decenas de personas acogidas y ayudadas por Cáritas Turquía tras "dejar mis sueños y mi patria". Llegaron a Turquía después de un viaje "ilegal y peligroso" a través de Irán. Un viaje que comenzó en 2015, durante la primera etapa de la guerra entre el gobierno de Kabul de aquel entonces y los estudiantes coránicos. En la provincia de Zabul", recuerda, "estuvimos atrapados en el fuego cruzado durante dos semanas. Una noche cruzamos la frontera y los soldados iraníes comenzaron a disparar, algunos fuimos heridos. Nos capturaron y nos enviaron de vuelta al otro lado de la frontera”.

Shayan cruzó la frontera iraní dos veces, y una vez la frontera turca. Recién en su cuarto intento pudo dejar atrás su pasado. "En esta ruta, existe un alto riesgo de ser asesinado o atacado por bandidos o guardias fronterizos”, confirma. Aunque con dificultad, hoy intenta rehacer su vida y planificar el futuro "con la ayuda económica de Cáritas", gracias a la cual "empecé una nueva formación académica". Como no podía trabajar, pensé en dedicarme a estudiar. En Turquía, los refugiados sólo podemos hacer trabajos duros en condiciones ilegales". Sin embargo, no ha perdido la esperanza de vivir "en un país donde pueda ser libre para viajar, trabajar y llevar una vida digna". 

 

Cáritas para los refugiados

Cáritas Turquía es una de las pocas instituciones que ofrece esperanza a los refugiados. Solo considerando el mes pasado, la organización católica atendió las necesidades diarias de 14 nuevas familias, compuestas por viudas y niños. Ha alquilado viviendas y pronto abrirá un comedor para alimentar a cuando menos 30 familias, unas 120 personas. Dos euros al día son suficientes para asegurar dos comidas diarias para cada una de estas personas -dice una voluntaria-, así que ahora más que nunca es importante apoyar nuestro trabajo de cualquier manera posible. Además de las comidas, hay proyectos de escolarización y cursos de formación profesional: seis jóvenes refugiados han aprendido a confeccionar alfombras; 11 niños y una madre reciben clases de inglés y turco; otro grupo de 14 personas, todos jóvenes, quieren inscribirse en clases de inglés; luego hay un microproyecto para mujeres, donde aprenden a hornear y luego venden sus productos en el mercado. El objetivo es favorecer la integración en la sociedad turca, ya que la emigración a Europa sigue siendo una utopía y volver a Afganistán equivale a una sentencia de muerte. 

Mientras tanto, Turquía se enfrenta a una gravísima crisis económica y a una inflación de dos dígitos que no cesa de crecer. El país ha reforzado sus defensas fronterizas, especialmente con Irán. Según Ankara, hay al menos 182.000 refugiados afganos registrados en el país, además de otros 120.000 que no son tenidos en cuenta por los canales oficiales y viven en condiciones de semiclandestinidad. El presidente Recep Tayyip Erdogan, que registra una caída histórica de consenso, ha intervenido en la cuestión, subrayando que no quiere convertir el país en un "centro de almacenamiento" de migrantes que buscan llegar a Europa (lo que además supone una financiación de miles de millones). El año pasado, las fuerzas de seguridad de la provincia de Van impidieron el ingreso de más de 120.000 migrantes. En tanto, continúa la construcción del muro en la frontera. Hasta ahora se han completado 40 km de los 64 previstos y a lo largo del muro se levantarán 103 torres de comunicación (45) y vigilancia (58). Las patrullas han detenido a 15.000 personas (sin especificar su identidad o condición) y a 1.904 presuntos traficantes de seres humanos; además, se han incautado 880 vehículos y cinco embarcaciones.Números que son el marco del que se sirve la propaganda política, pero detrás de los cuales se esconde una de las tantas emergencias humanitarias del planeta. 

 

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