Monseñor Chow: 'Que los presos de Hong Kong puedan ver la luz'

En su mensaje de Pascua, el obispo recordó a las 6.000 personas detenidas en espera de juicio por "violencia" en 2019 y pidió clemencia: "Esperar indefinidamente no les ayudará ni a ellos ni a nuestra sociedad". Un pensamiento para los que han abandonado Hong Kong: "Dios no nos abandonará a los que le invocamos sinceramente, buscando una patria más justa y más libre para todos los que viven en ella".

por mons. Stephen Chow Sau-yan*

Hong Kong (AsiaNews) - Un gesto de clemencia para los encarcelados que esperan juicio por las detenciones relacionadas con las manifestaciones de 2019 en Hong Kong. Lo pidió el obispo Stephen Chow Sau-yan en su mensaje a la diócesis con motivo de la Pascua, que se publicó en las últimas horas. Palabras que se centran en la invitación a la esperanza incluso en medio del "continuo sufrimiento" de Hong Kong. En el texto, el prelado recuerda a quienes experimentaron el peso de la grave crisis económica, pero también el vacío que dejaron quienes optaron por marcharse en los últimos años a causa del restringido espacio para la libertad. Y asegura a los fieles que "Dios no abandonará a quienes le invocamos con sinceridad, buscando una patria más justa y más libre para todos los que la habitan". Publicamos a continuación el texto íntegro del mensaje de Pascua del obispo Chow.

Y les dijo: "Insensatos y lentos de corazón para creer en la palabra de los profetas. ¿No tuvo Cristo que soportar estos sufrimientos para entrar en su gloria?" (Lucas 24, 25-26).

La "lentitud de corazón para creer" en la alegría de la Pascua nos hace lentos para la esperanza. Cristo Jesús ha vencido las garras aparentemente inevitables de la muerte. Su resurrección nos asegura la confianza de que la muerte no tiene ni puede tener la última palabra. De hecho, la Pascua significa que "nada nos separará del amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 8: 31-39). Por tanto, nuestra esperanza tiene su fundamento en el asombroso amor de Dios que se manifiesta en el Señor resucitado para todos los ámbitos de la vida en este mundo.

Es aconsejable no permitir que la adversidad o los malos pensamientos corrompan nuestros corazones o aplasten nuestros espíritus, no sea que nos convirtamos en mensajeros de la muerte. Se nos pide "una cultura positiva y vivificante" que nos permita afrontar las dificultades de la vida de forma constructiva y sostenible. Además, necesitamos una cultura positiva para convertirnos en incubadores de esperanza y transformación.

Es un hecho que muchas personas en Hong Kong siguen luchando por la esperanza en medio de un sufrimiento continuo. La economía acaba de empezar a recuperarse, por lo que muchas personas que luchan en los estratos socioeconómicos más bajos siguen necesitando asistencia y apoyo psicológico de sus comunidades sociales y del "prójimo". Estas personas no deben ser percibidas como una carga para la sociedad, sino como intermediarias de las bendiciones celestiales para quienes acuden en su ayuda.

Así que, para aquellos que no necesitan sus cupones de consumo, hay otros a quienes la generosa condivisión de esos pocos miles de dólares les levantará el ánimo. Imagina cuánto consuelo, confianza y esperanza puede generar ese compartir en quienes necesitan esos dólares extra. Dios se despojó de sí mismo por nosotros, para que pudiéramos ser eternamente consolados en su nombre y en su amor.

Según informes publicados el pasado diciembre, en 2019 se produjeron unos 6.000 arrestos a causa de la violencia. Todavía están esperando a ver si la policía los imputa o no. ¿Cuándo verán la luz? Con cargos o sin ellos, se necesitan señales que les muestren cómo seguir adelante. Esperar indefinidamente no les ayudará ni a ellos ni a nuestra sociedad a avanzar hacia la sanación. Algunos querrán buscar justicia por medios punitivos. Pero es a través de la compasión y la indulgencia con los delitos más leves que se puede dar esperanza y energía positiva a nuestra comunidad herida. Hemos visto cómo el odio y la violencia han traído el hedor de la muerte a nuestro querido Hong Kong. Ahora, debemos confiar en la compasión y la magnanimidad para fortalecer la fragancia de la vida en nuestro Hong Kong convaleciente.

El cuidado de los ancianos, especialmente de los "abandonados" o que viven solos, debe ser una prioridad. Conectar con quienes los cuidan les permitirá experimentar un sentido más profundo de generatividad hacia los demás, ser apreciados por ellos y estar conectados con los jóvenes, que son la continuación de su futuro. Todo ello contribuirá a un mayor sentido de unidad, esperanza y sentido de la vida. No debería sorprendernos que jóvenes y ancianos se lleven mejor que otros grupos de edad.

Nos despedimos de muchos amigos y familiares que se marcharon o decidieron dejar Hong Kong por sus aspiraciones. Aunque les deseamos lo mejor, su marcha ha creado vacíos evidentes en varias capas de nuestro tejido social que no son fáciles de llenar. Y no sabemos cuándo se llenarán esos vacíos. Pero podemos confiar en que nuestro Dios, que ha concedido sus bendiciones a Hong Kong a lo largo de nuestra historia, no abandonará a quienes lo invocamos sinceramente, buscando una patria más justa y más libre para todos los que la habitan.

Por último, vivimos en un mundo ansioso y desordenado, dominado por una mentalidad política afianzada mediante juegos de poder, intimidación, acusaciones, amenazas y sanciones... Deseamos un mundo nuevo con condiciones de equidad, empatía y respeto, una cultura de diálogo, bondad amorosa, unidad en la pluralidad, mejor distribución de los recursos, conciencia medioambiental... Por supuesto, no somos tan ingenuos como para esperar súbitos cambios positivos, pero el desarrollo gradual con esfuerzos sinceros y significativos será positivo.

Las generaciones futuras deben recibir de nosotros la esperanza. Debemos hacer posible la esperanza de un futuro mejor los unos para los otros. Felices Pascuas a todos ustedes, no sólo en Hong Kong.

 

* obispo de Hong Kong

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