La esperanza teológica de Francisco en el diálogo con China desde Ulan Bator

P. Gianni Criveller, misionero y sinólogo del PIME, comenta las palabras dirigidas ayer por el Papa al pueblo chino desde Mongolia, con el Card. Tong y el próximo cardenal Chow. "Entre ser buenos cristianos y buenos ciudadanos no hay contradicción cuando hay libertad. Ahora corresponde a Beijing dar pasos concretos en temas como la forma permanente de diálogo instada por el Card. Parolin o la misión de paz del Card. Zuppi".

por Gianni Criveller *

Milán (AsiaNews) - Fue conmovedor, para quien ama a China y a su Iglesia, ver al Papa Francisco al final de la misa celebrada en Ulan Bator llamar al cardenal John Tong y al cardenal electo Stephen Chow, respectivamente obispo emérito y obispo ordinario de Hong Kong. A través de ellos, el Papa envió "un caluroso saludo al noble pueblo chino. A todo el pueblo le deseo lo mejor, y que siga adelante, siempre adelante".

Los católicos chinos presentes en Mongolia eran unos 200, procedentes de Hong Kong, Taiwán y Macao, y algunos también de China continental, a pesar de las dificultades que ello entraña y de la imposibilidad de que los obispos de China viajen para reunirse con el Papa Francisco.

El Papa añadió: "Pido a los católicos chinos que sean buenos cristianos y buenos ciudadanos. A todos". Las palabras del papa son un recordatorio transparente de la política gubernamental que exige a los católicos "amar a la patria y amar la religión". El Papa ha invertido, no sé si conscientemente o no, el orden: primero buenos cristianos y luego buenos ciudadanos. Por supuesto que las dos cosas van juntas: cuando se viven en libertad no se oponen en absoluto.

El Papa había saludado, como es costumbre, al Presidente chino Xi Jinping mientras sobrevolaba el espacio aéreo de China. Las palabras del Papa evocaron bendiciones para la prosperidad, la unidad y la paz. La respuesta vino del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores. China "está dispuesta a seguir trabajando con el Vaticano para entablar un diálogo constructivo, aumentar el entendimiento, reforzar la confianza mutua y mejorar las relaciones entre los dos países".

Son palabras importantes, pero sólo si van seguidas de pasos concretos. Card. Pietro Parolin ha pedido recientemente una forma permanente de diálogo con sede en Beijing; el obispo de Beijing, Li Shan, ha pedido relaciones diplomáticas; el Card. Matteo Maria Zuppi está sondeando un viaje a Beijing como parte de su acción por la paz en Ucrania, a instancias del propio Papa Francisco. Así pues, no faltan oportunidades para que el Gobierno haga realidad lo que ha declarado.

Es conmovedor ver a nuestro anciano y probado pontífice llegar hasta Mongolia con tanta generosidad, e incluso desde allí enviar señales de paz y diálogo a las autoridades chinas. Aunque las respuestas concretas hasta ahora no han sido alentadoras, el Papa cree en el diálogo, cree en él con una esperanza que yo describiría como teológica, es decir, que procede de su fe en Dios, que guía la historia y cambia los corazones humanos.

Es evidente que el obispo de Hong Kong, Stephen Chow, que pronto será cardenal, desempeña un papel cada vez más importante en las relaciones entre el Vaticano y China. También participará en el Sínodo. Para mí, personalmente, fue emocionante ver al cardenal John Tong, ya anciano pero todavía sano, con quien he trabajado a diario durante más de 20 años, al lado del Papa. Un hombre de paz, moderación y diálogo. El segundo emérito de Hong Kong, el querido Card. Joseph Zen, demasiado mayor y enfermo para viajar. En cualquier caso, no habría podido salir de Hong Kong debido a la retirada de su pasaporte, ya que aún tiene pendiente una investigación en su contra. En los últimos días, el cardenal Zen, de 91 años, había dado un emotivo mensaje en una entrevista a un semanario evangélico de Hong Kong en la que decía que su enfermedad le impide continuar con sus visitas a la cárcel. Sobre estas visitas había hablado con el Papa Francisco en el histórico y fraterno encuentro de Santa Marta del pasado 6 de enero.

Hoy es el último día de la visita del Papa a Mongolia, un país periférico con pocos católicos. Estoy interiormente convencido de que el Papa fue a Mongolia ante todo para conocer a la gente y a la pequeña Iglesia de ese país y no con otro fin, ni siquiera el de China. En el corazón del Papa y de la Iglesia no hay países importantes y otros que no lo son; las comunidades católicas no se miden por el número de fieles. En toda circunstancia, en todo lugar, el Papa y la Iglesia siembran la buena semilla del Evangelio de la paz.

 * Misionero y sinólogo del PIME, director del Centro Misionero del PIME en Milán

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