Ahmad el-Tayyeb, el Gran Imán de Al-Azhar, la modernidad del islam y sus enemigos
de Fady Noun

La personalidad musulmana que se atrevió a abrazar al Papa Francisco en público, proviene de una familia sufí y ha estudiado filosofía de la religión en la Sorbona. Los pasos para la modernidad: el diálogo con los cristianos y la ciudadanía plena para todos. Pero los rigoristas hacen oposición.


El Cairo (AsiaNews) - Detrás de la mirada oblicua de Ahmad al Tayyeb, el Gran Imán de Al-Azhar, que lo hace parecer un animal cazado, se esconde "un gran tímido", asegura el ex ministro libanés de Cultura, Tarek Mitri. Él sabe de los días pasados en la ​​universidad en París: uno siguiendo sus estudios en filosofía de las relaciones internacionales, el otro de filosofía de la religión. Estamos lejos de las imágenes salvajes del "guardián del dogma" o "Gran Inquisidor" que se puede hacer al seguir su carrera pública.

Hijo del jeque de una "tarika", una calle sufi de Said (Alto Egipto), Ahmed el-Tayyeb, de 71 años, también tiene una sólida formación filosófica adquirida en la Sorbona, en los cursos de Paul Ricoeur. "Su pensamiento religioso está informado de ello de una parte del misticismo y de la otra por la filosofía", dice Tarek Mitri. "Él no es un 'Fakih', un jurista o un canonista".

En el discurso que ha pronunciado en la universidad de Al Azhar el pasado 27 de abril, el imán llama "existencialismo" y habló de "post-modernidad". ¿Sólo exhibicionismo? El ex ministro libanés va en contra de este juicio y dice: "Cuando se expresa en público, el imán está en una lógica de confrontación entre la fe religiosa y el nihilismo moderno. Pero en realidad, él es un hombre que está en diálogo con la modernidad. Por tanto, existe el hombre y la función. En público, la función se hace cargo, pero yo creo que él está impulsado por la preocupación de llevar un mensaje religioso verosímil, creíble a los ojos de los 'modernos'. Él es consciente de que hay una modernidad llena de angustia en el mundo musulmán".

A nivel público, el gran imán de Al-Azhar, nombrado por el presidente Hosni Mubarak en 2010, es ciertamente aprobado por muchos, pero también se ve acosado por la crítica. Los fundamentalistas lo detestan y el poder político conspira para eliminarlo. En el 2011, durante los días revolucionarios que derrocaron al presidente Mubarak, los revolucionarios le han acusado de ser un aliado del régimen. Él, sin ser revolucionario, era muy sensible a lo que exigían los jóvenes. Por esto, las personas en el poder han perdido la fe en él, sospechando de ser demasiado favorables a las nuevas ideas.

"Hecho sin precedentes - dice el Honorable Mitri – el iman decidió hacer de Al Azhar un lugar de diálogo. Creó el Beit el A'ila el Masria (la Casa de la familia egipcia), un lugar donde todos los líderes religiosos cristianos se sienten como en casa y en el que están tratando de resolver, de reducir las tensiones sectarias, para traer soluciones oportunas a problemas específicos, como se hace en una familia. Además ha reunido varias veces en los últimos dos años intelectuales islamistas más o menos moderados, como también musulmanes liberales y cristianos. A partir de esto nació el compromiso con el concepto de Estado de derecho. También proclamó - en consulta con un gran número de intelectuales de todas las posiciones - una carta de libertades que va muy lejos: la libertad artística, la libertad intelectual, e incluso la libertad de conciencia, incluso si no se utiliza esta palabra. Por último, trata de inculcar el concepto de ciudadanía en el mundo islámico, según fluye en una entrevista en marzo pasado".

El nombre del imán de Al Azhar fue aplaudido calurosamente en la misa celebrada por el Papa el 29 de abril. Citado en los agradecimientos finales por el patriarca de los coptos católicos, su nombre fue aclamado por la multitud junto con el de presidente al Sisi y el de Tawadros II. "Dulce consuelo en medio de tanta amargura" comenta Terek Mitri, al final de la visita del Papa. Y al igual que el Papa, a quien abrazó en público, el imán se enfrenta a una fuerte oposición interna y a veces también zarandeado por los rigoristas de su campo.

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