22/07/2020, 18.49
VATICANO
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Vaticano: contra el Covid-19 se necesita una ‘ética del riesgo’

La Pontificia academia por la vida pide solidaridad frente a la pandemia. “Este virus es el resultado, más que la causa , de la avidez financiera, del autocomplacencia hacia estilos de vida definidos por el consumo y por el exceso”.  “Resulta claro que la pandemia está empeorando las desigualdades propias de los procesos de globalización, rindiendo siempre más personas vulnerables y marginadas sin asistencia sanitaria, trabajo y amortizaciones sociales”. 

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Desarrollar una “ética del riesgo”, porque frente a la conciencia que “todos podemos sucumbir bajo los golpes de la enfermedad”, de la guerra, de desastres, “surgen responsabilidades éticas y políticas muy específicas frente a la vulnerabilidad de individuos y grupos de personas que están en mayor riesgo por su salud, vida y dignidad. Es una “conversión” a la responsabilidad y a la solidaridad también internacional aquella que, según la pontificia academia para la vida, mira a la pandemia de Covid-19 que está afectando a todo el mundo, sin mirar las fronteras u ordenamientos políticos.

Lleva por título “La Humana Communitas en la era de la pandemia. Reflexiones no actuales sobre el renacimiento de la vida: el documento parte de la revelación de la “fragilidad” de personas y grupos evidenciada por la pandemia. “El Covid-19 es la manifestación más reciente de la globalización”, con el virus nos encontramos compartiendo una experiencia común que “no ahorra a ninguno, la pandemia no hizo igualmente vulnerables, todos igualmente expuestos. Tal toma de conciencia fue cobrada a un precio muy alto”. “La lección de la fragilidad”, continúa el documento, toca a todos, pero sobre todo a los internados en los hospitales, los detenidos en las cárceles, los refugiados en los campos de prófugos.

“El fenómeno del Covid-19 no es sólo el resultado de acontecimientos naturales. Lo que ocurre en la naturaleza es ya el resultado de una compleja intermediación con el mundo humano de las opciones económicas y los modelos de desarrollo”. “Este virus es el resultado, más que la causa , de la avidez financiera, del autocomplacencia hacia estilos de vida definidos por el consumo y por el exceso”. Y además: la pandemia nos hizo entender que todo está conectado y que “la depredación de la tierra”, las elecciones económicas marcadas por la avidez y el exceso de los consumos, “la prevaricación y el desprecio de la creación” tuvieron consecuencias también sobre la difusión del virus.

Consecuencias terribles en los países pobres, que han pagado “el precio más alto” porque de por sí privados de recursos bacilares y a menudo flagelados por otras patologías letales, entre las cuales malaria y tuberculosis. Además: “las travesías del mundo ‘desarrollado’ aparecen más bien como un lujo: sólo en los países ricos las personas pueden permitirse respetar los requisitos de seguridad. En aquellos menos afortunados, por otro lado, el ‘distanciamiento físico’ es simplemente imposible a causa de las necesidades y de las circunstancias trágicas: ambientes saturados e impracticabilidad de un distanciamiento sustentable constituyen para enteras poblaciones un obstáculo insurmontable. El contraste entre las dos situaciones pone en luz una paradoja evidente, que, una vez más, narra la historia de la desproporción de bienestar entre países ricos y pobres”. “Resulta claro que la pandemia está empeorando las desigualdades propias de los procesos de globalización, rindiendo siempre más vulnerables y marginados sin asistencia sanitaria, trabajo y amortizaciones sociales”.

La “común vulnerabilidad” y las responsabilidades específicas en relación con las personas cuya salud, vida y dignidad corren mayores riesgos exigen una cooperación nacional e internacional, en la toma de conciencia que “no es posible mantener una pandemia sin

una adecuada infraestructura sanitaria, accesible a todos los niveles globales. Ni tanto menos, las travesías de un pueblo, al imprevisto contagiado, pueden ser afrontadas en aislamiento sin estipular acuerdos internacionales y con una multitud de actores diversos. El compartir las informaciones, la provisión de ayudas,  la asignación de los escasos recursos son temas que deberán ser todos afrontados en una sinergia de esfuerzos”, en una óptica que reconozca como “derecho humano universal”, “el acceso a una asistencia sanitaria de calidad y a los remedios esenciales”.

“en último análisis, la verdadera cuestión actual afrontada por la familia humana es el significado moral y no meramente estratégico de solidaridad. La solidaridad implica la responsabilidad hacia el otro que vive en la necesidad y está radicada en el reconocer que, en cuanto ser humano dotado de dignidad, cada persona es un fin en sí mismo, no un medio”.

En tal óptica, se auspicia una “investigación científica responsable”, o sea “integral”, liberada de conflictos de interés e impresa en reglas de igualdad, libertad y equidad. “El bien de la sociedad y el bien común en el sector sanitario vienen antes de cualquier otro interés por el lucro”. De aquí también el subrayar la importancia de la Organización mundial de la salud, de modo que sostenga sobre todo “las necesidades y las preocupaciones de los países menos desarrollados en el afrontar una catástrofe sin precedente”.

“En concreto si la búsqueda de una vacuna debe superar las fronteras, su distribución “no apenas disponible en el futuro, es un caso emblemático. El único objetivo aceptable, coherente con una ecua provisión de la vacuna y el acceso a todos, sin excepción alguna”.

“Es tiempo-concluye el documento- de imaginar y actuar un proyecto de coexistencia humana que permita un futuro mejor”para todos. (F.P)

 

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